País - Alejandro Fantino Alejandro Fantino
domingo 04 de septiembre de 2016

El médico justiciero del que habla todo el país se arrepiente de tener un arma

Dice que no le aconsejaría a nadie tener una en su casa, luego de haber matado de cuatro disparos a un joven delincuente que intentó robarle su auto a la salida de su consultorio. La historia.

-"Papá mirá lo que encontré.

-¿De dónde sacaste eso, hijo?

-No lo saqué de ningún lado. Lo encontré frente a la casa de fulano.

-Bueno, yo te voy a mirar desde acá y vos vas y lo dejás en el mismo lugar donde lo encontraste".

El detalle de esa anécdota de cuando tenía 8 años y encontró un puñado de dinero en una vereda de Iturbe, pueblo paraguayo donde habitó durante su infancia junto con su familia en una casa de barro y techo de paja fue uno de los recuerdos que el cirujano Lino Villar Cataldo (61) compartió el miércoles con Alejandro Fantino y los espectadores de su programa, que tuvo el pico de rating más alto de los últimos tres meses.

Fue el primero y, hasta ahora, el único medio en el que quiso hablar apenas fue excarcelado, luego de haber matado de cuatro balazos a un joven de 24 años que el viernes 26 de agosto había intentado robarle su auto cuando salía de atender en su consultorio de Loma Hermosa, en el partido bonaerense de San Martín. Ahora, con el desenlace fatal, se arrepiente de haber decidido portar un arma para defenderse.

Delante de esas cámaras de televisión, eligió hablar y mostrarse, aún luciendo un hematoma en la frente producto del cañonazo que le dio, quien terminó siendo su víctima fatal cuando lo sorprendió arriba de su Toyota Corolla para robárselo. También eligió hacerlo poniendo sobre la mesa que compartió con el conductor de Animales sueltos los cuatro libros de anatomía del doctor Testut con los que estudio en la Facultad de Medicina y que pudo rescatar del incendio en el que su familia y varios vecinos de la villa donde vivía perdieron todo, cuando ya vivía en Argentina. "Yo dije no puedo perder esto porque no los podía volver a comprar. Me metí en el medio del incendio mientras mi madre me gritaba. Estos son los libros que rescaté", dijo apoyando la mano sobre ellos, como quien lo hace sobre una biblia para jurar decir la verdad, ante un tribunal de justicia.

Quizás porque sabía que detrás de las pantallas por donde se transmitía su imagen, en vivo y en directo, habían miles de ciudadanos queriendo juzgar, para bien o para mal, su accionar. Quizás porque sabía que ese era uno de los testimonios que le servirían para dar a conocer parte de su historia. Con capítulos que supieron de pobreza y marginalidad, como también hubo en la trama de la vida de Ricardo Nunu Krabler, papá de una niña pequeña que solía salir a juntar cartones en un carrito, pero que también delinquía y por lo que ya había estado preso apenas alcanzó la mayoría de edad.
"En ferrocarril llegamos a la estación Federico Lacroze, nos subimos al tren y mientras viajaba mirábamos las casas de un lado a otro y yo pensaba cuál será mi casa. Veía casas lindas que no veía en mi pueblo. Cuando llegamos a la estación, con todos los bultos, llegamos a una villa miseria. Ahí sentí la sensación de angustia enorme. Yo dije: no, porque al menos allá en el campo corríamos", relató con pesar acerca de su llegada al país, luego de que su papá le escribiera una carta a su madre diciéndole que se viniera de Paraguay junto con sus tres hijos. Fue en 1969 y su progenitor llevaba tres años trabajando acá para poder mandarles dinero, aceite y frazadas.

La geografía en la que hizo pie en ese entonces era similar al sector carenciado del Libertador, barrio donde Krabler vivió hasta hace 10 días cuando fue asesinado: con precarias habitaciones funcionando como casas, separadas por pasillos, entre calles de tierra y con servicios públicos brindados a medias. Hubo similitudes entre ambas infancias pero, evidentemente, también tajantes diferencias en las herramientas de las que pudieron valerse para forjar su porvenir.

