País - Alberto Nisman Alberto Nisman
domingo 04 de septiembre de 2016

"No recuerdo otra época con tantos ex funcionarios con prisión preventiva y procesados"

Daniel Sabsay denunció que fue perseguido y dijo que pensó en suicidarse para proteger la vida de sus nietas, que estaban recibiendo amenazas.

Acérrimo crítico del kirchnerismo, el abogado constitucionalista Daniel Sabsay se puso en el centro de la pelea desde el momento en el que denunció fallas en la investigación de la muerte del ex fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman.

Denunció que fue perseguido y dijo que pensó en suicidarse para proteger la vida de sus nietas, que estaban recibiendo amenazas, y acusó directamente a la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner de ordenarlas, según dijo públicamente en muchas ocasiones.

Esta semana estuvo en Mendoza, a donde llegó para participar del Foro Internacional de Derecho Comparado, que se ocupó de analizar el Derecho Constitucional a la Educación. La actividad fue una iniciativa de la Coordinación General de Asuntos Legales del rectorado de la UNCuyo.

Sabsay tiene una profusa trayectoria académica nacional e internacional ligada al derecho, que en los últimos años combinó con una amplia exposición pública criticando la gestión de la ex presidenta.
En un paréntesis de su actividad en la universidad, habló con UNO.

–¿Cuál es el aporte que se puede hacer analizando el derecho comparado en educación con otros países?
–Este es un foro internacional de derecho, educación y universidad donde estamos haciendo un cotejo económico social y cultural para ver cómo se plasman las disposiciones que están contenidas en tratados internacionales en cada uno de los países. Inclusive se analizarán políticas públicas comparadas entre los distintos países. Argentina fue un país pionero en materia educativa. Ahora evidentemente hay muchas cosas para mejorar y es interesante escuchar las experiencias de otros países que pueden ser útiles para nosotros.
–De hecho las mediciones internacionales, como las prueba PISA, nos dan muy mal.
–Sí, nos dan muy mal. El poder cotejar lo que se hace en otros lugares es muy útil, inclusive analizarlo entre nosotros es muy necesario, para ver lo que pensamos.

–¿Cómo ve este primer tramo del nuevo gobierno de Macri?
–En lo institucional, hemos tenido un cambio muy satisfactorio, nos hemos reinsertado dentro de las grandes líneas de una república. Vemos que hay separación de poderes, que existe libertad de información, que a nadie se lo persigue por pensar distinto del Gobierno. Hay un pluralismo de ideas. Una asignatura pendiente muy importante es el tema de la Justicia, que es algo que no se puede cambiar tan rápido, porque no nos olvidemos que los magistrados y los fiscales tienen una designación de por vida, duran mientras dura su buena conducta. Esto exige otro tipo de tratamiento. La otra cuestión importante en lo institucional es cómo se hace para refederalizar el país. Durante los tiempos de la administración anterior, el país se unitarizó de una manera notable.

–¿Hay espacio para la autocrítica?
–Hay una actitud, que puede ser vista como positiva o negativa, que es reconocer cuando se cometen equivocaciones. Ahora lo reconocen, dan marcha atrás y se trata de enmendar el error. Pero, por otro lado, uno se plantea que tampoco es bueno equivocarse tanto porque eso implica retrocesos.

–¿Usted cree que dar marcha atrás no termina siendo un signo de debilidad?
–Eso puede pasar. Pero para la Argentina es una experiencia única. Desde ya, por lo que representa Cambiemos, que es un gobierno de coalición dentro de un sistema presidencialista. En otros países es común, pero en la Argentina no. Además, cuando hubo una experiencia similar, como fue el caso de la Alianza, fue un fracaso. Pero además este es un Gobierno minoritario en el Congreso. No sólo se mueve dentro de una coalición, sino que también en el Poder Legislativo tiene que acordar y pactar con un universo de otros espacios políticos. Eso, por un lado, es auspicioso porque puede romper con los caudillismos que tanto daño nos han hecho, pero por otro lado, está el riesgo de la debilidad y la dificultad para gobernar, sobre todo, en un momento tan difícil en lo económico y social.

–¿Cuál será el futuro del kirchnerismo? ¿Termina ahora o se reciclará y volverá para competir por el poder nuevamente?
–Me inclino por la primera opción, creo que va a extinguirse lentamente. Y la respuesta a eso se condice con los motivos por los cuales precisamente el gobierno anterior perdió. La exigencia de transparencia y lucha contra la corrupción, hoy en día, es el mayor requerimiento de la sociedad. Esto es totalmente novedoso. Cuando hablamos de mejores instituciones, hablamos del Estado de derecho. Me parece que desde la sociedad hay una demanda que nunca antes habíamos visto en este tipo de cuestiones. Tal vez existió en el '83, al principio de la transición, por eso ganó Raúl Alfonsín, pero después poco a poco eso se fue destiñendo y ahora desde una posición más madura, lo que se exige es un sistema republicano.

–¿Y en relación al PJ?
–Por eso veo que desde el peronismo, en una suerte de reorganización, también se preconizan este tipo de principios y frente a esta realidad el kirchnerismo ha quedado sumamente aislado. Me parece que la última marcha lo puso de manifiesto, la poquísima concurrencia fue notoria. Incluso Cristina no fue.

