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domingo 08 de mayo de 2016

De la ingenuidad política a la pereza intelectual

Mani pulite y show. Castigar la corrupción es un clamor social. Pero el gobierno de Macri pone un freno y el de Cornejo lo padece.

Un mes atrás, en este mismo espacio nos preguntábamos desde el título: "¿Aviva el caso Salgado el mani pulite provincial"?

Además de la interrogación, la columna trazaba una advertencia respecto de los riesgos que corre toda la clase política por la extrema judicialización que se va esparciendo por el ámbito nacional y, a la par, por Mendoza.

La escalada no se detuvo nunca porque los funcionarios actuales, pormenorizados lectores de encuestas, saben que la corrupción figura entre las preocupaciones centrales de los argentinos junto con la inflación y la inseguridad.

Además, sirve como bálsamo y contrapeso a la etapa del "ajuste" que se juzga necesario en rubros de la economía y de las instituciones.

Y también porque la desratización general, la limpieza de corruptos e ineptos es, según la línea conceptual del elenco gobernante, uno de los mandamientos que fulguran en las tablas de la ley de Cambiemos.

Un tópico peligroso
Todo bien hasta acá.

Nadie en su sano juicio, desde la escena pública, se pondría en contra de combatir la corrupción.

Hay consenso para aguzar la cruzada moralizante.

¿Cuáles son los riesgos, sin embargo, de ir alimentando descontroladamente dicho torrente?

Que se vuelva un show. Un entretenimiento banal. Un tópico.

Y cuando el tópico se convierte en moda, advierte Fernando Savater, "no es difícil adivinar que encubre alguna forma de pereza intelectual: el conocimiento realmente significativo nunca goza de tantas adhesiones".

El ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, pareció tomar nota del fenómeno cuando pidió prudencia a los jueces sobre las causas que conforman el mani pulite a Cristina Fernández.

"Nunca es bueno para un país que una ex presidenta caiga presa", manifestó Garavano.

Políticos a la parrilla
La caza de brujas extendida, junto con las frustraciones cotidianas, fomentan en la sociedad un clima de linchamiento contra todos y todas.

Anota Savater sobre el tópico en cuestión: "Uno de esos lugares comunes populares y vacuos es hoy el que proclama el descrédito de los políticos. Los políticos son torpes, venales, perniciosos y por tanto culpables de los padecimientos de la ciudadanía en crisis".

Nadie lo sufrió más en estas horas que la primera plana del gobierno de Alfredo Cornejo al presentar, como Dios manda, sus declaraciones juradas.

Los más expuestos fueron dos ministros: el de Seguridad, Gianni Venier, y el de Economía, Enrique Vaquié, y la vicegobernadora Laura Montero.

El Mercedes Benz SL 300 modelo 91 de Venier, valuado en un peso, terminó convertido en símbolo y en objeto de escarnio y burla, incluso por los periodistas porteños que se sumaron, alborozadamente, a la fanfarria.

Jueces y fiscales en la mira
¿En qué se beneficiaron Venier con su auto y Montero con una casa valuada en 70 centavos?

En poco y nada.

Sus bienes quedaron en la vidriera pública y el escaso monto de la valuación no los ayudará en el momento de dejar el cargo y demostrar que no se enriquecieron indebidamente.

¿Y por qué tanto escándalo? ¿Por qué tanto circo mediático?

Lo explica, con mesura, alguien que está en la vereda de enfrente, el diputado peronista Jorge Tanús: "Técnicamente, Venier y compañía hicieron lo correcto. Está contablemente bien, suponemos".

¿Entonces?

"Su error fue haber pecado de ingenuidad política. Debieron darse cuenta de la gran visibilidad que tienen sus cargos. Lo hubieran salvado fácilmente con una nota complementaria, donde figuraran valores normales de mercado".

El tema no pasará como una anécdota más para el Gobierno de Mendoza.

El peronismo va a devolver el golpe luego de que se lo increpara al ex gobernador Francisco Pérez por asuntos similares, de que el ex ministro Marcelo Costa sufriera un embate flojo de papeles por parte de la fiscal Claudia Ríos y de algunos casos resonantes como el frustrado jury –por ahora– al fiscal Daniel Carniello.

Entre otras cosas, le pedirán al gobernador Cornejo y a un miembro prominente del gabinete algunas aclaraciones sobre su acervo.

Mientras tanto, Tanús intentará que avance en la Legislatura un proyecto de ley que complementa el decreto de Pérez sobre la realidad patrimonial de los funcionarios.

Aporta una novedad sustancial: que jueces y fiscales, al igual que los políticos, efectúen su respectiva declaración jurada.

Será una ley de cumplimiento obligatorio para los tres poderes.

Dado el clima social, ¿se atreverá el oficialismo a bloquearlo?

Y hablando de clima social, dice Savater, para que nadie en el campo civil se haga el distraído: "En un sistema democrático todos somos políticos en ejercicio".

Claro, pues "los que mandan son nuestros mandados" –es un concepto que podría suscribir el gobernador Cornejo–.

Por ende, finalmente: "En democracia, cualquier crítica a los gobernantes es en realidad una autocrítica de los ciudadanos".

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