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domingo 03 de julio de 2016

"Belgrano fue el primero en hablar de género"

Felipe Pigna presenta el jueves en Mendoza su nuevo libro. Antes, explica la era que atravesamos, el furor por la historia que domina al mundo y el curioso origen del Estado Islámico

"La subjetividad humana es interesante porque uno no se puede quedar con lo que uno quiere que hubiera pasado y debe entender que puede haber dos o tres miradas sobre un mismo hecho, como ocurre en la vida cotidiana". La frase que arroja el historiador Felipe Pigna, en esta entrevista, deja muy claro su rol como el hombre que primero nos acercó los mitos de la historia nacional, luego nos entretuvo con Algo habrán hecho en televisión y después se dedicó a contar quiénes fueron en realidad los hombres detrás del país.

En su más reciente libro, Manuel Belgrano, el hombre del Bicentenario, hace justamente eso, abordando una figura que todos creen conocer, pero que él prueba fue más compleja y moderna de lo que uno imagina.

El autor presentará su nueva obra en Mendoza el próximo jueves 7, con entrada gratis, en el hotel Park Hyatt.

Antes, dialogó con Escenario en una de las cientos de entrevistas que está dando por estos días a medios nacionales e internacionales.

Durante la charla, el también profesor de 57 años abordó temas coyunturales como el Brexit, el fenómeno del musical histórico Hamilton en Estados Unidos y el presente de la Argentina, el cual aseguró será "apasionante" de contar en el futuro.

La llegada de Pigna además servirá como presentación del ciclo de charlas que la editorial Planeta desarrollará en Mendoza durante los próximos meses.

–¿Con qué se encuentra el lector en este libro sobre Manuel Belgrano?
–La gente se va a sorprender por la modernidad del pensamiento de Belgrano. Hay muchas de las cosas que él planteó en sus textos que todavía no han sucedido. Se va a encontrar con la figura de Manuel Belgrano, que es para mí el hombre del Bicentenario, porque fue el primero que pensó el país. Desde su lugar en el consulado, como encargado de la economía, se convirtió en el primer habitante de estas tierras en escribir sobre economía. Se dedicó particularmente a la industria, la agricultura y las artes prácticas, como él las llamaba. Habló de educación popular, de educación femenina, es el primero que escribió de género en nuestro país, hablando de la necesaria igualdad entre el hombre y la mujer, proponiendo cosas muy extrañas para la época como que la mujer no sólo accediera a los niveles básicos de la educación, como sucedía en aquel momento, sino que pudiera acceder a todos los niveles y llegara a ser docente. Esto era verdaderamente una curiosidad para la época. Gran parte del libro está dedicado al pensamiento de Belgrano, desconocido por la mayoría. La bandera lo tapó un poco a Belgrano.

–¿Y por qué en Argentina sólo pensamos y recordamos a Belgrano por la escuela y la bandera?
–Tiene que ver con una forma recortada de contar la historia, la historia tradicional nos ha contado una historia de especialistas: San Martín solo cruzó la cordillera de los Andes, dejando afuera toda su extraordinaria gestión en Mendoza y su capacidad como hombre de la cultura y su exilio; y en el caso de Belgrano pasó lo mismo, cuando en realidad fue un hombre muy completo, que tuvo un pensamiento absolutamente moderno. Fue, sin duda, uno de los padres fundadores de nuestra Nación, me gusta usar ese término que usan los norteamericanos para hablar de estas figuras en vez de prócer.

–Editaste este libro sobre una figura que pensó al país justamente en tiempos en que ciudadanos y políticos argentinos otra vez hablan de la necesidad de pensar el país a futuro. ¿Fue casualidad?
–Evidentemente es un libro oportuno en este sentido, pero cuando lo estaba escribiendo no pensé que íbamos a tener este contexto. De todas formas, estamos hablando más de pensar el país nosotros que los políticos, y eso es un dato interesante. El libro viene bien para rescatar estos valores originarios, que hablan de justicia social, equidad, industria de un país autónomo. Hay mucha generosidad en su pensamiento porque escribe sobre cosas que sabe que no va a llegar a ver en su vida, escribe pensando en el futuro.

