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domingo 09 de octubre de 2016

"Mi intención no es reivindicar a Isabel Martínez de Perón, sino hacerla existir"

María Sáenz Quesada. Historiadora y escritora

Los niños de los '80 crecimos creyéndonos una historia, la que aparecía en los fascículos del Anteojito y el Billiken. Allí, héroes y villanos estaban bien definidos, el Cabildo venía para recortar, y en la Bandera de Manuel Belgrano siempre brillaba un sol con cara de moneda. Con tres o cuatro héroes nos alcanzaba para tener fines de semana largos y figuritas en las tareas de Ciencias Sociales.

Pero como suele sucederles a los niños, crecimos. Esto en la Argentina equivale a ir sacándole velos a la historia. Descubrir que ni los héroes eran tan impolutos, ni los villanos tan villanos. También nos dimos cuenta de que, como sucede en la mayoría de las familias, en la historia argentina hay personajes de los que mejor no se habla.

La charla con la historiadora y escritora María Sáenz Quesada, que vino a la provincia invitada por el Instituto de Historia Americana y Argentina y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, tuvo que ver con corporizar la controvertida e incómoda figura de Isabel Perón, una de las más negadas en la historia argentina contemporánea.

Sin embargo, hay una verdad imborrable: integró una fórmula apoyada por el 62% del electorado y fue la primera mujer en ocupar la presidencia. Puede que nos avergüence su final, pero su paso por la Casa Rosada es digno de ser analizado si lo que se quiere es echar luz sobre la oscuridad de la dictadura militar. No se la puede borrar, esconder o negar. Isabel habla desde un exilio impuesto y elegido. Lo hace a través del libro de Sáenz Quesada, que dio origen a esta conversación.

–¿Cómo surgió su interés por un personaje histórico tan controvertido?
–Bueno, uno cuando busca un tema histórico, se inclina por algún personaje que no esté muy trillado, que no haya sido muy trabajado. Esta época me interesaba más por mi misma. Yo era joven en esta etapa, quería interesarme por lo que pasaba y por cómo entenderla mejor. El personaje de Isabel es un personaje oculto, negado, la primera mujer que llegó a la presidencia, y su busto no está en la Casa de Gobierno. Yo trabajé este tema hace más de 10 años. Ahora se reeditó y en forma actualizada.

–¿Es deliberada la ausencia de esta mujer en la historia argentina?, ¿la negamos?
–Sí, todos los pueblos tienen sus personajes históricos negados, las partes que nadie quiere ver. Y esta es una de ellas. Isabel fue en una fórmula presidencial votada por casi el 62% del electorado. Mi intención fue analizar su presencia en la historia del modo más objetivo posible, aunque está claro que cada uno trabaja desde sus propias ideas y perspectivas.

–¿Cómo llevó adelante la investigación?
–Traté de armar un cuadro lo más amplio posible, interrogando a las personas más destacadas de la época, de su propio gobierno, de la oposición, algunos ex Montoneros, gente importante de la Iglesia, traté de que cada uno hiciera su relato. Algunos cuentan cosas realmente interesantes. Otros simplemente exponen su punto de vista.

–¿Encontró documentación para investigar?
–No, realmente muy poca. Me resultó útil la lectura de los diarios de la época. Alguna me ha llegado después de que publiqué esta segunda versión. Cartas muy interesantes de Perón a sus médicos, avalando una de las hipótesis que yo avalé sobre que Perón estaba absolutamente lúcido cuando decidió que Isabel, con mucho gusto para él, fuera la vicepresidenta. Lo han ratificado con enorme gusto para mí, cartas escritas por Perón que recibí después de la segunda edición del libro La primera presidente.

–¿Fue mérito de Isabel haber sido incluida en esa fórmula o puramente una decisión de Perón?
–No, fue una consecuencia de haber sido la mujer de un líder carismático que no consideraba que fuera transmitible su liderazgo, que consideraba que todo se cerraba en sí mismo. Eso incluía a su mujer.

–Era como una parte de él.
–Exacto. A él se lo ve muy satisfecho con esto. Y no como una maniobra de las que se inventaron para justificar el hecho pergeñado por el mismo Perón.

–¿Lo reconoció como un error?
–Al final de su vida, y dándose cuenta de su salud muy precaria, trató de corregir esta decisión, Intentó que Ricardo Balbín estuviese al lado de ella, cosa que era imposible desde el punto de vista institucional, además José López Rega no iba a permitirlo.

–¿Cómo quedó la relación entre Isabel y la Argentina?
–La relación es muy mala. El tema de la Triple A, toda la violencia que se desató en el Estado, fue a parar a su figura. Y Perón quedó absuelto de esto. Esta imagen y su propia vulnerabilidad hicieron que su figura quedara casi en lo ridículo. Esto es lo que trato de que no aparezca en el libro. La trato como una figura que tuvo un papel demasiado excesivo para sus posibilidades, pero que se lo dieron las características del liderazgo político de Perón en Argentina. Esa veneración de todo lo que él hacía y representaba, la llevó a ella a la presidencia. Aunque no sirviera mucho, ni nada para la política.

