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domingo 17 de abril de 2016

La clandestinidad del bodeguero que fue condenado por abusar de su hija

Peter Costa Weinert (58) recibió la pena de 9 años por los ataques sexuales contra su hija adoptiva. Desde 2014 está prófugo en Brasil, país donde nació, con pedido de captura

Peter no contesta. Recibe los mensajes, los lee, pero no los responde. Quizás tema que establecer el contacto ponga en riesgo su libertad. Desde agosto de 2014, cuando la Suprema Corte de Justicia de Mendoza confirmó su condena a 9 años de prisión, Peter Costa Weinert figura en el Orden del Día y debe ser detenido inmediatamente, si algún funcionario policial lo encuentra. Pero eso no ocurrirá en la Argentina. Costa Weinert está en Brasil, su país natal y, si bien sigue manteniendo contacto fluido con sus familiares, amigos y conocidos, el sitio exacto donde vive es una incógnita para la Justicia argentina.

"Él está refugiado y, por suerte, las leyes de su país lo protegen", dice su esposa, Graciela Reta.
"Él estaría dispuesto a cumplir una condena si la condena fuera justa. Pero no ha sido así", sostiene la mujer, y pide disculpas por no abundar sobre el tema. "Agradezco el llamado, pero no debería hablar antes que nuestro abogado (Oscar Dimas Agüero) y sólo lo haría si esta charla nos puede ayudar", dice.

La condena firme a 9 años de prisión dice que Peter Costa Weinert es culpable del delito de abuso sexual agravado en perjuicio de una hija adoptiva. Sólo él sabe si es hombre inocente perseguido injustamente o si es un simple prófugo. En cualquiera de los casos, el expediente que lo tiene como protagonista es oscuro, dramático y complejo.

Quién es
Peter Costa Weinert ronda ahora los 58 años. Él y su familia de origen son conocidos en Mendoza, especialmente en Rivadavia. Son gente de viñas y bodegas.

Nació en Brasil. Supo vivir en Australia, Hawai y Alemania antes de llegar a Mendoza. De joven tuvo un hijo que ahora es ya un hombre hecho y derecho.

A poco de radicarse en Rivadavia, donde su padre ya tenía bodega desde hacía años, conoció a Graciela Reta y se casó.

Peter tuvo (tiene aún) su propio vino: Santa Faustina. Su conocimiento del mundo hizo que el empresario apuntara su producción a la exportación, especialmente a Europa.

Quienes conocen a Peter lo definen como "un hombre tranquilo, muy amable, agradable al trato, siempre sonriente".

Sus proveedores lo recuerdan como un empresario "que peleaba los precios, al que no era simple cobrarle".

Pero no fue la actividad empresarial la que complicó la vida del brasileño. Fue su vida personal la que lo involucró en una causa penal en la que terminó juzgado y posteriormente condenado.

El matrimonio
La pareja de Peter y Graciela no concibió hijos y decidieron adoptar. Una causa iniciada en un Juzgado de Familia da cuenta de esta parte de la historia y que luego sería complemento del expediente penal.
El expediente de la Justicia de Familia N° 31.538/06 cuenta que, hacia fines de 2006 se les otorgó a Graciela Venera Reta y Peter Costa Weinert la guarda preadoptiva de dos hermanitos. Una nena de 10 años y un varoncito de 4.

No hay constancia judicial, pero según relatos de allegados al matrimonio, estos dos niños tenían otros 8 hermanos y era hijos de una mujer a quien se le había quitado la patria potestad por abandono.
Los amigos de Graciela y Peter recuerdan que el matrimonio estaba feliz y llevaban a los niños a todos lados. Que los chicos eran tímidos, de tez oscura y ojos claros, "muy bonitos", dicen.

La vida de esta nueva familia duró pocos meses, durante los cuales ocurrieron varias situaciones que generaron la causa penal, pero que son relatadas en forma muy distinta por la pareja y por la hermanita mayor que, en esencia, es quien se sustentó la acusación que derivó en la condena de Peter Costa Weinert.

El juicio, el fallo y su salida del país
"Sólo me pasó algo malo en lo de Graciela con el Peter, pero la Graciela es buena. Ella le decía que no me hiciera cariños a mí, sino a mi hermano... Él me había armado una cama en la lavandería, porque había dicho que no tenía que dormir con G. (el hermano menor). Él miraba tele y ponía mujeres desnudas en la computadora, y cuando yo entraba la apagaba. Yo estaba durmiendo y el Peter venía, me despertaba y me empezaba a tocar. Yo no le podía avisar a mi mamá (Graciela Reta) porque estaba trabajando. Ella tiene reuniones de noche". Uno de los primeros relatos de la niña.

Con peritos de parte, la defensa de Peter Costa argumentó que la niña sufría un trastorno psicológico anterior que refiere a que una persona que mantiene la creencia ilusoria de que otra persona, generalmente de un estatus social superior, está enamorada de ella. Además, indicaron que ese trastorno era producto de abusos que la niña había sufrido en su primera infancia, con su familia biológica. Las pericias oficiales, en cambio, entendieron creíble el relato de la menor y también detectaron signos en la psiquis que confirmaban el abuso sexual por parte de Peter.

El juicio oral duró tres semanas. Peter Costa Weinert lo afrontó en libertad, ya que la Justicia entendió que el imputado había dado muestras de estar dispuesto a afrontar el proceso. Los jueces decidieron aplicar la pena de 9 años de cárcel, pero aceptaron que quedara en libertad hasta tanto esté firma la condena.

Recién el 5 de agosto de 2014 la Suprema Corte dejó firme esa sentencia. Para esa fecha, hacía ya tiempo que Peter Costa Weinert había abandonado el país.

Hoy, diez años después de lo que haya o no ocurrido en la casa del carril Primavera de Junín, donde vivía Peter y Graciela, la niña ya es una adolescente de 16 años y está con su hermano de 14.
Hoy Graciela Reta sigue insistiendo en que han sido víctimas de una persecución judicial injusta.
Y Peter, en la clandestinidad, no responde los mensajes.

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