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domingo 19 de junio de 2016

El millonario botín en el convento, que provocó un quiebre en el kirchnerismo

El secretario de Obras de Néstor y Cristina durante 12 años está preso tras ser denunciado por un vecino de las monjas, cuando arrojaba seis valijas con casi 9 millones de dólares, euros y relojes

José Francisco López tiene 55 años, es tucumano y cuando se recibió de ingeniero civil en 1986, se fue a vivir a Santa Cruz. Desde 1991, ocupó cargos públicos, primero en esa provincia y después a nivel nacional. Toda su carrera de funcionario estuvo directamente relacionada con el kirchnerismo. Desde el primer día del gobierno de Néstor Kirchner como presidente hasta el último del de Cristina Fernández, ocupó el cargo de secretario de Obras Públicas de la Nación. Apenas un escalón más abajo que Julio De Vido. Manejó la caja más grande del Estado. Miles de millones de pesos. Toda la obra pública. Por eso, los gobernadores mendocinos Julio Cobos, Celso Jaque y Francisco Pérez debieron tener trato con él. Lo curioso es que, a pesar de que ya estaba mencionado en causas judiciales por supuestos manejos fraudulentos de fondos, su nombre y su rostro recién se hicieron realmente conocidos esta semana, luego de que cayó preso.

Su detención causó un gran cimbronazo en el mundo K, tanto en políticos y artistas como militantes, quienes se lamentan que este personaje haya sido parte del gobierno anterior. Incluso, la propia Cristina se expresó a través de Facebook diciendo que ella no le dio todo ese dinero y que es necesario que se averigüe de dónde salió.

Para que aquel casi absoluto anonimato se transformara en esta nefasta fama, se desarrolló entre la noche del lunes y la madrugada del martes una increíble secuencia policial, al más puro estilo de comedia italiana y el guión fue más o menos así:

José Francisco López no cenó el lunes. Su mujer ya había servido los dos platos, pero el tucumano no comió. Se levantó apurado, fue hasta uno de los dormitorios y comenzó a llenar algunos bolsos y valijas. Seis, en total. Casi 100 kilos pesaba todo eso. Después, llevó todo a su Chevrolet Meriva plateada.

La Meriva anduvo 65 kilómetros, la distancia que hay entre la casa de López –ubicada en la calle Belgrano al 1000, de Dique Luján, en Tigre– hasta General Rodríguez. Entre el tráfico y los cambios de ruta, a velocidad moderada, el viaje insume poco más de una hora.

En la casa de López, un coqueto chalet de dos plantas, con un parque amplio con pileta y un muelle sobre el río Luján, curso principal de la zona más codiciada del delta del Tigre, quedó su mujer. En un sector del parque hay un quincho y un cartel de madera tallada que dice: "Bienvenidos al Rincón de José".

En algún momento, la mujer también se fue. Todavía nadie se ha preguntado mucho quién es y qué hace. Solo quedó en la casa el perro labrador de la pareja, limpio, desparasitado y bien alimentado.

Mientras tanto, López llegó a General Rodríguez y tomó por alguna calle secundaria. No tuvo problemas para ubicarse, conocía bien el camino. Los vecinos dicen que iba seguido, hasta dos veces por semana.

Y llegó a destino: el convento Monjas Orantes y Penitentes de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, ubicado en un amplio terreno entre las calles Julio A. Roca, Crespo y Mansilla, a unos 50 kilómetros. La entrada es por la calle Comandante González, la única arteria asfaltada de esa zona. El convento depende de una "asociación privada de fieles", informaron en el Arzobispado de Mercedes/Luján. Hasta hace poco, apenas un mes, todo el predio estaba escasamente delimitado y se veía perfectamente desde afuera. Luego le hicieron un cierre de dos metros y medio, con alambre tejido, alambre de púas y lona color verde.

López tenía relación con el convento desde hace tiempo y había mantenido una relación fluida con Rubén Di Monte, arzobispo emérito de Luján, que vivió allí hasta su fallecimiento, en abril pasado. Ahora solo viven allí dos monjas de clausura y una monja superiora, María (94). Ella fue la única que habló con la prensa.

López, a pesar de que tenía llaves del portón y del edificio principal, no las usó. En cambio, detuvo la Chevrolet Meriva sobre una de las calles laterales. Apagó el motor y bajó.

Dicen que el testigo que hizo la llamada al 911 es Jesús Omar Ojeda, un hombre de 49 años que vive frente al convento. En la grabación de la llamada, que se difundió ampliamente, pero sobre la que no se informa la hora en la que fue hecha y en la que Jesús se identifica como Oscar, se escucha la voz del denunciante que dice: "Hay un auto parado acá en Mansilla 706, en Rodríguez" y luego agrega: "Hace como una hora un hombre tiró un par de bolsas adentro y saltó el tapial. Es un convento de monjas".

Los patrulleros llegaron tres minutos después, dicen.

La versión oficial sostiene que José López bajó del vehículo y comenzó a arrojar los bultos por arriba del alambrado, con la intención de enterrarlos en el predio del convento.

La hermana superiora le dijo a la prensa y a la Justicia que se encontró con un López nervioso. Que lo conocía, ya que iba seguido y había ayudado con el mantenimiento del convento, pero que nunca les dio dinero. Contó que esa madrugada López le dijo que había robado, que iría preso y que por ello les donaba lo que había en los bultos.

En los medios, la religiosa sostuvo: "Es un hombre muy bueno, pero estaba muy loco. Hoy vino, medio loco estaba. Decía: 'Me van a robar, me van a robar'. Eso dijo, le dije: '¿Por qué?', y dijo: 'Porque yo robé dinero para venir a ayudar acá'".

Qué había en los bolsos: una carabina automática Sig Sauer calibre 22, con la portación vencida y dos cargadores con 25 cartuchos; 160 paquetes termosellados, en los que se contabilizaron 8.982.047 dólares, 153.610 euros, 59.114, 425 yuanes y 2 ryales, un recibo de compra de un banco en Pekín, dos Iphone 6, dos relojes Rolex, dos relojes Omega, dos Hamilton y un Tommy. También había unos puchos apagados en el cenicero del Meriva.

Los billetes estaban muy húmedos y el conteo debió ser realizado a mano. López fue detenido en el convento sin oponer resistencia.

En las horas siguientes se disparó una serie de allanamientos ordenados por la fiscal de General Rodríguez, Alejandra Rodríguez. En la casa ubicada en la costa del río Luján, se encontró el estuche, el silenciador y proyectiles de la carabina. También había 2.400 dólares, más relojes, algunas joyas, documentación y una bodega con más de 400 botellas de buen vino.

Además, se inspeccionaron tres departamentos que tenía López en la Ciudad de Buenos Aires y se abrió una caja de seguridad que el tucumano tenía en una sucursal porteña del Banco Patagonia. Allí encontraron 80.000 dólares. Allanaron otras cinco propiedades en Santa Cruz y Tucumán.

Finalmente, la Justicia Federal ordenó congelar todos sus bienes y cuentas bancarias mientras López sigue detenido en el penal de Ezeiza, ahora en un pabellón psiquiátrico.

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