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miércoles 13 de septiembre de 2017

El crimen de Coco Honorato se juzga en San Martín

Desde el lunes y por unos días más, el tribunal analizará los testimonios y las pruebas para conocer si el autoinculpado contó con la complicidad de algunos de sus familiares.

Los pies. Para saber quiénes son los imputados hay que mirar los pies. En la sala hay mocasines y zapatos charolados. Hay zapatillas de las más variadas y hasta un par de alpargatas. Hay muchos, muchos, borceguíes. Y hay siete pares de zapatillas sin cordones. Los imputados nunca tienen cordones.

En este país los imputados casi siempre se parecen. Morochos, pelo duro, mal comidos.

En este país las víctimas casi siempre se parecen a los imputados. Casi siempre.

Américo Honorato (58) no era muy distinto a estos siete hombres sin cordones que hoy se refugian detrás de cuatro abogados defensores y que agachan la cabeza, como siempre. Podrían haber sido conocidos, vecinos, haberse cruzado en una charla de fútbol, en un partido de truco... pero no. Américo fue víctima y ellos, los imputados. Américo agonizó durante varios días, tendido en un descampado. Y ellos fueron a la cárcel y ahora esperan saber si seguirán allí, mientras los rodean ocho policías, otros se distribuyen en la sala y cinco más están en afuera, en el pasillo.

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Familiares piden justicia por Coco. 
Familiares piden justicia por Coco.

Un par de los cordones que faltan son de Juan Quinteros. Él dijo que el domingo 21 de agosto de 2016 discutió con Américo Honorato y lo mató a golpes cerca de la feria de la calle Lavalle, al norte de San Martín.

Los otros seis desacordonados son familiares suyos. Sus tres hermanos, Jorge, Carlos y Antonio; sus dos primos, Jorge Palacios y Miguel Ángel Agüero, y su cuñado, Franco Cisterna. La fiscalía dice de ellos que ayudaron a Juan a cometer el crimen, pero, especialmente, a ocultar al malherido Américo en un terreno inculto, donde agonizó y murió mientras la policía lo buscaba durante cuatro días.

El juicio empezó el lunes, siguió el martes y continuará por unos cuantos días más. Preside el tribunal la jueza Viviana Morici y la acompañan Eduardo Orozco y Victoria Franano.

Las sillas para el público están divididas a la mitad: aquí la familia de Américo; allá, la de los Quinteros. Las dos mitades tienen en común el sufrimiento, que ahora tiene distintos motivos, aunque antes haya sido un padecimiento común.

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El expediente tiene una víctima y un homicida identificados desde casi el comienzo. La clave ahora es determinar si Juan Quinteros mató para robar, como dice la fiscalía, o si realmente fue en una discusión, como dice él; también, si obró solo, como dice él, o si lo hizo en compañía de los otros seis, como cree el Ministerio Público, que supone que Juan quiere cargar con toda la culpa para liberar de ella a sus familiares.

Agonizó dos días en un pastizal del distrito Chivilcoy
Américo Honorato fue abordado en la feria de la calle Lavalle en la tarde del domingo 21 de agosto de 2016, supuestamente cuando estaba junto a su camioneta. Quizás herido, fue cargado en el vehículo. Posiblemente, hayan pasado primero por el barrio Los Chorizos y luego lo abandonaron, ya muy malherido, entre pastizales y cerca del callejón Lucero, en el distrito de Chivilcoy.

El mismo domingo la Volkswagen Saveiro fue incendiada en el barrio Los Chorizos, muy cerca de la casa de los ahora imputados. Fue el primer dato que hizo a la policía sospechar de que los criminales estaban cerca, aún todavía desconociendo cuál había sido la suerte de Honorato.

Américo Honorato, según los peritajes forenses, recién falleció el martes, 48 horas después de haber sido atacado. Quinteros dice que lo dejó en el descampado el mismo domingo, pero la familia de la víctima cree que el cuerpo fue corrido varias veces de lugar para evitar que lo encuentren.

Cuatro días después del ataque y luego de que se buscara a Américo por toda la zona, Juan Quinteros contactó a los abogados Juan Alberto Rossello y Jorge Cantalejo, se entregó en la Fiscalía de San Martín y guió a la policía hasta el lugar donde estaba el cuerpo. Se cree que lo hizo presionado, ya que horas antes ya habían sido apresados sus hermanos.

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