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domingo 08 de octubre de 2017

"Mendoza es un gran semillero artístico"

Juan Pablo Moltisanti comenzó a leer pentagramas antes de aprender a escribir. Estudió en Mendoza y en Italia. Aborda el tango, el swing y el jazz. De sus pasiones habla en esta nota

Cuando le preguntamos de dónde es que le viene el berretín de la música, él lo resume en pocas palabras: "Comenzó en la infancia", dice, y la sonrisa le cruza la cara. Su mamá, Adela Moreira Lima, profesora de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), le enseñó a leer el pentagrama desde chiquito; ella, cuenta, fue su "gran influencia". Su papá, en cambio, le heredó el amor por el tango: "Todas las semanas me traía un disco que compraba en alguna casa de música. Me decía: 'Escuchá esto' y yo iba sacando los temas", recuerda Juan Pablo Moltisanti, músico, pianista y alma mater de Sparkling Big Band, el trío Martínez-Moltisanti-Flores y Contramarca.

Juan Pablo comenzó a gastar suela con Tango y Punto, una orquesta que integraba junto a sus amigos. La experiencia, detalla, le permitió conocer y compartir escenario con grandes personalidades de tango.

Y el bichito le picó cada vez más: el paso siguiente fue Contramarca, quinteto que integran Walter Anselmi, David Elía, Javier Tomaselli, Rubén Martínez y Diego Valentín Flores y cuya búsqueda artística confluye en los discos La luz de un fósforo, Tango y Tangos pa' bailar, distribuidos en toda Latinoamérica y disponibles en Spotify y en otras plataformas digitales.

En medio se aventuró a formar un ensamble de 28 músicos que abordara el jazz y el swing: la Sparkling –anoche se presentó en el teatro Plaza con The jazz & swing show–. Por entonces era 2003 y hacía un par de años que había regresado de Italia, en donde se formó en marketing. En este proyecto, asegura, pudo conjugar estos saberes con el oficio artístico.

–¿Cuál es fue el puntapié de tu formación profesional?
–Empecé a ir a la Escuela de Música en calidad de oyente porque todavía no había terminado la primaria; después entré a la Escuela de Niños Cantores y en el primer año de la secundaria empecé mi formación musical. Al salir de ahí fui a la Escuela de Música, cursé varios años aunque no terminé la carrera. Estudié Teoría Musical, Piano y Dirección Coral. Todo eso quedó a medio camino cuando me fui a vivir a Italia, donde estuve un año. En Italia seguí estudiando, un poco por mi cuenta y otro tanto con profesores. Cuando volví, durante la crisis del 2001, estudié otra carrera, Turismo y Marketing, y ahí se bifurcó mi vida profesional.

–Y desde entonces, ¿cómo conviven estas dos facetas?
–Pude combinar las dos profesiones. Generalmente el músico no sabe venderse ni mostrarse y es aquí en donde el marketing funciona. Combinar estos saberes con la carrera de músico dio un muy buen resultado. Para mí fue interesante y divertido; aprendí a presentar los proyectos de otra manera. Gracias a la música tuve la posibilidad de viajar mucho, con diferentes formaciones, a Estados Unidos, Europa, Latinoamérica; esto me permitió saber qué es lo que me gusta. Más allá de que se pueda ganar dinero o no, esto me atrapa, es un estilo de vida. Así que lo disfruto mucho.
Uno de los proyectos que le permitió viajar fue Martínez-Moltisanti-Flores, el trío que comparte con Rubén Martínez y Diego Valentín Flores. En agosto, el trío emprendió una gira por Europa con Refusilo, un compilado de tangos clásicos versionados y composiciones propias.

–¿Cómo surgieron estas composiciones con el trío?
–El año pasado hicimos un ciclo en el cual mensualmente estudiábamos a un autor. Tomábamos a Discépolo, por ejemplo, y elegíamos sus temas más importantes tratando de profundizar por qué había escrito ese tema, qué había pasado en su vida personal. A fin del año llegamos a tener un repertorio muy grande, esto nos hizo entender el tango de una manera mucho más profunda, conocer, más allá de las letras, el contexto de cada autor; y a la vez la historia y la evolución del tango. Pudimos grabar una selección de tangos, incluimos algunos nuevos y cuando terminamos de armar el disco, nos fuimos de viaje. Lanzamos el disco en Europa.

–¿Qué recepción tuvo?
–Fui con ciertos prejuicios porque íbamos con una formación diferente de lo que uno cree que es lo que vende. Para nuestra sorpresa, allá la gente tanguera conoce los tangos, los canta, incluso sin saber qué está diciendo, y los bailan. Nuestros tangos propios tenían un corte bien marcado para el baile así que fuimos muy bien recibidos, vendimos discos, y nos volvimos diciendo: "ahora hay que hacerlo acá en casa".

–¿Qué experiencia sumaste con la Sparkling Big Band?
–Fue una revolución. En relación a poder producir, mantener y sostener una banda grande desde todo punto de vista; escribir los arreglos, armar los ensayos, convocar a músicos, generar proyectos. Tras siete de años en el escenario, la banda se ha consolidado como una de las más importantes del país, logrando en cada uno de sus shows afirmarse en sus pasos en la provincia y el resto del país.
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