–¿Cree que esta presión social es la que funcionará para que se llegue hasta el final en las causas de corrupción en las que están involucrados funcionarios K?
–Creo que sí y lo que sorprende es que los mismos jueces que se sentaron sobre esos expedientes durante años, ahora sean los grandes operadores que los mueven. Esto habla del "tiempismo" de nuestros jueces y no por casualidad la gente tiene muy poco optimismo respecto del final de todas estas causas. Ese "tiempismo" es una forma de encubrimiento y eso es corrupción.

–¿Y la causa de la muerte de Nisman tendrá definición?
–Espero que sí, pero cuanto más pasa el tiempo, más difícil es. El tiempo va en contra de todas las investigaciones de tipo penal. Pasaron muchas cosas extrañas. El secretario de Justicia estuvo metido en la escena del crimen. Al juez no se le permitió entrar. Se demostró después que se había ensuciado toda la escena. Todo viene mal barajado desde el origen.

–¿La ex presidenta puede terminar presa por las causas de corrupción que la involucran?
–Gran parte de la sociedad espera que Cristina termine presa. Hay un gran fastidio y una gran bronca con todo lo que se robó. Ya nadie duda de que esto ocurrió. Creo que ha sido el gobierno más corrupto de nuestra historia. Superó todo lo conocido. Cada vez que se conocen nuevos números, por ejemplo, de los millones que manejaba Lázaro Báez, causa más indignación.

–Conociendo la Justicia argentina, ¿piensa que en las causas de corrupción se encontrará culpables y habrá sentencias?
–Espero que sí, por la enorme presión social, que es lo que en gran parte ha llevado a que estemos donde estemos. Hay una realidad cierta. No recuerdo otro momento en que tantos e importantes ex funcionarios estén con prisión preventiva y procesados. Esto podría ser un vaticinio de que por lo menos en las causas importantes se va a llegar a la verdad.

–¿Cómo se puede sanear la Justicia? ¿Por dónde hay que empezar?
–El primer lugar por el que hay que empezar es el Consejo de la Magistratura. Es un brazo fundamental del Poder Judicial porque tiene a su cargo la administración y la decisión de quién puede ser magistrado. Es el encargado de la entrada y la salida de jueces. Hay que revisar de manera muy profunda la ley que la rige. Desde 2006 está dominado por el sector político y eso distorsiona totalmente el sentido de su función. Entre legisladores y representantes del Ejecutivo, hay 7 miembros de un total de 13, que responden a partidos políticos. Es muy preocupante. Además, los procedimientos de concursos están llenos de trampas. Hay que reformular todo. Y no hay más que ver los pobres resultados que ha tenido la Justicia en los últimos años. La Justicia es lenta y está llena de posibilidades de recursos que llevan a que los procesos de corrupción tengan que esperar 12 o 14 años para tener una sentencia.

–¿Por qué no se cambia?
–Porque hay consenso social, pero no hay consenso político para hacer los cambios. Creo que se dice una cosa para la audiencia, pero internamente se piensa otra cosa. No nos olvidemos de que todas estas situaciones anómalas llevan a que el sector político tenga un enorme poder sobre el sector judicial. Ahí entendemos por qué nuestros jueces no son independientes.

–En esta mezcla de lo político dentro de la Justicia se ha cuestionado el rol de la procuradora Gils Carbó.
–Desde ya. La sola existencia de la agrupación que se llama Justicia Legítima, es irregular. Sus miembros guardan fidelidad a un proyecto partidista, esto es abiertamente contrario a la ley de organización de la Justicia. Es contrario a lo que significa la independencia del Poder Judicial.

En el foro de la UNCuyo

Daniel Sabsay estuvo durante tres días en Mendoza para participar del Foro Internacional de Derecho Comparado, que se ocupó de analizar la educación.

La actividad fue una iniciativa de la Coordinación General de Asuntos Legales del rectorado de la UNCuyo y se desarrolló entre el 29 y 31 de agosto.

Además de Sabsay, hubo otros expertos de Argentina además de profesionales de Brasil, Colombia, México e Italia que discutieron sobre aspectos jurídicos de la educación.

Junto con Sabsay, disertaron Alberto Spota, Carlos Alberto Egües y Jorge Orgaz, entre otros especialistas.

Perfil
Abogado - Universidad Nacional de Buenos Aires.

Posgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de París, Francia.

Profesor invitado de la Universidad Robert Schuman de Estrasburgo, Francia, de la Universidad de Texas, en Austin, EE.UU. y de la Universidad Internacional de Andalucía, España.

Ex presidente de la Comisión de Juristas para la elaboración del Digesto Jurídico Argentino.

Consultor nacional e internacional.

Ha sido condecorado por el gobierno de Francia en dos oportunidades con las insignias de Caballero y de Oficial de la Orden Nacional del Mérito y por la Universidad Autónoma de México por sus aportes al derecho ambiental y con el premio Ciudad de Buenos Aires del PEN-Club.
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