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sábado 14 de mayo de 2016

Fue docente, descubrió los archivos del Plan Cóndor, le dieron un Nobel y el proximo 27 escuchará el veredicto

Martín Almada era profesor universitario en La Plata el 26 de noviembre del '74 cuando lo detuvieron, luego de la tesis doctoral "Paraguay, Educación y Dependencia".

Martín Almada (79 años) fue secuestrado en el marco del Plan Cóndor en el '74 -un año antes de la firma del acta fundacional represiva- y permaneció en calidad de detenido hasta el '77 pasando por diferentes lugares clandestinos desde donde, sin darse cuenta, y "de puro aburrido" fue descubriendo el nido y el accionar del Cóndor, archivos que años después aportó al juicio que se sigue en nuestro país, cuyo veredicto se conocerá el próximo 27.

Diálogos casuales, detenidos militantes y otros no tanto, ex parejas despechadas de supuestos altos mandos del ejército y hasta curas fueron delineando el camino que Almada siguió sin saber, sin querer, obnubilado por dos preguntas: ¿Cómo había muerto su esposa?, y ¿por qué en las salas de torturas había coroneles de otros países?.

Almada -quien años después recibió la distinción del Nobel Alternativo de la Paz de manos del Parlamento sueco- tiene la esperanza de que "se condene a los genocidas de la región, cuyos nombres, procederes y acciones fueron debidamente probadas y figuran en los más de 700 mil documentos que conforman el Archivo del Terror, descubiertos por él en Paraguay, los que pesan no menos de cuatro o cinco toneladas", contó en una entrevista con Télam.

Esos papeles "muestran la vinculación de Estados Unidos con el Plan, de la mano de (el secretario de Estado, Henry) Kissinger como el cerebro de la operación, secundado por el dictador Augusto Pinochet (quien en septiembre del '73 derrocó al presidente chileno Salvador Allende) y Manuel Contreras (creador de la DINA, el aparato de la inteligencia chilena)".

Pero él es un testimonio vivo. Era profesor universitario en La Plata el 26 de noviembre del '74 cuando lo detuvieron, luego de la tesis doctoral "Paraguay, Educación y Dependencia".

"Cometi dos errores (según los militares), uno fue el de denunciar el primer espionaje masivo en Paraguay de la CIA; y el segundo, fue basar mi trabajo en la metodología Paulo Freire que planteó la educación liberadora", evaluó décadas depués.

Contó que "en los corredores de la universidad de La Plata (antes de su detención) un día me encontré con el coronel militar argentino Juan Carlos Moreno - a quien conocía por vínculos con la Embajada en el marco de su actividad académica- y pensé que sus hijos estarían estudiando allí porque además estaba de civil. Nos pusimos a hablar pero me pude dar cuenta de que se incomodaba cuando yo le hablaba fuerte de su actividad militar. Dijo que ya estaba jubilado, y que se desempeñaba como secretario técnico del rector, Guillermo Gallo".

"Luego, en el 92, supe que en realidad era servicio de inteligencia del Ejército y que estaba allí para hacer la lista de los subversivos. Presumo que él envió mi tesis. Así es como me detienen a mi y a mis sobrino (que estaba conmigo en ese momento), y días después a mi esposa", relató.

"Nos metieron a los dos en un vehículo que tenía un centro móvil de tortura. Luego me mandan a una sala donde había militares de Argentina, Brasil, Uruguay. En 30 días presencié unas 1200 torturas, a mi sobrino, por ejemplo, le sacaron un ojo en las primeras sesiones", añadió.

Almada contó que se preguntaba "por qué me torturan militares de otros países. Al poco tiempo ellos, me cuentan del secuestro de mi mujer, y me muestran un recorte de diario con supuestas condolencias mías ante su supuesto suicidio".

