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martes 07 de junio de 2016

Derrumbe en Guaymallén: hasta los más avezados en hechos policiales no pudieron contener su desazón

Hallaron muertos a madre e hijo tras el derrumbe de un tinglado. Se vivieron momentos de tensión.

En el derrumbe en Guaymallén hasta los más avezados en hechos policiales no pudieron contener su desazón.

Es que fueron hallados los cadáveres de Luciano Quevedo, de 3 años, y de su madre Karen (22), quienes quedaron sepultados al ceder un tinglado de casi una tonelada sobre su departamento. El chiquito fue encontrado a las 20.30, según confirmó a UNO el fiscal de Guaymallén Tomás Guevara, tras una frenética y desesperada búsqueda centrada en la calle Bandera de los Andes al 1100 de San José, Guaymallén. Después se redoblaron los esfuerzos para hallar a la madre, lo que se consiguió a las 22.41.

Cuatro integrantes de la familia Quevedo que vivían en el mismo departamento se salvaron de milagro porque estaban afuera al momento de ocurrir el trágico suceso.

Por su parte, tres vecinas que residían en un departamento colindante también habían salido y así evitaron que les pasara lo peor.

No fue igual el destino que se abatió sobre Karen Quevedo, estudiante de la UNCuyo, quien a las 14.30 se aprestaba a llevar a Luciano al jardín de infantes a la vuelta de la casa, ubicada al lado del Club Unión Deportiva San José. Según pudo saber Diario UNO, la chica alcanzó a poner la llave de la puerta principal y poco después sobrevino el desastre. Un tinglado de lo que fuera un frigorífico colapsó –sería atribuible a la persistente lluvia que se abatió sobre Mendoza– y esta estructura a 12 metros de alto cayó pesadamente sobre el departamento de Karen sin que madre e hijo pudieran escapar. En pocos minutos todo fue un griterío pidiendo ayuda al 911.

Los primeros policías que llegaron al lugar no podían dar crédito a lo que estaban viendo: casi una tonelada de escombros cubría el departamento y además quedaron afectadas parte del club y una cochera, en la que quedaron aplastados varios autos.

Sin perder un segundo llegaron bomberos voluntarios y de Capital, y personal de Defensa Civil provincial y de Guaymallén con todos sus equipos especializados, a quienes se le unieron canes de Búsqueda y Salvamento. Los perros, adiestrados para localizar gente con vida entre los escombros, fueron directamente a una de las habitaciones que ocupaba Karen. Allí surgió la esperanza de encontrarla con vida al igual que al nene y se redoblaron los esfuerzos para encontrarlos.

A pesadas maquinarias se les unió una grúa de gran porte de la empresa López, que contribuyó en la búsqueda. En total unas cien personas colaboraban y trabajaban denodadamente en esa tarea contra reloj.

En pocos minutos fue vallado todo el lugar para que los equipos de rescate, incluidas las ambulancias, pudieran trabajar sin ser estorbados. Los rostros de todas las personas que estaban allí denotaban una gran consternación.

A medida que pasaba el tiempo y el frío se hacía más intenso, la desesperación y el ansia cundían en todos. Nadie, si excepción, podía disimular la congoja que este tremendo suceso provocaba.

Hasta los más avezados en hechos policiales no podían contener su desazón. No faltaron en el lugar las maestras de jardín de Luciano, quienes no podían contener sus lágrimas ante la tragedia y una de ellas tuvo que ser asistida por una ambulancia del SEC porque se descompensó. La llegada de los familiares provocó una conmoción aún más profunda.

"Hacía un mes que ellos (por la familia Quevedo) se habían mudado acá. Y ahora les pasa algo así" (Marcelo, amigo de la familia Quevedo)

Momentos de gran dolor de la familia
Con el correr de los minutos iban llegando al lugar los familiares directos de Karen y Luciano.

El primero fue su papá, Fabián, y su mamá, Mónica. Luego sucesivamente arribaron los hermanos de Karen Leandro (23) y Candela (16), quienes vivían junto con Karen y Luciano. Eran, al decir de otros parientes, "una familia muy unida".

Las escenas que se vivieron parecían propias de una pesadilla interminable y cruel.

Casi un centenar de vecinos y conocidos se congregaron allí observando las tareas de rescate, siempre con la esperanza de que madre e hijo pudieran ser salvados.

Dos abuelos que trataban de entender lo inentendible y dos hermanos que parecían autómatas, casi sin moverse y pidiendo noticias a diestra y siniestra.

El golpe final
Cuando aún quedaba un hilo de esperanza, pese a que las horas corrían, desde una patrulla de rescate avisaron que el cadáver de Luciano apareció en la cocina. Y ahí se desplomó toda la ilusión que aún quedaba en la familia respecto de sus seres queridos. Fundiéndose en un abrazo interminable no había forma de contenerlos. Los sollozos se escuchaban por doquier cuando el primer golpe certero ya les había sido dado.

Ahora sólo les quedaba esperar rescatar el cuerpo de Karen para velarlo junto con su hijito.

Posibles causales del trágico suceso que enluta a San José
Si bien serán determinantes los peritajes de Bomberos para establecer fehacientemente qué provocó el siniestro del tinglado de unos 50 años y de 12 metros de alto, una hipótesis es que habría habido filtraciones de agua producto de las constantes lluvias que afectan desde hace dos meses a Mendoza.

Así lo anticipó a Diario UNO el director de Defensa Civil de Mendoza, Oscar Pizarro, quien puntualizó que "la parte que cedió no es de material cocido y primero el frío y luego el calor hicieron que se contrajera y se dilatara".

Esta es una teoría que deberá ser probada por los expertos en la materia.
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