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lunes 28 de noviembre de 2016

Asesinato en El Carrizal: "Yo mando acá porque soy el que tengo el arma"

Hugo Kaguasiri tenía 39 años y fue ultimado de un escopetazo, de cerca, por la espalda.

Como lobos que merodean en plena cacería esperando que una presa caiga, dos delincuentes armados y en moto aparecieron el sábado de la mismísima nada, en un callejón rural de la zona de El Carrizal y sin piedad dieron con dos hermanos, a los que asaltaron, matando por la espalda a uno de ellos para finalmente robarle una camioneta y $1.000.

Juan Carlos Kaguasiri, de 49 años, y su hermano Hugo, de 39, salieron después del mediodía en la camioneta de este último para pescar mojarritas.

Los hermanos, que son gente de la zona de El Carrizal de abajo, cerca de la costa del dique, iban mentalizados para hacer una buena pesca y vender luego los diminutos peces que los pescadores usan como carnada para tentar a ejemplares más grandes.

A plena luz del día y con un sol generoso transitaron la Ruta Provincial 16 y se adentraron en el callejón Bertona, que atraviesa un tramo rural casi intransitado.

A bordo de la Ford F100 que conducía Hugo, los hermanos Kaguasiri se encontraron con una moto que venía en sentido contrario.

Para su sorpresa, cuando la moto se acercó se les fue encima, lo que los obligó a tirarse al costado y ensayar una frenada para no embestirlos.

Fue en ese momento cuando los lobos dejaron de parecer simples corderos. Lo que aparentaba ser un incidente vial sin consecuencias se transformó en un asalto, una pesadilla en la que corrió sangre y que se llevó la vida de una de las víctimas.

"Yo mando acá, tengo el arma"
Según el testimonio de Juan Carlos, el hermano mayor, que sobrevivió, dos hombres de más de 30 años bajaron de la moto con dos escopetas recortadas en sus manos, que en ningún momento habían notado.

Los delincuentes se les fueron rápidamente encima, a tal punto que los hermanos no tuvieron tiempo de reaccionar. Apuntados por los maleantes, fueron bajados de la camioneta y llevados al costado del camino, donde los hicieron tirarse de boca en una zanja. A esa altura, los Kaguasiri estaban aterrorizados.

Los ladrones se hicieron con las llaves de la camioneta, tomaron una soga y les ataron a ambos las manos con la misma cuerda. Entonces fueron hasta el vehículo para concretar el robo.

Hugo Kaguasiri ya había tenido un cambio de palabras con uno de los delincuentes: "No te llevés la camioneta, mirá, acá tengo $1.000, llevate la plata".

El ladrón, claramente consciente de que tenía el control de la situación, tomó el dinero y le respondió: "Callate. Yo mando acá porque soy el que tengo el arma".

Sin embargo los asaltantes se encontraron con un imprevisto cuando quisieron llevarse el rodado: no podían arrancarlo.

Durante 10 minutos lo intentaron sin éxito alguno. Entonces volvieron a la zanja a buscar a Hugo, el dueño de la camioneta, para que la pusiera en marcha. Lo desataron y se lo llevaron hasta el vehículo. Su hermano Juan Carlos quedó atado pero como se aflojó la soga intentó por todos los medios quitársela.

En ese ínterin escuchó el primer ruido: el motor de la camioneta en marcha, e instantes después el segundo: el estampido de un disparo.

Los ladrones escaparon a toda velocidad, uno en la camioneta y el otro en la moto. Cuando Juan Carlos se liberó de la soga, encontró a su hermano tirado en el piso, con un orificio de bala en la espalda a la altura del omóplato pidiéndole ayuda.

Los delincuentes le tiraron por atrás y los peritos de Científica no tienen dudas de que le gatillaron muy de cerca, porque el disparo dejó un gran orificio del que hasta los más experimentados se asombraron.
Es que los cartuchos de las escopetas tienen perdigones. Cuando se dispara, los perdigones salen en flor y a medida que recorren metros se alejan uno de otros ampliando más el blanco pero perdiendo poder de daño porque los balines son muy pequeños.

Cuando estas armas se accionan de muy cerca su peligro es letal, ya que los perdigones no alcanzan a separarse y salen todos juntos como si se tratara de un gran proyectil más los gases del disparo.

Los intentos médicos por salvar a la víctima baleada fueron en vano. Aunque una ambulancia llegó hasta el lugar del crimen, el médico certificó que Hugo Kaguasiri ya había fallecido.

La fiscal de Homicidios, Claudia Ríos, intervino en el caso, fue hasta el lugar del hecho y la policía lanzó una fuerte búsqueda para dar con la camioneta y con los asesinos.

Calificó el hecho de homicidio agravado criminis causa, que prevé pena única de prisión perpetua y que en este caso se aplica porque los maleantes cometieron un delito para asegurar la impunidad del objetivo principal: mataron para robar.

El ataque y cómo sucedió llama la atención de los detectives policiales
Los investigadores policiales se han quedado algo sorprendidos con el homicidio de Hugo Kaguasiri en la zona de El Carrizal.

Es que sin poner en duda lo testificado por el hermano, evalúan el hecho como algo fuera de lo común y que los hermanos tuvieron muy mala suerte al encontrárselos.

Lo primero que les extraña a los detectives es que portaran dos escopetas recortadas, algo que sólo utilizan las fuerzas de seguridad y no son comunes entre los delincuentes. También les llama la atención que hayan estado transitando ese callejón rural que conoce la gente de la zona y casi nadie lo transita.

No obstante esperan poder hallar la camioneta para buscar pistas.
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