–Viajás mucho por trabajo. ¿Hay una tendencia mundial por recuperar personajes que la historia tradicional dejó de lado? Acá, pasó hace poco con Güemes y en Broadway, con el musical sobre Alexander Hamilton, que es furor...
–Sí, tal cual. Es una tendencia mundial. Hay un interés muy fuerte por la historia en este momento en todo el mundo y particularmente por aquellos personajes que han sido dejados de lado o a los que no se les prestó la atención necesaria. En el caso de Hamilton, estamos hablando de un tipo fundamental del pensamiento de la revolución norteamericana y es curioso que la gente se interese hoy por él y que encima llegue a Broadway un espectáculo que hable de un tipo que básicamente se dedicó a pensar. Está muy bueno que eso ocurra y da una señal clara de que hay un gran interés por la historia. Lo veo mucho cuando viajo al exterior, en Francia e Italia. Es una etapa en la que se trata de contar lo que no se contó y de explicar por qué no se contó.

–¿Por qué la historia no fue contada de forma completa en Argentina y en el mundo?
–En nuestro caso concreto, tuvo que ver con un error grave que trae muy graves consecuencias: evitar la conflictividad. Entonces, no se les enseñó a los chicos que hubo gente que pensó diferente. Eso provocó la conformación de un ciudadano habituado a una sola versión de las cosas. Eso es muy peligroso porque constituye a una forma intolerante de pensamiento. Es una lástima, pero desde hace unas décadas esto se viene mejorando y se nota un cambio en las escuelas, aunque va a costar bastante.

–¿Dentro de 50 o 100 años se hablará de esta época como una en la que el ser humano entendió que la historia no tenía una sola cara?
–Vamos hacia eso, claramente. Lo percibo en las charlas que doy, sobre todo porque van muchos jóvenes. En la mitad de los auditorios que lleno hay gente joven. Es bueno que la gente entienda que puede haber dos o tres miradas sobre un mismo hecho, como ocurre en la vida cotidiana.

–La gente se interesa por la historia y va a charlas porque hay quien genere esos espacios, y en Argentina sos el máximo responsable de este fenómeno. ¿A qué atribuís el furor que hay por tu figura?
–Lo primero es el respeto por el lector, no subestimo a nadie, no parto de la base de que el lector es alguien que no sabe nada y que hay que llenarle la cabeza o bajarle línea. En la escritura, por ejemplo, me importa mucho que la misma sea amable, es decir que la gente entienda, pero sin caer en la simplificación o el reduccionismo. Eso es lo más difícil. Creo que a la gente le gusta eso de mí y por eso me acompaña tanto en la lectura de los libros como en las charlas. Siento que hay un ida y vuelta. Me sorprende la corriente afectiva que hay con mis lectores o con la gente que me viene a ver. Hay muy buena onda, y no me pega por el lado del ego sino por el lado del compromiso: quiero seguir trabajando en esta línea porque la gente lo necesita. Sobre todo, porque conocer tu pasado es una forma de ayudarte a constituir tu identidad. Está bueno además correrse de ese lugar que dice que la historia es sólo un hecho escolar. Sería interesante que entendamos que esto tiene que pasar a formar parte de nuestros saberes para la conformación de la ciudadanía.

–Dentro de 10 o 20 años, ¿escribirías sobre Cristina Fernández de Kirchner como de Belgrano?
–Tiene que pasar un tiempo. Hay producción de material y elementos que deben existir para que uno escriba sobre algo. Es una figura interesante así como estos años que empezamos a transitar ahora en Argentina también lo son. Claramente, la que pasó y la que vivimos es una época apasionante para contar.
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