"Ahí supe que había muerto pero yo sabía que era imposible que se suicidara, por su personalidad, así que los dos interrogantes que me movieron siempre fueron saber cómo había fallecido ella y, de vuelta, por qué había militares de otros países. Con el tiempo pude reconstruir, gracias a testimonios, que ella falleció de un ataque cardíaco cuando en medio de una sesión de tortura le dijeron que yo había muerto y le hicieron escuchar mis gemidos grabados en las torturas", especificó.

Almada sabe los nombres y apellidos de cada uno de sus torturadores, "primero me interroga coronel chileno Jorge Oteguiza López, supe después que era servicio de inteligencia. Él quería conocer mi vínculo con universitarios chilenos porque sabía que había hecho un curso en la universidad de ese país antes de ir a La Plata. Luego vino un comisario argentino, Hector García Rey, jefe de policía de Córdoba, que quería saber sobre mis vínculos con los de La Plata. Después supe que fue jefe de policía de la provincia de La Rioja durante el menemismo".

"Todos tenian un interrogatorio bien organizado, país por país, y datos precisos", indicó y agregó que "de esta forma comencé la investigación del Cóndor en el mismo nido del Cóndor, en una oficina llamada Interpol en Paraguay, preso".

"Esa Interpol se estaba creando con apoyo de la DEA y del dictador argentino Jorge Rafael Videla junto a Stroessner, ellos creían que por haber mostrado el documento de la CIA en la tesis yo era un "agente de Pekin, de La Habana y Moscú; y me calificarom como terrorista intelectual. Nunca pensaron que fue un trabajo de investigación en Paraguay bien local, y hecho hasta artesanalmente" bromea, poniendo algo de humor en la densidad del testimonio.

"Después de 30 días me envían a otro sitio lindero a la comisaría 1. Un día, cae preso un comisario de la polícia secreta porque tenía un hijo estudiante en la Argentina que había sido elegido como presidente del centro de estudiantes de una universidad. Este comisario, por no delatar a su hijo se convirtió en un subversivo y fue castigado con nosotros", contó Almada.

Fue él, el que empezó a ponerle nombre a esas caras y el que le dice a Almada: "Estamos en la guerra del Cóndor", a lo que el docente le repregunta si habla de un animal: "No, son Pinochet y Contreras", le responde el comisario. Almada insiste a través de los días hasta que el comisario le recomienda: "Tiene que leer la policial paraguaya donde están todos los datos del Cóndor. Usted es inteligente, profesor, sepa leer", recuerda. "Eso me quedó y lo hice años después".

"Estuve detenido ahí de diciembre a mayo del 75, en junio fui castigado y me mandaron a la comisaría 3 (era la cárcel de máxima seguridad) donde me encuentro con un argentino, Amilcar Latino Santucho, y también, la vida aburrida nos hace hablar y hablar hasta que me cuenta que cayó detenido a manos de un chileno. Esa es la segunda vez que me hablan del Cóndor", añade Almada.

"Paraguay era el vientre del Cóndor porque la dictadura estaba instalada desde décadas, era más fácil para ellos", analiza y cuenta que siguió en ese lugar hasta septiembre del '77, rodeado de más de 400 prisioneros, hasta que hizo una huelga de hambre de 30 días tras la cual intervino Amnesty Internacional y lo liberaron.

El docente descubrió además, "que los miiltares de la región no solo estaban coordinados para perseguir comunistas sino que también tenían un banco cuyo gerente era Carlos Barbieri Fillio un brasileño y estaba metida la secta Moon. Luego, en el 92, cuando encontré los archivos, se comprobó que el banco quebró, ni bien recuperada la democracia".

Hacia fines del '77 Almada logró huir hacia la embajada de Panamá. "Era donde menos guardia había, llegué un 25 de diciembre y pude entrar porque el único guardia que había estaba borracho y dormido".

"Allí me recibió el general Omar Torrijos y me trató con mucha consideración. El gobierno de Panamá hizo una gestión ante la ONU y me recomienda incluso en la UNESCO donde me llevan como consultor para América Latina. Resido en París desde donde junto a mis tres hijos (de 7, 15 y 17 años) y mi madre me vinculo con la gran comunidad de paraguayos que existía", contó, tras recordar, entre risas que "de pronto pasé a usar autos oficiales, y a tener todo pago, parecía millonario", ironiza.

