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miércoles 07 de septiembre de 2016

El "Pirincho" y su banda, juzgados por el crimen de un policía en el Este

La Cámara del Crimen tiene en el banquillo a 4 acusados por el asesinato en el hospital Perrupato en 2015. Ayer, todos fueron condenados por otros casos.

Cristian Oscar Pirincho Tapia (36) no deja de sonreír. Sonríe, especialmente cuando lo enfocan las cámaras. Ni la pena de 13 años de prisión que le impusieron ayer por una acumulación de hechos anteriores le borró esa mueca. Al contrario. Sonríe, dentro de la sala de audiencias principal del Palacio de Tribunales de San Martín. En cambio, afuera, Pedro Funes (56) llora. Llora desde hace un año y medio, desde el 14 de febrero de 2015, cuando su hijo Jonathan Funes (25), auxiliar de policía, fue asesinado de un disparo a quemarropa en el pecho.

El hijo de Pedro estaba custodiando a Pirincho, el que hoy sonríe, y que estaba internado en el hospital Perrupato. Pero esa siesta, aparecieron Javier Carnevalini (42); José Bustos Silva (49) y Jordán Tapia, y habrían matado al auxiliar Funes para luego llevarse al Pirincho.

Jonathan Funes tenía 23 años cuando murió y un bebé de pocos meses. "Hoy, cuando mi nieto reconoce el uniforme de un policía, lo señala y dice: ¡Papá!", cuenta Pedro Funes, y el llanto se reaviva.

Este lunes y ayer, el inicio del juicio por el homicidio criminis causa del auxiliar Funes tuvo un preámbulo obligado. Se resolvieron en juicio abreviado 8 causas en total, que tenían acumuladas Cristian Oscar Tapia y Javier Carnevalini. Ambos decidieron reconocerse culpables de ellas. A Tapia le aplicaron 13 años de cárcel y a Carnevalini, 9. Pero hoy comenzará la peor, la más salvaje, la más macabra y sangrienta.

Hechos
Cerca de las 14.30 del 14 de febrero del año 2015 un grupo armado ingresó al hospital Italo Perrupato, llegó hasta la sala de cuidados intermedios, ingresó a una habitación, balearon al auxiliar Funes que estaba de custodia y se llevaron a Pirincho Tapia, que estaba allí internado y en calidad de detenido. El efectivo policial herido murió tres horas y media después.

La sangrienta secuencia comenzó a gestarse el domingo 8 cerca de la medianoche. Tapia, un hombre domiciliado en el barrio Tres Estrellas, ingresó herido al hospital Paroissien. Tenía un balazo que había en el abdomen con orificio de salida en uno de los muslos.

No había posibilidad de atenderlo allí y tampoco en el Hospital Central, por lo que se decidió trasladarlo al Perrupato. El paciente ingresó directamente al quirófano en la madrugada del lunes 9 y se le practicó una cirugía reparadora, se le colocó una sonda de drenaje y luego se lo ubicó en una de las camas de la sala de cuidados intermedios.

Como ordena el protocolo, debido a la naturaleza de la herida los médicos dieron cuenta de la novedad a la policía y esta a la Justicia. Allí surgió instantáneamente que sobre Tapia pesaba un pedido de captura emitido por una de las unidades fiscales de Godoy Cruz y que tenía relación con un robo agravado por el uso de armas, ocurrido horas antes.

La causa es la 17.746/15, por robo agravado, instruida por la Unidad Fiscal 7. El caso es que inmediatamente desde ese momento desde la Fiscalía de Godoy Cruz se ordenó custodia para Tapia.

Como es habitual las comisarías de la zona deben turnarse para destinar a uno de los efectivos de guardia para que cubra ese servicio.

Pirincho evolucionó bien. El 14 de febrero, a primera hora del la mañana, el auxiliar Jonathan Funes (24) tomó la custodia de Tapia. El policía había ingresado a la fuerza en octubre pasado y cumplía servicio en la Comisaría 39, de Tres Porteñas. Funes debía estar apostado allí hasta las 15, cuando llegaría su relevo.

Rescate y fusilamiento
A las 14.30 , dentro de la habitación 34, estaban Tapia, Funes y otros dos pacientes que ocupaban las camas contiguas. Era horario de visitas y la gente entraba y salía.

Un rato antes, desde Godoy Cruz y posiblemente por la Ruta Provincial 60, había viajado hasta San Martín un Honda Civic gris, que tenía un choque antiguo en su parte trasera.

Posiblemente el auto salió de la ruta 60 en la calle Corvalán y viajó hacia el norte, luego ingresó al barrio Jardín y llegó al ingreso vehicular del Perrupato. Por desconocimiento, el conductor del Honda ingresó en contramano. Al llegar a la entrada al edificio el auto se detuvo. El conductor quedó detrás del volante y con el motor en marcha, y bajaron los tres acompañantes. Ya llevaban las armas en la mano y no se preocuparon demasiado por ocultarlas.

Dentro del edificio no dudaron de qué camino tenían que seguir para llegar a la habitación 34. Fueron directo. Abrieron la puerta y el primero que entró, disparó a quemarropa contra el auxiliar Jonathan Funes.

La bala impactó en el pecho del policía, a la altura de la tetilla derecha. Perforó un pulmón, el bazo y tocó las cervicales. Mientras, Funes se desvanecía, los tres delincuentes ayudaron a levantarse a Tapia que, caminando, los acompañó hacia afuera. Subieron al Honda y huyeron.

Pocas horas después, antes que se realizara el sepelio del policía, la banda y el prófugo fueron detenidos en un camping de Blanco Encalada, en Luján.
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