policiales - Junín Junín
jueves 23 de junio de 2016

Hartos: los asaltos a mano armada se transformaron en algo "común" en un pueblo del Este mendocino

El martes amenazaron con degollar a un joven durante un asalto. El hecho ocurrió en Junín, duró más de dos horas y una numerosa familia fue víctima de los delincuentes.

"Llegaron a las 21.30 y se fueron cerca de la medianoche. Se movían tranquilos, sin apuro. Me pedían $20.000. Decían que los necesitaban. Yo les decía que nunca tenemos tanta plata acá". Gladys Esther Fernández (62) está conmocionada pero, aún así, atiende su surtido almacén pocas horas después de haber sufrido un eterno asalto.

El lugar tiene un aire a los viejos almacenes de ramos generales. Encaja perfectamente en este pueblo de Rodríguez Peña, en Junín. Debería ser un lugar tranquilo pero, cada cliente que entra relata alguna experiencia similar a la que vivió Gladys en la noche del martes. Aquí los asaltos a mano armada se han transformado en algo tan común, que los vecinos hablan de ellos naturalmente, como si recordaran el último Zonda.

Al negocio de Gladys lo identifican todos como "el almacén de los Brizuela". Enfrente está el negocio y la casa del matrimonio de Gladys y Juan Bautista Brizuela (64). Entrando por el portón que está junto a él, se llega a las casas que se construyeron para los hijos de la pareja y que ya son adultos y han formado sus propias familias.

"Se metieron por el portón y fueron hasta la casa de mi hijo Carlos (43). Agarraron a mi nieto Nicolás (19) y lo trajeron hasta mi puerta. Empezaron a golpearla y me decían que, si no les abría, lo iban a degollar", recuerda la mujer.

Los ladrones (algunos dicen haber visto a tres y otros a cuatro) fueron atando a cada una de sus víctimas, que fueron aumentando a medida que iban llegando a sus casas los integrantes de la gran familia. Incluso una nuera de Gladys fue atada junto con su bebé.

"Había dos que eran más agresivos, pero el que mandaba estaba tranquilo y hacía que nos trataran bien. Yo le pedí que llamara una ambulancia, porque mi marido tiene problemas de salud, y me contestó: 'Nos vamos y en 10 minutos la llamo'", cuenta la almacenera, con un tono que suena a agradecimiento.

A pesar de que el asalto se produjo en pleno corazón del pueblo y que duró más de dos horas, pasó desapercibido para el resto de los vecinos. No es casual. Estaba jugando la Selección argentina y todos estaban en sus casas.

El botín fue variado y cuantioso: la Renault Kangoo gris de la familia ("no recuerdo la patente", dice la mujer), dos televisores, todos los cigarrillos, fiambre, $5.000 en efectivo...Gladys ya no quiere recordar más.

Hoy, en la zona de Rodríguez Peña, Barriales y Medrano, los vecinos dicen que los robos abundan. Hasta hace un tiempo, eran casos muy poco frecuentes y la historia policial más trágica era la de Mayra Tarifa, la joven de 15 años que fue violada y asesinada el 25 de marzo de 2009, cuando iba desde su casa a la escuela, homicidio por el que Luis Alberto Martínez, un muchacho de la zona que dijo antes de recibir cadena perpetua: "Jehová ya me ha absuelto. Espero que los jueces también lo hagan".
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