Siguiendo con su relato, después del siniestro en el que los Villar Cataldo perdieron todo, lo que ocurrió en 1973, esta familia debió trasladarse a una sociedad de fomento y Lino tuvo que pasar de la Universidad Nacional de La Plata a la Universidad de Buenos Aires. Hasta allí llegaba en el tren Roca porque no podía pagar el colectivo y fue donde, finalmente, obtuvo el título de médico a los 24 años.
"Cuando me entregaron el diploma, mi papá me frenó y me dijo: 'hijo te felicito, ya sos un profesional. Lo único que te voy a pedir en la vida es que cuando un pobre llegue al umbral de tu consultorio y te diga no tengo para pagar la consulta, que nunca dejes de atender a esa persona'", recordó de su graduación, y aseguró ante las cámaras del canal América que fue lo que cumplió a rajatabla en ese domicilio de Loma Hermosa adonde vivió, en un principio, y que luego se convirtió en su consultorio, pero también en el hogar de su hijo y su familia.

Esa residencia donde forjó gran parte de una carrera profesional que le dio éxito y la posibilidad de progresar económicamente. Esa residencia adonde el destino lo cruzó con el ladrón con quien tuvo otro punto en común, ya frente a frente compartiendo el mismo tiempo y espacio: ambos tenían un arma. Consecuencia, quizás, de que a los dos los privaron del mismo derecho como ciudadanos, el de acceder a una seguridad social.

"Nos matan aunque uno entregue absolutamente todo. Llévense todos y también nos matan. El auto que me quisieron robar es la reposición del que me habían robado el año pasado", se defendió Villar Cataldo, describiendo que al arma la dejaba siempre en el cantero cuando sacaba el vehículo y que de ahí la tomó esa noche en la que le disparó al ladrón cuatro veces, porque supuestamente él lo amenazaba con que lo iba a matar con su pistolón.

De lo que ocurrió entre los dos, hoy sólo hay una campanada para escuchar. El médico la aprovechó y supo sensibilizar a gran parte de la sociedad argentina que no ha parado de opinar defendiendo lo que popularmente viene instaurándose como el "hacer justicia por mano propia", una actitud más en contra del delincuente que de la delincuencia; promovida tal vez por quien cuestiona más al "pobre" que a la "pobreza".

En la vereda opuesta se pronunciaron otros, entre ellos los familiares del fallecido. El hermano lo hizo en las redes sociales –por lo que ya fue imputado– amenazando al médico de muerte y jurando venganza. También lo hizo Silvia, su madre, poniendo en dudas algunas de las declaraciones del cirujano y diciendo: "Yo tengo Facebook y me mandan un montón de cosas, como 'que se mueran todos. Morite vos también'; un montón de cosas. No le deseo ni a mi peor enemigo lo que me pasó. No se rían tanto de mi desgracia porque nadie está exento de que lo fusilen como lo fusilaron a mi hijo". Pero también aquellos que quieren abrir el debate, y ver un poco más allá.

Sin embargo, mientras los argentinos discuten hay cámaras que grabaron el asalto y están siendo revisadas. Hay un testigo que declaró haber oído algo de lo que ocurrió. Además hay un peritaje por el que debería reconstruirse a la perfección lo que pasó ese viernes. Pero también hay leyes, y no justamente las de la selva. Hay una Justicia que deberá actuar, pese a quien le pese.

