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domingo 16 de octubre de 2016

"No me conocés, el Presidente soy yo. Bolilla 1, punto 1"

Mario Wainfeld se mete en la cabeza de ese animal político complejo para reconstruir, como nadie hasta ahora, la forma en que se gestó un proyecto que supo generar fervor popular y enconos virulentos.

Usaba al interlocutor para medir lo que él mismo tenía en mente, como si pensara en voz alta, o mejor, como si estuviera poniendo a prueba sus propias ideas. No era tan diferente conversar con él "on the record" u "off the record". Con o sin micrófono o grabador delante expresaba casi lo mismo. El "off" de ayer devenía "on" en cuestión de días o de semanas, frecuentemente.

Los diálogos (en los que se reservaba la parte del león) jamás eran protocolares: hablaba "de política", buscaba convencer. Aparecía de sopetón en el despacho de su jefe de Gabinete Alberto Fernández, a sabiendas de que lo visitaba algún periodista. Y daba charla. Podían darse otros formatos.

Una vez, nos cruzamos en un pasillo de la Casa Rosada, cuando yo iba o venía de ver a alguien. Kirchner debía salir del Salón Blanco, de un acto. Saludó, reporteó al cronista. Le dio un cursillo de economía política aplicada en cinco minutos. Tenía un papelito astroso con varios números, que debía ser un ayuda memoria en tránsito al cesto. "¿Sabés cuántos splits se vendieron en estos años?" El cronista calló, por una combinación de ignorancia absoluta y lógica instrumental. Convenía esperar: el discurso estaba en camino. "X millones", se ufanó, y continuó con la interview socrática: "¿Cuántos habrán comprado los más ricos, los que ya tenían alguno, eh? "Ponele la cuarta parte, porque ya tenían. ¿Y cuántos la clase media?".

El cronista, que había adquirido uno, se encogió de hombros. Todo aconsejaba escuchar y no tirarse lances. "Ponele las dos cuartas partes, y exagero. Así que la cuarta parte la compraron los más pobres, los que ni soñaban con tener uno. Y ahora se refrescan en verano y se abrigan en invierno". "Son X splits", ponderó. "Multiplicalo por cuatro o cinco personas por familia."

No anoté las cifras entonces, ni las recuerdo ahora. En todo caso, serán cientos de miles o algún millón de aparatos, multiplicados por cuatro o cinco usuarios. Volvió el entrevistador: "¿Y cuánto paga de luz cada familia?".

Ahí se animó el reporteado silente: "Poco, muy poco". "Una miseria". Usó una expresión más enérgica, coloquial. "Así que los morochos ahora tienen el split, no pasan calor en verano... están mejor, viven mejor. Por eso andan por ahí un montón que me quieren rajar".

El consumo inmediato, subsidiado, como base del consenso popular. El mercado interno, émbolo del modelo económico. La satisfacción de demandas como impulso de la autoestima.

Un ejemplo jauretcheano de pura cepa, incluida la bronca de clase de los que también habían comprado split... Quedaban flotando algunos puntos suspensivos, pero de eso se trataba.

Ecos de Cromañón
Sonó el celular: –Te va a hablar el Presidente –escuché. –Bueno. Había estado unos pocos días sin escribir, de licencia.

Ese miércoles 5 había publicado mi primera nota sobre lo que había sucedido en Cromañón, sus posibles causas y las responsabilidades que cabían en el caso.

Entre otras variables, cuestioné que Kirchner hubiera permanecido en El Calafate. Había publicado horas antes: El presidente es un mandatario "muy presente", muy dado a poner el cuerpo y explicitar su compromiso por vía del contacto directo.

De cara a una de las mayores tragedias de la historia contemporánea cambió de proceder. "Lo hicimos para no eclipsar a Ibarra", explica un hombre del riñón presidencial. "Kirchner es tan potente que si él aparece opaca a todos. Si se ponía al frente de todo, empujaba a Aníbal al precipicio". Cuesta compartir ese juicio.

El presidente podía, sencillamente, haber discontinuado su presencia en El Calafate (un lugar que para todos, aunque él tenga una vivencia distinta, está asociado a las vacaciones y al goce) y trasladarse a Olivos. Claro que la presencia y alguna palabra presidencial no le hubieran ahorrado ciertas críticas.

Cualquier movida política, en estos días de dolor y furia popular, es un costo. Puesto a tener que pagar uno, era mucho más deseable (por la ejemplaridad que eso conlleva) que el presidente "siguiera siendo" Kirchner, el que siempre pone el cuerpo.

Kirchner saludó cordial: –¿Cómo pasaste las fiestas? –Bien. –¿Con la familia, con amigos? –Sí. Aprobó. Pero no se había comunicado para preguntarme eso. Esperé con el teléfono en una mano mientras con la otra firmaba como podía el ticket de la tarjeta.
–¿Puedo criticar?
–Más vale.
–Te equivocaste. Están usando el dolor de las víctimas para llevárselo puesto a Ibarra. Y después a mí. El furor de la opinión pública lo alertaba, le encendía sospechas y resquemores. –Le das excesiva importancia a que haya estado allá y no entendés la política. (En La Nación) Joaquín Morales Solá escribió lo mismo que vos. Piensan distinto: él es de derecha; vos, un compañero. Si dicen lo mismo, uno de los dos se equivoca. Él no se equivoca nunca.
–Las opciones no son siempre binarias –alegué–. A veces los opositores reprochan conductas erradas para sacar ventaja de eso. No todo es blanco o negro.
–Vos sos un cuadro, tenés que entender. Sé de tu honestidad intelectual pero estás subestimando lo que pasa. Esta tarde voy a criticar a Joaquín, no te des por aludido –dijo, y se despidió–: Un abrazo.
Con reshpeto, ehhh. Resumo diez minutos intensos, acaso un cuarto de hora. Sin percatarnos, en ese intercambio directo insinuamos un debate que se instalaría unos años más tarde, acerca del discurso del kirchnerismo y del vínculo del poder político con los periodistas en una democracia.

¿Cuánta plata es?
Cuando asumió Néstor Kirchner, había ocho provincias que debían varios meses de salarios a los docentes.

Daniel Filmus juró como ministro de Educación el domingo 25 de mayo. El lunes fue a la Casa Rosada. Le refrescó al Presidente lo que tenían conversado, el eje de la reunión: el conflicto más grave azotaba a Entre Ríos.

Las clases no habían empezado, se adeudaba un semestre a los maestros, que venían sosteniendo un paro de tres meses. Los sindicalistas habían pedido cooperación al ministro: querían levantar la huelga, cuya supo prolongación los agobiaba, pero jamás podrían volver a las aulas sin respuesta para sus compañeros.

–¿Cuánta plata es? –punto 2 de la bolilla 1 del manual del presidente, que le pregunta al alumno-ministro.
–80 millones.
–Los tenés. Filmus abrió un paraguas: si se cerraba trato en Entre Ríos, otras provincias pedirían iguales condiciones.
–¿Cuánto es?
–240 millones.
–Los tenés.
–¿Hablo con Lavagna? Ministro de otras gestiones, Filmus recelaba de un rechazo del titular de Economía: los que manejan la caja suelen ser avaros o previsores.
Bolilla 1 de otras gestiones: Hacienda deshace o frena con frecuencia lo que el jefe del gobierno promete o decide. O finge decidir.
–No me conocés, el Presidente soy yo. Bolilla 1, punto 1.

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