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lunes 05 de septiembre de 2016

"El estrés infantil es una enfermedad que muchos subestiman"

Un especialista del Garrahan y una médica en salud mental explican este fenómeno, que suele comenzar en la lactancia y puede extenderse hasta la adolescencia si no es tratado.

Cefaleas, dolores de panza, prurito y otros malestares generales a repetición pueden ser algunas de las alertas para detectar cuándo un niño sufre de estrés, una enfermedad que aumenta en la población infantil y que, sin embargo, tiene menos diagnóstico del que debería, aseguraron especialistas.

"El estrés infantil es una enfermedad bastante más frecuente de lo que la población, e incluso la comunidad médica, considera. Existe un subdiagnóstico, es decir se diagnostica menos de lo que se da, y cuando uno enuncia esta situación, se lo subestima o se lo toma como una descripción de la abuela", dice el pediatra Eduardo Silvestre.

El médico del hospital Garrahan explicó que "cuando el cerebro evalúa que una situación es peligrosa, activa un mecanismo adaptativo para defenderse y esto produce un cambio significativo en todo el organismo que denominamos estrés, es decir, es una alteración orgánica".

"Si bien la enfermedad es la misma que en los adultos, en los niños y adolescentes el estrés presenta distintas características y síntomas inespecíficos que varían según la edad", indicó el pediatra. Y describió: "En el período de lactancia, los más comunes son la irritabilidad, el llanto inconsolable, los trastornos en la alimentación y en el sueño, la falta de aumento de peso y el espasmo sollozo. En la primera infancia los casos de estrés pueden verse reflejados en problemas de conducta, trastornos gastrointestinales, de alimentación y del sueño".

Alertas en la adolescencia
"Los síntomas más comunes son los trastornos psicoafectivos como la ansiedad o la depresión, trastornos en la conducta alimentaria, cansancio y dolor de cabeza crónico, desmayos periódicos, colon irritable e intolerancia al ejercicio físico".

En este sentido, la médica psiquiatra y psicoanalista infanto juvenil Liliana Moneta describió que "los síntomas de estrés no siempre son los mismos, y lo que más sucede es que se exacerba el período madurativo que está transitando, por ejemplo si estaba tratando de dejar los pañales, va a tardar mucho más".

Moneta identifica algunas manifestaciones comunes de los niños: "A partir de que hablan, los chicos igual no te van a decir 'me siento angustiado', pero sí se presentan dos características en forma repetitiva: dolor de panza y de cabeza", describió.

Según los especialistas, las causas del estrés infantil no se vinculan con cansancio por exceso de obligaciones o tareas sino más bien a situaciones traumáticas. "Los niños absorben de su micro social, tanto de sus hogares, como de sus escuelas o de sus barrios. En ese contexto, el hostigamiento entre pares, o bullying como se lo conoce actualmente, está siendo un factor de mucha incidencia en el estrés infantil", describió Moneta.

Los traumas
Silvestre señaló que "una experiencia traumática para un niño puede ser una amplia variedad se situaciones: por su puesto que los abusos y maltrato, pero también puede ser el fallecimiento de un padre o madre, un divorcio y hasta un cambio de escuela".

"Esto –continuó– no implica que todo niño que atraviese una de estas situaciones va a quedar con estrés disfuncional, eso va a depender de muchos factores, como la predisposición biológica, el sostenimiento vincular, crianza, es decir un conjunto de factores biopsicosociales".

El diagnóstico de estrés debe ser explicado cautelosamente a la familia del niño.
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