Las pericias balísticas se contradicen con su declaración inicial

Sucedió el viernes 26 de agosto, pasada a las 21, en el cruce de El Ombú y El Pensamiento, en Loma Hermosa, cuando Lino Villar Cataldo salía de su consultorio a bordo de su Toyota Corolla y fue abordado por un joven armado con un pistolón, el cual, se determinó luego, no estaba cargado. En su descargo, el médico dijo que el asaltante lo golpeó en la cabeza, lo sacó del auto tomándolo de la ropa, luego lo embistió cuando dio marcha atrás con el vehículo y que, estando él tirado en la vereda, le apuntó y le dijo: "¡Te voy a matar hijo de puta!". Ante esta situación, aseguró que tomó del cantero de su consultorio una pistola Bersa Thunder Pro 9 milímetros, de la que es legítimo usuario, y disparó cuatro veces contra el delincuente, quien murió dentro del auto.

Tras mantenerlo detenido hasta el miércoles, el juez de Garantías 2 de San Martín, Lucas Oyhanarte, decidió excarcelarlo bajo una fianza de $1.000.000, mientras continúa el proceso tendiente a determinar si actuó o no en legítima defensa. Para la Justicia, el médico sigue procesado por homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

La fiscal Diana Mayko, que investiga el asesinato, tiene datos que resultan sospechosos frente a la declaración del médico y las pericias balísticas. Una de las dudas es que el delincuente se sentó sobre el arma y el relato del médico no coincide si efectivamente el ladrón le estaba apuntando en el momento del asalto. También se analizan los disparos porque no cierra que haya tirado desde abajo cuando lo estaba amenazando. Además aparecieron dos vainas servidas de cuatro disparos, y que por la trayectoria partieron desde otro lugar y no desde donde él relata. La Justicia quiere analizar la distancia porque sospechan que le disparó desde muy cerca.

Casos similares ocurridos en el país

Junio de 1990

El 16 de junio de 1990, dos delincuentes a bordo de un Chevy robaron el estéreo del auto de Horacio Santos, que al escuchar la alarma subió a su vehículo y salió tras ellos acompañado por su señora y luego de una persecución los mató de un tiro en la cabeza. En primera instancia, la jueza lo condenó por homicidio simple, porque consideró que el medio empleado guardaba una relación desproporcionada con la magnitud del delito. Pero la Cámara de Apelaciones rechazó el fallo y cambió la carátula por homicidio culposo, aliviándole la pena. Primero fue condenado a 12 años de prisión, pero después se la redujeron a tres años en suspenso: los jueces opinaron que había actuado en un exceso de legítima defensa. A partir de este caso, se inventó en el ideario popular la figura del "justiciero", la persona que usa un arma para defender algo de su propiedad que le iba a ser robado.

Marzo de 2002

Salvador Zamora festejaba con familiares y amigos el cumpleaños de su hijo Hugo, de 35 años, en su finca de la localidad de Bouwer, a 20 kilómetros al sur de la capital cordobesa. En medio de la fiesta irrumpieron en la vivienda cinco delincuentes con armas y capuchas. Al ver esto, el hombre corrió a buscar su escopeta y comenzó un intenso tiroteo dentro de la propiedad, en el que resultaron heridos el hijo y el suegro de Zamora, y que provocó la fuga de los asaltantes. Zamora prosiguió con los disparos y mató durante el escape al delincuente Lucas Damián Pérez, de 20 años. El fiscal de la causa acusó a Zamora por "exceso en defensa propia". Sin embargo, la Cámara rechazó luego los cargos al establecer que el hombre "no pudo determinar la criminalidad de sus actos", debido a la situación crítica que le tocó vivir.

Marzo de 2012

"Cuando está en juego la vida de tu familia y la integridad física de los hijos, uno apela a cualquier circunstancia. Ves todo negro. Yo no me acuerdo de nada. Lo único que sé es que se corta la película cuando empieza la acción", relató sobre el calvario que vivió en su casa de San Isidro el famoso conductor televisivo Baby Etchecopar. Él mató a un delincuente en un robo a su casa, y quedó sobreseído por "legítima defensa privilegiada". Las pericias balísticas determinaron que en la casa se efectuaron al menos 37 disparos, de los cuales 25 fueron realizados por los ladrones y 12 por los Etchecopar.
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