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lunes 22 de agosto de 2016

"Zapatos rojos" recorre el mundo visibilizando la violencia de género

Desembarcó en Buenos Aires en el marco de la octava edición de la feria Arte Espacio de la mano de su creadora.

"Zapatos rojos", la instalación contra la violencia de género que recorre el mundo visibilizando femicidios y problemáticas que sufren mujeres y niñas, desembarcó en San Isidro (Buenos Aires) en el marco de la octava edición de la feria Arte Espacio de la mano de su creadora, la artista mexicana Elina Chauvet, quien espera que esa puesta conceptual y estética "funcione para abrir conciencias".


Unos 300 pares de escarpines, tacos altos, botas, pantuflas y zapatillas (que la gente donó especialmente tras una convocatoria) intervinieron con un poderoso color rojo la terraza del espacio Darwin en el Hipódromo de San Isidro -sede hasta mañana de la feria Arte Espacio- para advertir un dolor y un horror: la ausencia de mujeres en todo el mundo víctimas de la violencia machista.

La creadora de ese montaje es la artista mexicana Elina Chauvet, quien desde el año 2009 empezó con este proyecto en su Ciudad Juárez y desde entonces su trabajo circula como obra colectiva de concientización sobre las violencia de género, una trágica problemática que, por lo menos en Argentina, se traduce en un femicidio cada 30 horas, según cifras de la ong La Casa del Encuentro.

Si bien la obra ya transitó por algunos lugares del país (Jujuy y Rosario, por caso), ésta fue la primera vez que Chauvet viajó para instalarla personalmente. Emocionada hasta las lágrimas, la artista mexicana formada como arquitecta, cuenta en entrevista con Télam que este camino de "arte y activismo" lo empezó en absoluta soledad y sin recursos pero "soñando con que se podía". No sólo se pudo, sino que además la obra se replicó en Italia, España y Reino Unido.

Uno de los primeros montajes de "Zapatos rojos" fue frente al Palacio de Gobierno del estado mexicano de Chihuahua, el mismo lugar donde fue asesinada una madre en huelga de hambre que reclamaba por su hija desaparecida. En ese instante, los pares de calzado color rojo al aire libre empezaban a caminar hasta transformarse -después de su instalación en más de 80 ciudades- en lo que son hoy: un poderoso símbolo de toma de conciencia sobre femicidios.

-¿Cómo nació la instalación?
-La concebí por el amor a mi hermana que fue asesinada por violencia de género y por el dolor de su ausencia, que es un dolor compartido por millones de familias de todo el mundo, como el caso de las mujeres desaparecidas de Ciudad Juárez cuyas madres están siempre en duelo esperando que lleguen sus hijas. Son madres que no están muertas pero tampoco están vivas. Tenía la necesidad de hacer público el dolor y el vací­o dejado por las hijas, hermanas, madres y esposas.

Y quería que fuera una obra que pudiese viajar conceptualmente. La diseñé con la idea de se replique a partir de requisitos mínimos. Hago hincapié en que la gente me busque para montar la instalación para que no pierda su mirada conceptual y estética porque, en definitiva, es una obra de arte. Y además voy haciendo una memoria de esas historias: cada replica es una memoria de lo que pasa en esa ciudad.

-¿Y por qué zapatos rojos?
-Los zapatos representan la ausencia y el rojo para mí tiene un doble significado porque es el color de la sangre pero también es el color del amor, del corazón. "Zapatos rojos" no es un mensaje de desesperanza ni tragedia, es un mensaje que puede reconfortar porque finalmente es una pieza que nace del dolor y del amor.

Cuando pensé cómo podía hacer para que la obra viaje aparecieron los zapatos como objeto, que son conseguidos como parte de una campaña: se convoca a una donación para iniciar la instalación y esto activa una red que comunica el tema de la violencia hacia las mujeres y se va expandiendo a todos los núcleos sociales. Es una obra trasversal que invita a cualquier persona de la sociedad a participar.

-Es una obra que trasciende a su creadora...
-Sí, yo quería eso, quería que el público se volviera parte de la pieza y que tuviera algo de cada persona porque los zapatos son algo muy personal. Se vuelve un asunto tuyo porque participas, es algo que nos une, es el caminar juntos con un tema tan profundo que toca el corazón.

-La instalación está pensada para ser montada en el espacio público, ¿por qué esa decisión?
-Yo había empezado a reflexionar sobre el tema a través de pinturas y dibujos. Pero ya no me conformaba en expresarlo en salas de museos o galerías y sabía que para generar una reflexión colectiva debía estar en el espacio público. A medida que fui abriendo mi conciencia quise abrir la los demás, demostrar que como sociedad normalizamos estas violencias que no son normales.

Y para eso tenía que compartirlo con muchas otras mujeres porque durante años y años la sociedad aceptó la violencia como parte del rol de nosotras: sometidas, violentadas física y verbalmente, emocional y económicamente.

-¿Y qué rol juega el arte en ese sentido?
-Cada artista habla desde lo que vive y no creo que un artista tenga que estar comprometido con la cuestión social pero en mi caso me atraviesa. Creo que a través del arte es posible abrir conciencias, reeducar, reeducar a nuestros hijos y cambiar los tremendos índices de violencias entre los seres humanos.

Y bueno me doy cuenta que no soy yo sola quien piensa de esta manera, el resultado está en todas las personas que dejan sus zapatos. Al dejarlos están diciendo que están de acuerdo, están queriendo cambiar el mundo. Eso me habla de la urgencia en todo el mundo, es un problema que nos afecta a todos no sólo a las mujeres.

- Después de tantas experiencias y réplicas en distintos lugares, ¿qué efectos cree que se han logrado?
-Una de las ideas fue que las donaciones de zapatos sirvan para formar redes de mujeres que después sigan trabajando juntas, apoyándose y en ese sentido la instalación ha unido a muchas mujeres. Además, nos dio la oportunidad de salir y hablar públicamente porque muchas personas se sienten en soledad o les da vergüenza. A través de los zapatos la gente puede hablar de este problema, considerarlo y tratar de cambiarlo. No es lo mismo estar aislado a que sean muchos expresándonos sobre lo mismo.

Y los zapatos rojos se han vuelto un símbolo que nos hace acordar que todavía existe la violencia y es necesario tomar conciencia sobre eso.
Fuente: Télam

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