También se entera de la forma precisa en la que falleció su mujer: "Cuando nos torturaban y nos ponían la picana en los testículos querían que gritáramos pero como en un momento determinado ya no tenia fuerzas, solo pude emitir gemidos. Esos sonidos fueron grabados por los torturadores, y se los hicieron escuchar a mi mujer diciéndole 'el educador subversivo está muerto, venga a llevar su cadáver. Ella, no lo resistió", dijo Almada haciendo una gran pausa en el relato.

El profesor continuó desde Paris investigando la trama del Cóndor a través de las revistas policiales paraguayas que le habían recomendado los mismos que tuvieron vinculación con los genocidas.

"Los estudiantes en París me trajeron toda la colección y fue entonces cuando conocí a un sacerdote llamado Karle Antoine, director de la revista sobre América Latina, quien me volvió a hablar del Cóndor. Me cuenta que el general boliviano, Hugo Banzer, era el encargado de 'limpiar' la iglesia católica y que había una receta para hacerlo. Receta de la que fue víctima el monseñor Enrique Angelelli y otros sacerdotes. Lo cierto es que él me mostró el camino y juntos llegamos a los archivos del Cóndor", contó.

"Había tres lugares posibles en Paraguay y cuando cae Stroessner volví a mi país. El 25 de mayo del 89 inicie mi primera querella contra él por cómplice y encubridor de la muerte de mi esposa. Querella que aún duerme en los cajones de los jueces", analizó.

En junio del 92 cambia la Constitución, y bajo la figura del Hábeas Data, Almada se vuelve a presentar ante la Justicia paraguaya, la que le responde que según los registros el y su esposa jamás estuvieron detenidos allí.

Pero su investigación con el cura continua hasta que llegan a una propiedad lindera a una comisaría de Asunción "donde una viejita me recibe, me agradece la lucha y luego, perdiendo toda la ternura, me reprocha haberme exiliado. Me cuenta que le expropiaron la tierra y que debe convivir con los policías. Incluso le habían secuestrado un hijo ante la resistencia inicial de desprenderse de la propiedad".

"Me dice también: 'Maestro cuando hay truenos y relámpagos no venga usted acá'; y comienza a llorar. Me dice: "los argentinos lloran, los chilenos lloran, los brasileños lloran, y son almas en pena. Yo sentí en mi corazón, 'es el Cóndor'".

"Pedimos juidicialmente que se investigue ese lugar y se allane la central de policía pero no obtuvimos resultados, entonces seguimos visitando los campos con el cura y como yo llegaba en autos oficiales y se me veía con lujos por mi actividad diplomática, decía que quería ver los campos para comprarlos. Todos me creían. Yo era un millonario confiable", volvió a contar entre risas.

Hasta que una noche "viene a verme una mujer que tenía dientes de oro, algo muy común en las esposas o familiares de militares, muy bien vestida ella, y elegante. Me dice: 'Profesor, yo sé que usted es inocente y quiero colaborar. Hace 3 meses le entregué a un senador del partido radical Francisco de Vargas (padre del actual ministro del interior) este plano del Cóndor'. Me extiende un dibujo, y agrega: 'Acá está todo lo que necesita'. Yo voy con eso a hablar con el juez José Agustin Fernández y el 22 de diciembre del 92, encontramos los 700 mil documentos del Archivo del Terror", evocó Almada.

El docente "nunca" olvidará a aquella mujer que sospecha "era alguna esposa despechada de algún miiltar". También guarda en la memoria el agradecimiento a Jerónimo Burgos (ex miembro de la Corte Suprema de Justicia), la persona que le "mostró el camino para poder actuar dentro del Poder Judicial".
Años después, Francia lo condecoró por su trabajo y en el 2002 recibió el Premio Nobel Alternativo de la Paz.
Fuente: Télam

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