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domingo 03 de mayo de 2015

“Encontrar a un desaparecido es duro y difícil, pero tiene un efecto reparador”

Por Paola Alé
ale.paola@diariouno.net.ar
Antagonista innata del silencio, la mentira y la desmemoria. Esta podría ser una breve descripción para ubicar al lector frente a la antropóloga forense Silvana Turner.
Referente mundial en esta disciplina y miembro del Equipo Argentino de Antropología Forense, formado cuando la década del ’80 promediaba y comenzaba a vislumbrarse un halo de claridad después de la década más oscura del país. Apenas había cumplido 19 años, comenzaba su carrera y ya sabía que quería poner sus conocimientos al servicio de la identificación de los cuerpos de tantos jóvenes   que la dictadura se tragó. Desde entonces decidió devolverlos a la superficie. Porque cada uno de esos huesos habla. Cuenta. Grita. Advierte. Esos huesos no sueñan, están despiertos para siempre. Aúllan una verdad que el nefasto terrorismo de Estado quiso ocultar y que finalmente, como un rompecabezas delicadamente reconstruido, sale a la luz. Turner es quien puso a la ciencia al servicio de la palabra, la verdad y la memoria.
–¿Cómo comenzó a dedicarse a la tarea de antropóloga forense?
–Soy antropóloga, y conocí la experiencia del equipo que se estaba iniciando en Buenos Aires –se refiere al Equipo Argentino de Antropología Forense, el EAAF–. Me sumé cuando era muy joven y luego cuando egresé lo elegí como práctica profesional para el resto de mi carrera.
–¿Cuáles serían las etapas de su trabajo en la práctica?
–Nuestro trabajo se divide en tres etapas y empieza por la investigación histórica del caso, el acceso a la documentación y a los testimonios. Una vez concluido este momento que es puramente de recabar datos, el segundo paso es la recuperación arqueológica de la evidencia física. Por último, lo que hacemos es el análisis de esa evidencia en el laboratorio, donde utilizamos las disciplinas de la antropología biológica.
–¿Cuál es la finalidad?
–Puntualmente es la identificación de los restos y aportar elementos sobre la posible causa o manera de muerte. Por eso somos auxiliares de Justicia, nuestro rol es el de peritos, entregar un informe, una pericia a la autoridad que va a tomar una decisión sobre un caso para que tenga mayores y mejores elementos en el momento de hacerlo.
-¿Cómo se formó el equipo?
–Un poco tiene que ver con la capacidad de emplear la antropología y la arqueología como herramienta para la investigación de este tipo de casos. De hecho antes de que se creara el EAAF no existía. No había antropólogos forenses. Fue la necesidad la que generó la existencia del equipo y por fuera del Estado. Antes este trabajo no podía realizarse El tema es en el caso de restos óseos. Porque ante el hallazgo de un cadáver, intervienen los médicos forenses, se hace una autopsia, y una investigación por huellas dactiloscópicas. En el caso nuestro, con lo que contamos es con restos óseos. Por eso es la especificidad del trabajo en primer lugar de los arqueólogos, dedicados a la recuperación, y el de los antropólogos, que se dedican al análisis. Son capacidades de estas profesiones en particular, porque los médicos forenses no fueron adiestrados en esas técnicas.
–Además de los cementerios, en qué otros lugares han recuperado restos óseos de posibles desaparecidos.
–No sólo en cementerios, también hemos exhumado restos en fosas comunes de campos militares y de las Fuerzas Armadas, como en Tucumán. Cualquier denuncia que nos lleve a un posible lugar de entierro se investiga.
–El tema es que los militares hicieron un pacto de silencio para no decir el lugar donde enterraban a los desaparecidos.
–Eso es un problema. No hay informaciones precisas sobre los lugares de entierro, sobre todo a campo abierto. Entonces las búsquedas se pueden hacer muy extensas, y muchas veces infructuosas, pero siempre ante la denuncia o la existencia de alguna posibilidad de hallazgo, indefectiblemente se investiga.
–¿Han podido rescatar restos de las personas que arrojaban al río  por medio de los llamados vuelos de la muerte?
–No se han recuperado del río sino que aparecieron cuerpos en las costas, tanto de Argentina como de Uruguay. Se pudo corroborar que fueron arrojados de altura. Son casos que hemos investigado en los últimos años. El cadáver aparece en la costa porque la marea lo trae. Una vez que se produce el hallazgo es enterrado en un cementerio. Nosotros los hemos recuperado así.
–Sabemos que no sólo han participado en búsqueda y recuperación de restos de desaparecidos en Argentina, sino que los han convocado de otros países. ¿Cómo fue trabajar en la recuperación de los restos de Ernesto “Che” Guevara?
–Sí, fue un caso en el que el equipo actuó entre 1996 y 1997, a partir de una denuncia. Los militares en Bolivia nos convocaron para trabajar en un equipo que durante casi dos años se dedicó a este caso en forma interdisciplinaria con científicos cubanos.
–Además del Che, se deben de haber identificado otros restos...
–Por supuesto, por lo menos una veintena de personas. Hasta que se dio con una fosa en la que estaba el Che. Fue una experiencia diferente, un poco por el personaje. Pero el trabajo que realizamos es el mismo.
–¿Ustedes tienen contacto con los familiares de desaparecidos?
–Esa es prácticamente una premisa del equipo. Nosotros no avanzamos en la investigación de casos si la familia no está de acuerdo. Nuestra fortaleza es esa, el vínculo de confianza que establecemos con ellos. Esto ha sido así desde el comienzo de nuestro trabajo.
–¿Ellos les pueden hacer preguntas con respecto, por ejemplo, a la manera en que sus familiares fueron asesinados?

