País - Amado Boudou Amado Boudou
domingo 10 de abril de 2016

Mani pulite

A raíz del caso Báez, todos entendimos que contar dinero en una financiera no es lo mismo que contar pan en una panadería.

En la Argentina se percibe un aroma a cambio de clima político. Quizá no sea desatinado pensar en una nueva época. Pero a no equivocarse. Para todos. La Justicia imputa penalmente al presidente en ejercicio y eso empieza a ser valorado como natural desde el respeto a las instituciones y a la división de poderes. Mauricio Macri, demasiado zigzagueante a la hora de dar cuentas públicas (y no sólo a una diputada aliada) por sus empresas off shore, se presentó ante la Justicia para que se declare la certeza o no de una irregularidad. Hubo que arrancarle esa decisión porque su círculo de confianza no quería. Con lógica empresaria, los que (mal) asesoran a Macri le dijeron que la empresa era legal y punto. Próximo tema, afirmó un ministro como si no entendiera que no estaba en una reunión de directorio de una compañía privada. Si es cierto que tener sociedades en Panamá está dentro de la ley, no menos raro suena que las tenga quien hoy es un servidor público que le reclama a los ciudadanos que paguen impuestos o que, por ejemplo, un maestro sea gravado con el tributo a las ganancias.

En cualquier caso, es hora que este tipo de discusiones se corran de los pareceres interesados de los partidarios y de los debates mediáticos y se canalicen por donde debe ser mirado desde la república. En la Justicia.

Lázaro Báez está detenido y una media docena de ostensibles involucrados en negocios incompatibles con la transparencia deben ser indagados por un magistrado que reaccionó (finalmente) cuando todos entendimos que contar dinero en una financiera no es lo mismo que contar pan en una panadería. Si a eso se le suma la prisión y condenas de Ricardo Jaime, los proyectos de extinción de dominio para los que sean condenados por corrupción devuelvan lo que se robaron o la salida del juez más obsecuente del poder de turno, el cuadro podría parecerse a la base de lo que fue en Italia el fenómeno de "mani pulite".

La corrupción del sistema, la mafia misma, financiaban allí la política romana y el juez Antonio Di Pietro en 1992 terminó con la carrera de políticos clásicos italianos como Bettino Craxi. Los que se creían intocables, fueron pasados a retiro. En nuestro país hay unos cuantos como el socialista italiano que deberían jubilarse por haber favorecido en estos últimos 40 años (por lo menos) el matrimonio espurio de la cosa pública con el dinero negro robado y destinado a parar en manos privadas. ¿Existe hoy aquí un juez di Pietro?

Probablemente la respuesta sea no. No hay un magistrado que sea indiscutido por su trayectoria y por su hacer. La Corte Suprema de Justicia, sin embargo, tiene en la cabeza de Ricardo Lorenzetti a un dirigente que entendió que el "Nunca más" a la corrupción es lo que se está reclamando. ¿Hay achaques a él de algunos sectores? Sí. Pero no con la contundencia como para discutirlo seriamente. Por eso, luego de la apertura del año judicial, reunió a muchos de los jueces federales de la Capital y les dijo que la opción de seguir dilatando las causas ya no existía. "No sólo hay un recambio institucional de las urnas. Hay un nuevo palpitar social en las calles que no trepidará en encontrar en ustedes, los jueces, a los responsables de la impunidad si no aceleran las causas", le habría dicho Lorenzetti a sus subordinados jerárquicos. Casi todos los que lo escuchaban entendieron el mensaje.

Que Sebastián Casanello tenga a Lázaro Baez preso y haya conseguido que Leonardo Fariña cuente, parece, la verdad se debe a una decisión de la Corte Suprema. El máximo tribunal puso el tono de la agilidad judicial que quizá debió haber reclamado antes. Pero finalmente lo hizo.

En este clima, el kirchnerismo está desconcertado. Por un lado, luego de una epifanía republicana que estuvo narcotizada en los últimos 12 años, presenta denuncias, impulsa acciones y comisiones para que la administración pública sea transparente. Todos, incluso los inescrupulosos, tienen derecho a invocar el derecho a acceso a la información y a la rendición de cuentas. Hay quienes se hacen cruces porque el presidente Macri tardó 4 días en explicar sus empresas. Se ve que olvidan que Amado Boudou lleva ya 4 años sin abrir la boca sobre Ciccone y otras minucias. Raro modo de quienes defendieron hasta hace cinco minutos el unicato de no decir nada más que lo que una cadena nacional admitiese sin repregunta o que su líder se haya sentido por encima de la ley, como una codificadora napoleónica.

A la par que reclama que Macri vaya a los tribunales, le repugna que su líder deba comparecer el miércoles en Comodoro Py. Es parcialmente cierto que el juez que la cita obra con alta dosis de rencor personal condimentado con algo de razonabilidad procesal. Pero que Cristina Kirchner deberá acostumbrarse a fijar domicilio cerca del Palacio de Justicia es un hecho. Ahora se entenderá eso de ser iguales ante la ley y especialmente diferentes si se ejerció el poder creyendo que las urnas daban un bill de inmunidad para sentirse dueños y no inquilinos del poder. Y algo más: tomará nota que el sueño de la eternidad política se estampa con la realidad de la finitud acompañada por lo que ya dan la vuelta la cara porque huelen que el poder reside en otro lado.

Hay un proceso institucional interesante por esos días. Hecho "a lo argentino". Con claros y oscuros, con más opacidades que decisiones prístinas. Y ocurre en un momento social en donde la paciencia está atenazada por aumentos de precios que no se detienen, cortes y pérdidas de fuentes laborales evidentes y ausencia de sentido social de un gobierno que ya lleva casi 4 meses de gobierno.

Mauricio Macri hace bien en tomar medidas que lo despeguen de la inacción sufrida por el gobierno de la Alianza. Pero se olvida que esas mismas medidas no pueden ser en un solo sentido, es decir, el de las inmensas minorías poderosas desde lo económico. La llegada de un proyecto que alivie el IVA en la canasta familiar parece impulsada por el mismo que manejaba los tanques del general Alais cuando los alzamientos carapintadas padecidos por el Presidente Raúl Alfonsín. A los jubilados no se los compensa con un mínimo gesto y se los somete a una espantosa manera de comunicar el retiro de medicamentos de su vademécum como si quien lo decidiese fuese el CEO de una ensambladora de computación y no el jefe de una obra social (dice social) que atiende a mayores y ancianos.

El "mani pulite" italiano supuso el hartazgo de la ciudadanía frente al robo público y la necesidad de cambiar un malestar económico de las clases trabajadoras y medias. Argentina atraviesa por una historia reciente en donde el latrocinio de dineros del estado se elevó al nivel del paroxismo. Y una crisis de supervivencia enorme, hablamos de lo más elemental para comer y vivir con dignidad, heredada ciertamente de los anteriores pero acentuada por los que llegaron. La velocidad para combatir uno y otro fenómeno será directamente proporcional a la profundidad de lo que vivimos.
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