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sábado 30 de abril de 2016

"Dar a conocer la información pública no es sinónimo de gobierno transparente"

Romina Colman se reconoce como una periodista apasionada por la búsqueda de información pública para que sea accesible a cualquier ciudadano que quiera consultarla y utilizarla.

Dicen que desde niños cada uno de nosotros tiene claro su destino, pero que después lo olvidamos. Ya de adultos, pasamos años, frustraciones, desencuentros y reencuentros con nosotros mismos para volver a tener las cosas tan claras como a los 6 o 7 años. A esa edad, alcanzar la verdad es sólo estirar la mano o "unir con puntos", como dijo la periodista Romina Colman, especializada en análisis de datos públicos e integrante del equipo de La Nación Data.
Si una niña pequeña prefiere los noticieros a los dibujos animados y siente una insistente necesidad de "saber cómo funcionaban las cosas" es casi "número puesto" que cuando crezca se sentirá atraída por el periodismo.
Sin embargo, a Romina Colman le costó reconocerlo. Pasó por otra carrera y por siete meses de esas dudas existenciales que carcomen la adolescencia para aterrizar en el CBC de la Universidad de Buenos Aires y decidir inscribirse en Comunicación Social. Desde allí, las cosas fueron más fáciles: bastó con dejarlas fluir.
Ahora, se reconoce como una periodista apasionada por la búsqueda de información pública que no sólo tiene como fin sustentar la rigurosidad de los artículos e investigaciones del diario en el que desempeña como profesional. Además, cumple una finalidad altruista y social: liberar los datos gubernamentales que en muchas oportunidades se encuentran encriptados por códigos inentendibles o dispersos en miles de archivos. Lo que hace el equipo que Romina integra es volver accesible la información para cualquier ciudadano que quiera consultarla y utilizarla.
La joven periodista, que colaboró con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación realizador del informe Panamá Papers, recuerda los dos años que vivió en Mendoza, porque fueron decisivos en la elección de la carrera.

–¿Cómo decidiste ser periodista?
–Terminé el secundario en Mendoza. Aquí viví dos años por el trabajo de mi padre. En el último año tuve un profesor que me incentivó, sin saberlo, a estudiar Periodismo. Es Marcelo Piatti. Ahora da clases en la universidad. Aun así me llevó tiempo darme cuenta de qué era lo que quería hacer de mi vida.
–La famosa "duda existencial" de la adolescencia...
–Exactamente. Yo no pensaba estudiar Periodismo. Primero empecé Derecho en Rosario y no pude terminar ni el ciclo básico. Volví a Buenos Aires y estuve conflictuada siete meses. Llegué a Comunicación Social por casualidad, como que no me gustaba nada y me inscribí. Pero desde chica ya me mostraba interesada en las noticias, miraba noticieros a los 5 o 6 años y los dibujitos animados no me gustaban. ¡Era solo unir con puntos: yo tenía que ser periodista!

–¿Cómo surgió el interés en la búsqueda de datos?
–Me pasó mientras estaba en segundo año de la facultad, cursando Derecho a la Información. Una de las condiciones para aprobar la materia era realizar un pedido de acceso a la información pública. Cuando me llegó la respuesta, no puedo explicar lo que sentí como ciudadana por haber obligado a un gobierno a que me respondiera. Me puse a hacer pedidos de acceso a la información.

–¿Por tu cuenta?
–Y por curiosidad. Después comencé a estudiar normativa internacional para realizar pedidos de acceso a la información en distintos países (México, Chile, por ejemplo), y en organismos internacionales como el Banco Mundial.

–¿Cómo llegaste a integrar el equipo de datos de La Nación?
–Yo trabajaba en una empresa y en una oportunidad fui a una conferencia de prensa, y un conocido me contactó con alguien de La Nación. Yo no tenía ninguna experiencia en medios. En ese momento, se estaba armando el equipo de Data. Fui y llevé mi carpeta con los pedidos de acceso a la información que había hecho y las respuestas obtenidas. Así fue que me contrataron.

–¿Qué es lo que más te atrae de esa tarea?
–Sobre todo, lo que significa la resistencia a la negativa de los funcionarios a brindar información, esto de preguntar ¿para qué la querés?, ¿quién te la está pidiendo? o ¿en dónde la querés publicar? Lo que el periodista debe saber es que esto no es necesario informarlo. Dicen que burocracia es la política de los escritorios. Bueno, a mí me encantaba lidiar con eso, pensando en que si yo logro obtener esa información, al ciudadano que viene detrás le iba a costar menos.

–¿No saber buscar la información es una barrera para investigar?
–Hay mucha más información pública que la que los periodistas creen. El tema es cuántos clicks tenés que usar para encontrarla. Nosotros hacemos un rastreo previo sobre el tema que vamos a investigar, sobre todo para detectar qué se ha publicado al respecto. Hay todo un proceso necesario de investigación preliminar para entender cómo funciona, si existe alguna normativa que lo regule o no.

