Abusos en el Instituto Próvolo: no dejaban que las maestras entraran al albergue

Una ex trabajadora contó que los tenían bajo llave y que hablar de eso era motivo de ser maltratadas por los curas.

Por fuera era la institución perfecta: un predio de seis hectáreas, atención personalizada, capacitaciones, e instalaciones y aparatos de trabajo de primer nivel. Por dentro era, como lo relató una de las víctimas, "un infierno".

El instituto Antonio Próvolo figura en la página de la Arquidiócesis de Mendoza como una de las tantas escuelas de educación católica. Trabaja con niños con discapacidades auditivas de distintos grados y ofrece diversos servicios: escolaridad primaria, atención temprana, integración y talleres de formación integral. Además, cuenta con un albergue, tanto para mujeres como para varones.

La institución, en su ala eclesiástica, responde a la congregación de las hermanas de la Compañía de María, cuyo fundador fue el propio sacerdote Antonio Próvolo y que se ha dedicado, desde 1800 a la educación de niños sordomudos. En su aspecto educativo, la escuela responde a la Dirección de Educación Privada, de la Dirección General de Escuelas.

La sede Luján, situada en calle Boedo, tiene un predio de seis hectáreas. Una mamá que llevaba a su hija a hacer estimulación temprana al instituto contó que se trataba de un "monstruo enorme".

"Fui dos veces por semana durante tres años, nunca conocí a los curas, pero sabía que se manejaban desde Italia, a las monjas sí las veía", comentó. Recordó que su hija –hoy una adolescente de 16 años– fue hace una década al Próvolo para que le diagnosticaran el grado de hipoacusia que tenía.

"Me llamó muchísimo la atención lo mucho que insistían en que siguiera el tratamiento cuando ya no le hacía falta. Me parece que necesitaban justificar el monstruo que era: era muy grande, había habitaciones, tenían un comedor muy grande. Era privado, pero recibían obras sociales", dijo. "Era una inversión grandísima. Nunca vi la parte donde se quedaban, era muy cerrada la cosa, muy oscuro. Traían chicos de otras partes, chicos que, al ser sordomudos completos, les ofrecían el albergue", contó.

Una ex trabajadora de la escuela –pidió estricta reserva de su nombre– coincidió en este aspecto "cerrado" que mantenían los curas con respecto a los albergues.

"Los curas nos contrataban, tuve una muy mala experiencia en ese colegio", recordó la mujer que trabajó durante diez años. Contó que la institución está dividida en tres partes: el albergue, los talleres y la escuela, que funcionaba en la mañana y que estaba separada de todo lo demás.

Dijo: "El edificio es muy grande, es enorme, impresionante, tiene un ala central que es la escuela y dos laterales que son los albergues y el taller. Es muy cómodo y muy moderno, en algún momento se dijo que era la mejor escuela para hipoacúsicos de Sudamérica", contó la entrevistada.

"Nos hablaban de darles servicios a los chicos pobres, asistían unos 60 chicos, era una educación súper personalizada. El albergue se construyó en 2002, pero desde la parte educativa no teníamos injerencia en nada. Ellos iban a buscar chicos a otros lados. Para mí, ellos querían albergar gente porque las obras sociales pagaban muy bien por eso y tenían ingresos muy importantes", comentó la mujer.

Dijo que el trato con los chicos que eran albergados era directamente entre los padres y los religiosos, y que los albergues estaban siempre con llave. "Tenían varias capillas, una dentro del mismo colegio y una en cada albergue. No sé a qué se refieren con eso del 'lugar de Dios'", agregó.

"Las maestras teníamos prohibido hablar del albergue, eso significaba siempre una pelea, una discusión o una agresión. Nunca sospeché lo que podía pasar", sostuvo.

Sobre cómo eran los sacerdotes que hoy están imputados por los abusos, dijo que el padre Nicolás –el octogenario– es "una persona muy desequilibrada". "Era muy pendenciero, agredía mucho a los docentes enfrente de cualquiera. Había un chico sordo que tenía algún tipo de relación con el padre Nicolás, fue una temporada y volvió. Y el padre Horacio –por Corbacho– estaba en contra del albergue. Tengo dudas si ha estado en 2007, creo que se fue ese año y volvió hace seis meses", contó.
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