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Viernes, 12 de marzo de 2010

"Si encuentran a los culpables, queremos que paguen”, dijeron los padres

Los padres de Pablo Rivas, asesinado anoche en Guaymallén, pidieron justicia.

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Pablo Ezequiel Rivas, de 20 años, murió anoche tras recibir por lo menos nueve balazos que le propinaron dos sujetos desde un Ford Falcon cuando estaba en el barrio Nueva Esperanza, de Guaymallén. Un amigo, de 17 años, que lo acompañaba, recibió tres de los disparos y está internado en el Hospital Central. Aún no hay detenidos por el caso y el menor declaró que no reconoció a los asesinos.

Pablo era hijo de Mónica y Roberto Rivas, dueños de la pollería El Pigüe que funciona desde 1978 en la calle Juan B. Justo, de Ciudad, trabajaba de todos los días ayudando a sus padres en el negocio familiar y ayer, según narró la familia, estuvo en el local por la tarde y cerca de las 22 se fue a jugar un partido de fútbol con sus amigos.

“Antes de irse, compró dos pizzas, una para nosotros y otra para comer cuando volviera”, contó el padre, quien aún no puede aceptar la muerte de su hijo.

“Si encuentran a los culpables, que paguen de una vez”
La familia se enteró de lo sucedido cerca de la medianoche gracias a un llamado telefónico que hizo la mamá del menor que lo acompañaba y que vivía a una cuadra de Pablo. “Sabíamos que estaban en el hospital y, de inmediato, pensamos en un accidente de tránsito, pero nunca nos imaginamos que lo habían a baleado en el auto”, rememoró Roberto.

Según narró la mamá a diariouno.com.ar, sus familiares desconocen si el joven había recibido amenazas de algún tipo, pero fuentes de la investigación aseguraron que los jóvenes no tenían antecedentes. Cerca del mediodía, el matrimonio esperaba que el Cuerpo Médico Forense les entregara los restos de Pablo para velarlo durante la tarde y sepultarlo en el Parque de Descanso.

"Sé que a mi hijo no lo vamos a tener más, pero si encuentran a los culpables, queremos que paguen de una vez porque así como le pasó a él, le puede pasar a cualquiera. Y si los encierran, que no los suelten", pidió Mónica a la Justicia.

Por otro lado, Roberto contó que son vecinos del ministro de Seguridad, Carlos Aranda, y que anoche el funcionario habló con algunos de los amigos de la víctima para saber qué había ocurrido.

La familia destacó que desde que ocurrió la tragedia, nunca les llegó una comunicación oficial de parte de la policía ni la Justicia. “Cuando me enteré de todo, estuve buscando dónde había sido, dónde estaba el auto y pude ver que los impactos de bala son grandes. Por lo que vi, el auto se les paró al lado y les tiró a quemarropa”, agregó el comerciante.

Por la mañana, en el tradicional negocio se leía un cartel que rezaba “Cerrado por duelo” y en la vereda se congregaron amigos de la hermana de la víctima que fueron a acompañar a la familia.

Sobre el violento hecho que le costó la vida a su hijo, Roberto no arriesgó hipótesis, aunque admitió que los minutos pasan “y no podemos pensar en nada, uno está aturdido, shockeado. No piensa, sólo hace, todo es mecánico, creo que es un sueño y que es mentira”.

La tragedia llegó en un momento impensable ya que ayer en la casa de Ciudad donde viven los Rivas festejeban el cumpleaños de Roberto. Además, el hogar aún se recuperaba de la pérdida de otro hijo, quien falleció hace unos tres años en un accidente de tránsito.

La investigación está en curso y aún no hay detenidos por el caso, pero para los investigadores el caso resulta extraño por la violencia con que atacaron al joven y la zona en donde se hallaban por su peligrosidad, además de que no viven cerca del lugar del crimen, sino en la calle Juan B. Justo, de Ciudad. Se confirmó que no les sustrajeron ni los celulares ni $600 que llevaban consigo.

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