–¿Creés que falta capacitación?
–Se necesita más instrucción para los periodistas sobre herramientas informáticas de uso sencillo, por ejemplo, las que ofrece Google. Si las sabés utilizar, te ayudan mucho en las investigaciones periodísticas. La tecnología te ayuda a estar más atento a la información estatal que se publica.

–¿Cuál es el obstáculo más frecuente que encontrás?
–El principal es el alto grado de tecnicismo con el que están publicados los datos. Publicar la información no es sinónimo de gobierno transparente, sino que debe ser de fácil lectura, si no es información para que la entiendan sólo los funcionarios y especialistas, y nada más.

–¿Cómo es la mecánica de
trabajo de las investigaciones?
–Tenemos una modalidad dinámica: a veces viene el periodista y consulta una base de datos existente o pide información puntual sobre determinado tema. Otras veces las ideas de investigación surgen del mismo equipo. Son distintas formas de trabajar. Tenemos proyectos a corto, mediano y largo plazo. Si una noticia necesita resolución en el día, el equipo de datos da soporte a esto. No pensamos en el formato en el que se va a publicar, puede ser en papel o digital.

–Eso se logra trabajando en equipo...
–Para nosotros eso es el abecé. No haríamos bien nuestro trabajo o nos costaría mucho más hacerlo si no trabajáramos en equipo. Los perfiles que tenemos en La Nación Data son muy diferentes. La colaboración es indispensable y aporta a la investigación.

–¿De qué se trata esto de liberar documentos públicos?
–Después de analizar las bases de datos y utilizarlas para nuestra investigación, la información es de libre acceso a través del blog de La Nación Data. Así sucedió, por ejemplo, con la investigación de los gastos del Senado nacional, para la que se utilizaron 33.000 documentos en PDF. Estaban en formato de imagen por lo que la información que contenía no podía ser reutilizada, pero nuestro equipo se encargó de realizar ese trabajo y ahora integra una base de datos abierta para libre consulta. Y se abre de manera comprensible: limpiamos todos los códigos para que los datos puedan leerse sin confusiones ni tecnicismos.

–¿Alguna vez una investigación no te dejó dormir?
–Creo que todos los periodistas hemos pasado por eso de despertarnos de noche pensando en un tema en el que estamos trabajando. En mi caso particular, hasta que no descubro cómo funcionan las cosas, no me quedo tranquila. Cuando investigo algo que me interesa mucho, me pregunto cómo puede ser que no esté publicado. Una investigación en la que me compenetré realmente fue en la de Tecnópolis, en la que trabajamos en conjunto con la periodista Maia Jastreblansky. Respirábamos esa investigación. Creo que la curiosidad es una característica básica de los periodistas.

La Nación Data dio soporte a los Panamá Papers

El contenido de las investigaciones y el trabajo que realiza el equipo de La Nación Data puede ser consultado en internet en la página www.lanacion.com.ar/data.
Ahí, las personas que se interesen en las temáticas de trabajo del equipo encontrarán las bases de datos con las que se han sustentado las investigaciones.
Los periodistas cuentan, además, "las cocinas" de las investigaciones, cómo llegaron a obtener los datos y con qué escollos se encontraron, entre otros aspectos interesantes.
Por otra parte, lo que encuentra un lector que ingrese a esta dirección son los documentos que este equipo ha trabajado y, por lo tanto, se pueden leer con facilidad y sin los tecnicismos con los que son publicados originalmente.
Romina Colman opina: "Esto genera mayor credibilidad en el lector, al que no sólo informás, sino que también le contás cómo obtuviste cierta información, sino podría parecer que el periodista hizo magia para obtenerla y eso aleja a los que quieren ejercer esta actividad. El lector puede juzgar al periodista, pero ya con información. Se establece otro tipo de relación con los lectores, de confianza", dijo.
El equipo de La Nación Data colaboró, además, con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, autores del rastreo periodístico de los Panamá Papers.
Al respecto, Colman cuenta que no estuvieron durante toda la investigación, pero sí proporcionaron, al equipo argentino, el soporte respecto de las declaraciones juradas.

– ¿Y cuándo apareció el nombre del presidente Macri en los documentos analizados?
–En el caso particular de la sociedad offshore de cuyo directorio Mauricio Macri está al frente, obviamente era necesario consultar declaraciones juradas que nosotros ya teníamos procesadas y eso fue lo que hicimos.
No emitimos opinión sobre el tema, porque es algo que nos excede, pero sí fuimos a buscar las declaraciones juradas. Sustentar con documentación los temas de las investigaciones es el ADN del periodismo de datos.

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