–Por supuesto, eso es parte de nuestro trabajo. Por la investigación histórica se logra saber cuándo, dónde, cualquier información que haya sobre el caso, sobre la persona en vida. Hay personas que desconocen absolutamente todo, desde el momento del secuestro de su familiar. Entonces cualquier información que obtengamos sobre el caso  obviamente el familiar es el primer destinatario.
–Debe de ser fuerte y movilizante ese momento.
–Sí, pero es importante saber y es la intención de nuestro trabajo. El acceso a la verdad obviamente es duro y difícil, pero encontrar a un desaparecido creemos que tiene un efecto reparador.
–¿Cuánto dura aproximadamente una investigación de este tipo?
–Es variable, no lo podemos saber; a veces pasan años o puede ser una búsqueda infructuosa. Como estamos en un proceso de recuperación masiva de datos, indiscriminadamente les proponemos a los familiares que den una muestra de sangre para el banco de datos.
–¿Y desde cuándo están realizando este trabajo de identificación en Mendoza?
–Hace tres semanas que estamos trabajando en Mendoza en esta última etapa pero  hace cinco años que venimos haciendo visitas acotadas.  En este caso estamos trabajando en el contexto de los juicios que se están llevando adelante en Mendoza, porque nosotros actuamos como auxiliares de la Justicia y es un trabajo que aporta evidencia a los casos. Seguimos avanzando en las pericias  en el cuadro 33 del Cementerio de Capital. Puede ser un trabajo lento pero esperemos que dé frutos.
Buscadora de la verdad Silvana Turner
Comprometida. A mediados de los ’80 y con 19 años, Silvana Turner, estudiante de Antropología, ingresó al Equipo Argentino de Antropología Forense. La organización se conformó para investigar los casos de desaparición de personas en Argentina durante la dictadura cívico militar que comenzó en 1976. 
​También colaboró con la búsqueda  en otros países en los que se vivieron procesos similares. Como hito puede mencionarse la búsqueda e identificación de Ernesto Che Guevara, y la investigación de la desaparición de los 43  estudiantes en Ayotzinapa, México. 
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