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lunes 22 de agosto de 2016

"La grieta": cuando las peleas por política en la familia son necesarias

"Las grietas en Argentina no son algo nuevo", consideró un psicólogo, y agregó que "las antinomias colonizador-colonizado, unitario-federal, conservadores-progresistas o peronistas-antiperonistas han sido alimentadas intencionadamente.

"La grieta", la discusión por cuestiones de política, se instaló durante los últimos años en la sobremesa familiar, generando peleas y rupturas, pero -según coinciden diferentes especialistas-, es una expresión de las diferencias, necesaria para cualquier cambio.


"En el consultorio psicoanalítico es habitual escuchar momentos de angustia y desconcierto ante las discusiones políticas en el ámbito familiar. Padres, hijos y hermanos debieron, frecuentemente, resolver si concretar o postergar reuniones ante exacerbadas controversias sobre el rumbo político, social o económico", comentó a Télam el médico psicoterapeuta Roberto Zivak.

Sin embargo, "las grietas en Argentina no son algo nuevo", consideró el psicólogo, y agregó que "las antinomias colonizador-colonizado, unitario-federal, conservadores-progresistas o peronistas-antiperonistas han sido alimentadas intencionadamente a partir de diferencias conceptuales con intereses económicos, políticos y de poder".

En este sentido, la psicoanalista Irene Fridman llamó a "desmitificar la grieta" y sostuvo que los conflictos familiares por posiciones políticas antagónicas suelen surgir en momentos de cambio: "Así sucedió, por ejemplo, con la ley de divorcio durante la presidencia de Alfonsín, que ocasionó discusiones muy fuertes en el interior de muchas familias".

"No hay que temer a las discusiones apasionadas, en cualquier proceso de cambio es necesario sostener las diferencias y las tensiones entre lo nuevo y lo viejo. Lo que no hay que hacer es utilizar la política para el ejercicio de la violencia", consideró Fridman, quien es miembro de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.

Según la especialista, sólo en el intercambio es posible reflexionar sobre el punto de vista del otro y su manera de abordar los problemas: "sin la interlocución se cae en el autismo y el fundamentalismo", remarcó.

"Las discusiones son con fundamentos y argumentaciones, y no tienen resolución, las tensiones son las que posibilitan los grandes cambios. Las investigaciones científicas, por ejemplo, también se sostienen con diferencias muy profundas, y en la historia hay muchos ejemplos de los ataques recibidos por los grandes innovadores, lo admirable en ellos es la pasión."

Según Zivak, las claves para practicar el debate son "escuchar, pedir argumentos y no tomar una opinión como problema personal, contextualizar la discusión y fomentar la cultura democrática recordando los riesgos de la intolerancia y el fanatismo".

Además, añadió que "para un desarrollo psíquico autónomo" es necesario asumir las diferencias y canalizarlas positivamente, ya sea a través del debate o la militancia, y consignó que "la recuperación del debate político hace a un proyecto vital de maduración y crecimiento individual, familiar y social".

Mas allá del aspecto individual y el entorno familiar, "el conflicto atraviesa siempre a las sociedades", dijo en diálogo con Télam el sociólogo Pablo Baumann, para quien "el conflicto social y los elementos amalgamantes son parte de una tensión, y las sociedades son esa mezcla de enfrentamiento y cohesión".

El mito de que en algún momento hubo unidad completa que sostiene la idea de la grieta "desconoce que las sociedades están conformadas por esa multiplicidad", agregó el experto, quien además es docente e investigador en la Universidad Nacional de Quilmes.

"La grieta es un fenómeno comunicacional que no puede desligarse de cómo se reformula el aparato de los medios, convergiendo tecnológicamente y concentrando su propiedad. Cuando hablamos de concentración el peligro es que se anule la diversidad, y que el conflicto empiece a verse como algo disruptivo y no dinamizador", concluyó.
Fuente: Télam

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