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domingo 26 de junio de 2016

Las vinculaciones del escurridizo financista que salpican a políticos

Enigmático y solitario, se niega a ser traído desde Paraguay, donde está preso. Su relación con el triple crimen de General Rodríguez y su habilidad para el mundillo de los negocios

Si los policías federales que investigan quién es el autor intelectual del triple crimen de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, asesinados en el 2008, dibujaran en un pizarrón un mapa conceptual que guiara los vaivenes del caso, sin dudas todas las flechas saldrían y recaerían en Ibar Esteban Pérez Corradi (38), el núcleo de tres causas.

A este ex empleado del Banco Nación devenido financista y joven empresario exitoso, que pasó 4 años prófugo y fue detenido hace una semana en Foz de Iguazú, se lo vincula al tráfico de efedrina, una ruta que tiene cuatro puntos claves: Argentina, India, China y México. También aparece nombrado en la megacausa de la mafia de los medicamentos.

Como era de esperarse, toda investigación policial viciada esconde un respaldo político y ésta sería la excepción. Los negociados que devela salpican la financiación de la campaña electoral nacional 2007 de Cristina Kirchner y Julio Cobos como presidenta y vice. Y tal como se conoció antes de las últimas PASO en Buenos Aires, también ponen en escena, en un rol decisivo, al ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández. Además, una de sus derivaciones es el procesamiento del ex titular de la Superintendencia de Servicios de Salud, el kirchnerista Héctor Capaccioli, por "lavado de activos" a través de aportes recibidos para la campaña electoral de 2007, de la que fue recaudador del Frente para la Victoria y en la que se sumaron $886.000 por parte de droguerías; suma imposible de justificar, según la resolución del juez federal Ariel Lijo, que se difundió el jueves (ver aparte).

Aquel Ibar Pérez Corradi alto y delgado, de pelo lacio y recogido detrás de las orejas, en 2006 aún no había cumplido los 30 y ya en el ambiente farmacéutico era conocido como financista de actividades y socios dudosos. Calificado de enigmático y solitario por su propio entorno, durante 6 años, de 1999 a 2006, fue empleado del Banco Nación y tal vez de allí sacó los contactos que le permitieron incurrir en el mundo de los medicamentos, y hasta saber quién podría necesitar de financiamiento.

Esa facilidad para cambiar cheques diferidos y convertirlos en efectivo en tiempo récord lo acercó al poder y en cuestión de meses era el dueño del dos sociedades anónimas: Odín Concept SRL, dedicada a la comercialización de principios activos relativos a la industria farmacéutica, y la constructora C&C Building, en sociedad con Martín Lanatta, uno de los condenados por el triple crimen y prófugo y recapturado en el último verano.

Néstor Lorenzo era entonces el dueño de Droguería San Javier. Y Pérez Corradi fue su socio. Peluca, como se hacía llamar, comenzó vendiendo suplementos y esteroides para deportistas. Le llevó muy poco tiempo entender cómo se movía el mundo de los medicamentos, y saber que era la fachada ideal para importar y exportar precursores químicos evadiendo controles antidrogas.

Según consta en la causa judicial, en el 2007 ya hacía negocios con el empresario farmacéutico Sebastián Forza. Este traía los cheques y Pérez Corradi le entregaba "ladrillos de dinero" con los que Forza "salía a comprar medicamentos a visitadores médicos o de dudosa procedencia, a muy bajo costo, les modificaba un troquel para hacerlos vigentes y los vendía al precio de plaza, que era de un valor 10 veces mayor al de compra".

Enviciado con este juego, Forza se habría endeudado con unos $2.000.000 que debía pagarle a Pérez Corradi, algo que obviamente eludía, hasta que se declaró en quiebra. Meses más tarde, en marzo del 2008, cuando Forza compró una farmacia recibió allí una silla de ruedas con la leyenda: "La próxima la vas a tener que usar". Algo que no dudó en leer como una amenaza de Pérez Corradi y la denunció como tal.

Triple crimen, drogas y lavado

El 13 de agosto del 2008, los cuerpos de Sebastián Forza (34), Damián Ferrón (37) y Leopoldo Bina (35) aparecieron acribillados en un zanjón de General Rodríguez. Estaban boca abajo y tenían pies y manos atados con precintos. Las víctimas habían sido torturadas y nadie dudó de que se trataba de un crimen mafioso.

Según los registros de Gendarmería, Pérez Corradi salió del país el 26 de julio de ese año, 15 días antes de la desaparición de los tres socios. Vía Aeropuerto Internacional de Ezeiza tomó un vuelo de Lan Chile y regresó el 10 de agosto por Lan Perú. Pero no ingresó a Chile ni a Perú, que sí fueron escalas para llegar a México.

Sus amenazas a Sebastián Forza, y la supuesta participación en la venta de efedrina lo hicieron sospechoso de este crimen, pero no se pudo comprobar su participación y se lo dejó de investigar. Sí se lo detuvo ese año acusado de confabulación y de haber enviado por correo privado a Estados Unidos 80 pastillas de oxicodona, un analgésico producido a partir del opio y cuya importación está prohibida.

En la cárcel de Ezeiza compartió pabellón con Mario Segovia, el presunto narcotraficante conocido como el "rey de la efedrina".

Para sumarle una mancha más a su ya enchastrado prontuario, un mes antes el juez federal Norberto Oyarbide lo procesó por lavado de dinero. Sostuvo que por sus cuentas pasaron cheques de Lorenzo –el dueño del laboratorio San Javier y uno de los principales acusados en el caso de la mafia de los remedios–. Según Oyarbide, Pérez Corradi "blanqueó" activos: cientos de miles de pesos provenientes de las "actividades ilícitas" de Lorenzo y del secretario general de la Asociación Bancaria, Juan José Zanola. Ambos están presos.

Dos identidades, sin huellas

Tras sus pasos, luego de que se fugara del país y se refugiara en Paraguay, los pesquisas federales habían bosquejado fotos digitales con todos los cambios físicos con los que Pérez Corradi pudiera eludir los controles.

Lo que no calculaban era que este especialista en escapes pagaría U$S50.000 sólo para que le borraran las huellas digitales. Sin ellas, sólo necesitó los documentos de personas fallecidas para cruzar una y otra vez la triple frontera. Con los nombres de José Luis Fernández (un argentino fallecido) y el de Walter Miguel Ortegas Molinas (paraguayo) fue y vino sin problemas.

Ese mensaje

Tanto es así que esta semana se difundió un mensaje de voz enviado el 8 de junio último, en el cual Pérez Corradi le confirmó a su abogado Carlos Broitman que estaba en Buenos Aires y aludió a que negociaría las condiciones judiciales para entregarse, pero nunca en la Argentina. "Charlie, ¿qué tal? ¿Cómo estás? Yo no estoy en Paraguay, estoy en Buenos Aires. No puedo salir y moverme por ahí con tranquilidad. Me puedo mover pero no tan cómodo", reza el mensaje y continúa: "Yo, si me entrego va a ser en Paraguay o en otro lugar porque va a tener injerencia Estados Unidos u otros países sobre mí, así no quedo a disposición de Argentina. Yo te vuelvo a decir: no confío nada en Argentina. Perdóname estos 3 años, dos meses me tuvieron jueces y fiscales a disposición para manejar el tiempo que se les cantaba el orto a ellos. Lamentablemente esta vez no tienen más el poder así que lo voy a manejar yo. Dentro de un mes voy a estar en contacto directo con vos, te llamo o nos encontramos", avisó Pérez Corradi.

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