–¿Tenía formación política?
–Sólo la que adquirió por la convivencia con un político de raza, como era Perón y el contacto con la gente que iba a Puerta de Hierro, donde lo visitan políticos importantes, sindicalistas. Isabel fue una gran admiradora de la dictadura franquista.

–¿Intentó entrevistarla?
–Traté de acercarme en varias oportunidades, pregunté a sus abogados si era posible hablar con ella, pero no quiso.

–¿Está lúcida?
–Isabel tiene 85 años, pero este no es el impedimento sino que esa ha sido su voluntad desde un primer momento, no va a dar nunca una entrevista. El silencio ha sido un buen recurso, una estrategia.

–En el hipotético caso que ella hubiera querido hablar con usted, ¿considera que su libro habría tenido otra perspectiva?
–Mire, mi experiencia con respecto a las entrevistas con personas muy importantes es bastante pobre. Porque finalmente lo que quieren es justificarse.

–¿Qué le hubiera preguntado?
–Me hubiera interesado muchísimo preguntarle sobre su vida privada: cómo conoció en realidad a Perón, cómo empezó esa relación. Yo me aproximo bastante, con la posibilidad de que ella inclusive se haya ofrecido para dar información sobre él a los servicios de inteligencia. Muchas veces me ha pasado que una hipótesis que tengo se confirma luego con documentos, porque no soy muy aventurera, tengo cierto olfato cuando me intereso en un tema.

–¿Qué relación tenía Isabel con el espiritismo?
–Isabel se acercó al espiritismo en su juventud. Cambiarse el nombre de María Estela Martínez a "Isabel" fue como una especie de segunda vida, en esa etapa comenzó a hacerse llamar así.

–¿Tenía una tendencia hacia las llamadas "ciencias ocultas", como dicen sobre su mentor, José López Rega?
–Isabel era un personaje en cierta medida, muy libre. Mezclaba el espiritismo con un catolicismo sumamente conservador, tenía amistad con el nuncio Pío Laghi, esas libertades antes no eran comunes. Esa independencia la lleva a alejarse de su familia, conseguir contratos para bailar en Sudamérica y finalmente conocer a Perón y quedarse con él.

–¿Isabel es la contracara de Evita para la historia de la Argentina en general y del peronismo en particular?
–Esa idea está basada en un absurdo de "buenos y malos", no hay tales buenos y malos. Evita es un mito, por lo que nadie puede hablar de ella ni un poquito mal. Isabel es el contramito. No sirvió para nada, se metió en intrigas con López Rega en el cargo, fue la coresponsable de la Triple A y como consecuencia, negada. A nadie le gusta decir que fue votada por tanta gente.

–La intención de su libro no es reivindicar la figura de Isabel.
–De ninguna manera, la intención es hacerla existir, su figura no está entre los bustos presidenciales de Perón y Alfonsín. Cuando Cristina Kirchner hablaba de los presidentes que estuvieron presos, como Yrigoyen o Perón, no mencionaba los cinco años que María Estela Martínez estuvo presa, durante el gobierno militar. El libro no es una biografía de Isabel. Yo no fui tras los pasos de ella. Esto es diferente. Es insertar a una figura histórica en su momento y hacerse algunas preguntas.

–¿Sirvió para echar luz sobre esta etapa?
–El libro describe bastante la época, lo cual no quiere decir que no sean posibles otras miradas, es un aspecto, una perspectiva desde dónde ver y analizar la historia.

–¿Fue la responsable de los decretos de aniquilamiento?
–Ella no era la gestora de todo el aparato de defensa y de seguridad, pero sin duda firmó esos decretos y los firmaron algunos otros peronistas muy reconocidos, como Ítalo Lúder y Antonio Cafiero, a ellos la historia no los condenó.

–¿Pero cuál considera que fue su peor error político?
–No saber dónde encontrar apoyo, lo hubiera encontrado en Balbín, no lo hizo, con la crisis de mediados de 1975, lo debería haber buscado en el peronismo tradicional, y así evitar que fuera el sector de Jorge Rafael Videla el que llegara al poder. Por su ignorancia, fue cerrándose en lo peor que la rodeaba, creyendo que así solucionaba los temas. Los últimos 9 meses de gobierno, una vez que ya había sido expulsado López Rega, es el aparato sindical de Lorenzo Miguel el que sostiene al gobierno y el que no permite una salida constitucional, como hubiera sido la renuncia o el juicio a Isabel. Hubiera sido un intento valioso de frenar un golpe con las características de locura y violencia que tuvo el del '76.

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