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domingo 08 de mayo de 2016

Un satélite vacío y un rumbo incierto

El caso del Arsat 2, puesto en órbita sin un solo cliente seguro, fue tomado por Macri para ejemplificar parte de la herencia K que recibió.

El Presidente miró a sus cuatro interlocutores y les preguntó: "¿Quieren que les dé un ejemplo disparatado para demostrarles el desastre que nos dejaron?" Ninguno de sus invitados sentados en el living de la residencia de Olivos movió un dedo en señal de tácito asentimiento. Mauricio Macri relató entonces que el satélite argentino Arsat II, orgullo de la tecnología nacional, fue puesto en órbita sin haberse precontratado ni un solo servicio con eventuales interesados en utilizarlo. "A ver si me entienden: cuando se construye un satélite, en cualquier lugar del planeta, se ofrece a potenciales clientes de todo el mundo que necesitan de su servicio. Cuando se lanza al espacio, las industrias de este tipo, en todo el planeta, tienen acordada una comercialización básica que amortiza los siderales costos de estos artefactos. Salvo en la Argentina: la ex presidenta lo puso en órbita sin un solo cliente seguro. Es como que salió a la órbita vacío", concluyó.

El líder de Cambiemos se queja en privado de que no se ha tomado dimensión del estado de la Nación. El ingeniero Macri cree que el relato kirchnerista sirvió para ocultar lo que él mismo describe como un avión cayendo en picada a punto de estrellarse en la tierra. "Lo que conseguimos hasta ahora es que vuele al ras del suelo. No es poco. Pero falta mucho", agregó en la misma charla con invitados de distintas extracciones a las que accedió este cronista.

Uno de los asistentes al encuentro realizado hace pocos días cuenta que el titular del Ejecutivo no ahorró datos. No se detuvo en las 16.000 sillas de ruedas herrumbradas por la gestión del PAMI anterior, en el desquicio encontrado en la Secretaría de Comercio en donde, literalmente, todo es tierra de nadie o en la auditoría recibida del Banco Nación de la que surge que por capricho de algunos gerentes se cambió parte del sistema informático porque los servidores públicos (sic) querían tener aparatos de Iphone y estos eran incompatibles con la tecnología utilizada.

Macri dio cifras impactantes. Según él, la diferencia de ingresos entre las denominadas décadas menemista y kirchnerista es de 600 mil millones de dólares recibidos en más por la gestión de los santacruceños. "Alguien me puede decir adónde están? ¿300 mil millones en subsidios? ¿Y el resto? ¿Se hizo algo serio en infraestructura?", preguntó a sus interlocutores. "Se lo robaron todo", concluyó enfático.
A esta altura de la charla, uno de los asistentes le preguntó al mandatario el porqué de no contar estos datos a la ciudadanía en general. "Si no lo hacés, y siempre y cuando no sea ya tarde, corrés el riesgo de que todo se te achaque a vos", le dijo uno de sus contertulios. El Pro no cree en la difusión de malas noticias ni de cadenas nacionales que "bajoneen". "Nos eligieron para hacer y no para relatar", grafica uno de los ministros que conversa diariamente con el Presidente.

Semejante estrategia entraña dos riesgos. Primero, que hacer a destiempo el balance de la gestión implica hacerle perder toda credibilidad. Y segundo y peor, no tener un mapa claro del estado de situación catapulta los reclamos para conseguir soluciones ahora, sin dilaciones y sin aceptación de excusas. Por eso los gremios nacionales le plantaron una concentración callejera impactante al Gobierno y toda la oposición se cerró en el proyecto de una ley antidespidos que va a avanzar a pesar de las chicanas legislativas que esgrime el oficialismo. Aunque sea un dato superficial, hay que carecer de olfato y de cintura política para lograr sentar bajo la misma bandera a La Cámpora, a los socialistas, a los peronistas escapados del kirchnerismo y al massismo.

Mal que le pese a los que gobiernen, en la Argentina hay despidos y, peor que eso, existe un muy difundido temor fundado a perder el empleo. Si se mira al mundo, no existe una economía sana que posea una ley que impida rescindir un contrato laboral. Eso es cierto. Pero también lo es que un sacudón sin anestesia como el provocado por el aumento de precios (que no se detiene), de las tarifas, de los servicios, de los combustibles y lo que ello arrastra, tampoco es normal en otras latitudes. Si pensar en una ley que congele el empleo es anacrónico, los tarifazos que se soportan también lo es. ¿Por qué habría que convalidar una cosa y no la otra? Eso se desarticularía si hubiese otra propuesta distinta que pareciera socialmente atendible.

Cambiemos no tiene respuesta a esto. Invoca el segundo semestre como si se fuera la tierra prometida y no es capaz de mirar los senderos de tierra que se transitan con dificultad por estos días. La semana que viene se anunciará la media sanción de la devolución del IVA por 300 pesos para las clases más desprotegidas en compras hechas en supermercados con tarjeta de crédito. ¿Y los que no la tienen? Se piensa en un sistema por el Correo Nacional. Se piensa, pero en concreto no hay demasiado para garantizar este escuálido parche social.

Mientras, las organizaciones sindicales reciben en sus centrales presiones de sus bases para que se redoble la protesta. Sólo un evidente gesto de paciencia de líderes como Hugo Moyano o el propio Antonio Caló están suavizando los pedidos. Así de raro ver en ellos mesura pero es real. Del lado de la política, Sergio Massa se ha empezado a desembarazar de su oposición prolija y, sin dejar de ser constructivo, dice en privado que en muchos gestos los ministros de Macri son kirchneristas chetos. ¿O sea? Obcecados y convencidos de que han llegado al poder por derecho propio e inalienable y no como transitorios administradores públicos. La coalición gobernante debería reparar en esta luz amarilla del Frente Renovador que lo complica en el Congreso Nacional.

Ni tortuga ni liebre: el juez Sebastián Casanello le ofreció a sus superiores jerárquicos abandonar la causa del dinero K. "Si tan torpe soy y tan lento, que la instruya otro juez", le dijo a un camarista. Por supuesto que no le fue aceptado el amague de excusación. El problema radica ahora en que la presión social es incontenible. Por un lado, justificada por tanto tiempo de jueces adictos al somnífero jurisdiccional y por el otro, clásico desborde del péndulo argentino que reclama prisión ya ante la menor sospecha de corrupción. Ya se sabe que no son tiempos para argumentar. Pero sería bueno decir que el sistema penal argentino garantiza la libertad del imputado hasta la sentencia firme de condena. ¿Es justo? Es la ley. Y si se quiere cambiar, será a futuro. El instinto de venganza es natural en los seres humanos. Incluso en medio de esta historia vergonzosa de robo de los dineros públicos, esa ira debe tener la valla del debido proceso.

De paso: el magistrado federal no imagina a Cristina presa en este expediente que tiene preso a Lázaro Báez. Aquí se analiza el lavado de dinero y no el eventual enriquecimiento ilícito. Es muy difícil encontrar un nexo entre la doctora Fernández y la salida de dinero público al exterior para reingresarlo de forma espuria al circuito legal. En todo caso, un juez que tiene despacho en el mismo piso que Casanello y un proceso que mira la fortuna personal podría darle una mala noticia a la ex presidenta en los próximos días.
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