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viernes 02 de octubre de 2015

Señalización indispensable, por Chiche Illa y muchos más

Por Gustavo De Marinis
demarinis.gustavo@diariouno.net.ar
Entre viernes y sábado pasado, en cinco espacios mendocinos se colocó señalética para indicar que allí funcionaron centros clandestinos de detención, antes y durante la dictadura cívico-militar (1976-1983).
Cuatro de ellos están en la Ciudad de Mendoza, sobre Boulogne Sur Mer. Se trata del Liceo Militar General Espejo, el Hospital Militar, el Casino de Suboficiales de la Compañía de Comando y Servicios de la Brigada de Infantería de Montaña VIII y la Compañía de Comunicaciones de Montaña 8. El restante está en Las Heras, en el Campo Las Lajas, que fue además un centro de exterminio de personas. En todos los sitios señalizados hubo hombres, mujeres y hasta niños secuestrados y –salvo en el hospital– en todos funcionaron salas de torturas.
Alguna polémica se generó por la señalización del Liceo Militar. Un grupo de padres reaccionó y protestó. También lo hicieron ex alumnos y, uno de ellos, el diputado nacional Julio Cobos reclamó que “debe quedar en claro el objetivo y deslindar a la institución educativa respecto de la conducción irresponsable que existió durante el proceso militar. Ellos fueron los responsables de los delitos que allí se cometieron”. 
Y claro que está claro el objetivo, como pide Cobos. La señalización de ninguna manera apunta a quienes hoy conducen, enseñan y estudian en el Liceo, que hoy goza de un indiscutible prestigio como institución educativa y formadora de muchos profesionales protagonistas de la vida pública mendocina. La señalización, establecida por ley nacional, ayuda a construir y reparar la memoria de quienes padecieron el terrorismo de Estado.
En aquellos años de represión en el Liceo Militar hubo un centro clandestino de detención. Allí estuvieron cautivas muchas personas, algunas reconocidas como el escritor y periodista Antonio Di Benedetto. Otros hombres de prensa sufrieron la privación ilegítima de la libertad y uno de ellos, fue visto con vida por última vez allí. Y de allí desapareció para siempre. Se trata del periodista sanrafaelino Santigo Illa y por eso hoy están siendo juzgados quienes fueron responsables del Liceo en esa época. Tenía 23 años y un hijo, y su esposa esperaba a su segunda hija, a quien Chiche Illa no alcanzó a conocer. Militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores en el área de prensa.
Que una placa recuerde lo que sucedió cuatro décadas atrás no afecta en absoluto a –vale reiterarlo– autoridades, docentes, trabajadores y alumnos del Liceo Militar. Es un homenaje a las víctimas (y sus familiares) del terrorismo de Estado y también es un modo de aparecer a desaparecidos como Santiago Illa.
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