País - San Rafael San Rafael
domingo 15 de mayo de 2016

Asegura que quiere cuidar a las mujeres de los hombres que se descontrolan

Esa es la justificación del párroco mendocino que está asignado a una iglesia de Zárate, donde dispuso que las féminas no pueden usar calzas, jeans y minifaldas para ir a misa. Fuerte repercusión

"Disculpame que te diga: vos me podés hablar sobre el llamado de Dios y todo eso. Está bien. Lo respeto. Pero, si te tengo que decir realmente lo que pienso, es que si vos te hacés cura, yo me hago ingeniero de la NASA".

Esta charla ocurrió hace unos 30 o 35 años. Quien dijo esa frase, hoy la recuerda claramente. Era muy amigo del Pollo Scarlata, en esos años. Es una simple anécdota de pueblo, una charla de café, pero tiene otra importancia esta semana. Ocurre que el Pollo Scarlata, ese muchacho rebelde, que entraba colado a los bailes, es Carlos Scarlata, el cura Scarlata, el párroco de la localidad de Lima, en Zárate. El que les pidió a las mujeres de su parroquia que no vayan a la Iglesia vestidas con calzas, jeans ajustados y minifaldas. Más aún: después amplió su idea y le pidió a las católicas que nunca deben usar esas ropas.

En San Martín el Pollo Scarlata es un recuerdo. Hace mucho que no lo ven. Incluso su hermano varón dice que "hace 20 años que no me hablo con él", aunque su hermana sostenga que "ha venido algunas veces". En todo caso, ambos se niegan a contar sobre sus recuerdos familiares y hablar del presente.
Ahora sostiene que "yo no le prohíbo la entrada a la iglesia a nadie" y que lo suyo es solo una "recomendación". Pero lo cierto es que, en el ingreso al templo San Isidro Labrador, el padre Carlos hizo colgar dos carteles, uno con "vestimenta no permitida" dirigida a las mujeres y otro a los hombres, en donde también se indica la "ropa sugerida" para los caballeros.

Según esos carteles, criterio que fue sostenido después por el sacerdote en declaraciones periodísticas, la mujer no puede vestir calzas, jeans ajustados, minifaldas, puperas, musculosas, transparencias, polleras con tajos y toda vestimenta que muestre o permita presumir su cuerpo. A los hombres se les prohíbe el ingreso con pantalones cortos, ojotas, gorra y musculosas.

"En los templos pentecostales, evangélicos, en los de los Testigos de Jehová, en las sinagogas, a nadie lo dejan entrar así y nadie hace escándalo. ¡No sé porqué ahora hacen tanto quilombo!", dijo el padre Scarlata.

Pero, así como después dijo que no es una prohibición, también Scarlata agregó que esas "recomendaciones" no son solo para ir a la iglesia, sino que son indicaciones de cómo debe vestirse una mujer católica diariamente. "Vos sos hombre. Si ves a una mujer por la calle, vestida con calzas y que le marca todo el traste, ¿no sentís nada?", le dijo el Pollo Scarlata al periodista Reinaldo Sietecase, en una entrevista que le dio a la radio Vorterix. Antes, ya se había incluido dentro de los hombres que piden piedad, y había dicho que "debajo de la sotana hay un hombre" y que "no soy de corcho".

El Pollo
Carlos El Pollo Scarlata parece haber tenido siempre una lucha interna. Quienes eran sus amigos de la infancia y juventud, así lo definen. Por un lado, lo recuerdan como un muchachito rebelde, pícaro, de hablar desenfadado, que entraba a los bailes sin pagar. Y, por otro, lo recuerdan sumamente tradicionalista y conservador.

Una amigo del Pollo, un poco más grande que él, recordó que "yo ponía música en las fiestas y en algún boliche. El Pollo me pedía que le prestara unos discos, él se los ponía debajo del brazo, y se colaba diciendo que también era disc jockey".

También cuenta que "después lo dejé de ver y, un día, apareció en mi casa vestido con sotana. Ya estaba en el seminario de San Rafael. Yo le dije: 'Disculpame que te diga: Vos me podés hablar sobre el llamado de Dios y todo eso. Está bien. Lo respeto. Pero, si te tengo que decir realmente lo que pienso, es que si vos te hacés cura, yo me hago ingeniero de la Nasa'".

Pero una mujer, ahora adulta, que compartió los años de adolescencia con El Pollo, recuerda que "siempre mencionaba al diablo metiendo la cola. Una vez, sin ser cura ni nada, me reté por usar una falda corta. Tengo grabado en mi memoria el día que hizo callar a unas señoras de un grupo que capacitaba mujeres, el grupo Kolpin creo, por considerar marxistas la labor y lo que cantaban. Estaba en contra de las guitarras en la iglesia, de la salida a los boliches, de las mujeres haciendo trabajo social... '¡Esos grupos marxistas...!', decía".

Carlos Scarlata es el mayor de tres hermanos. Cecilia Scarlata es vicedirectora del Colegio Nuestra Señora del Líbano y su hermano Javier Scarlata, más conocido por su apodo Cocoy, trabaja en la oficina de San Martín de la Subsecretaría de Trabajo. Ninguno de ellos ha querido hablar, ni para referirse a los dichos de Carlos ni tampoco para contar los años de infancia y juventud.

La familia tenía un negocio, todavía muy recordado, Scarlata Gomas, que vendía todo tipo de elementos fabricados con ese material. Originalmente estuvo ubicado en calle 25 de Mayo al 200, junto a la tienda Pronotto, de venta de ropa de trabajo, y a la Heladería Angelito, que era la mejor de la ciudad y obligado paso de todos. Después, Scarlata Gomas se mudó a un local sobre la avenida Boulogne Sur Mer.

La familia vivía en una linda casa, ubicada sobre la calle Patricias Mendocinas, entre 9 de Julio y Almirante Brown, en pleno centro de la ciudad.

Algún vecino de esa época, cuenta que "no se podía hacer ruido durante la siesta, porque ellos se quejaban siempre". También algunos recuerdan que "eran muy tradicionalistas, católicos y difíciles de tratar".

Pese a ello, alguna amiga de esa época, tiene fijado un recuerdo curioso: "Cecilia era muy seria, pero solía usar unos shorcitos rojos, muy cortos y osados para esos años, que le quedaban muy bien".

Pero, a decir verdad, la familia Scarlata no se diferenciaba mucho de gran parte de la sociedad sanmartiniana. Conservadora, católica, tradicionalista. Podría decirse que esa parte de la sociedad no ha cambiado mucho.

Pide piedad
El discurso del sacerdote Carlos Scarlata está repleto de contradicciones. Pide que las mujeres vayan cubiertas a la iglesia, pero también dice que así deben vestirse siempre. Sostiene que sus recomendaciones son para preservarlas pero, a la vez, las culpa de ser "objeto de tentación". Tiene conceptos casi retrógrados, pero usa un lenguaje desestructurado. En definitiva, lo que parece estar haciendo es pidiéndole piedad a las mujeres y que no lo tienten a romper su voto de castidad. "No soy de corcho, no soy de concreto", dijo.

"Las mujeres no deben usar ropa insinuante porque los hombres tenemos otra psicología. Si quieren que las respeten que empiecen por respetarse a sí mismas, sino se convierten en una ocasión de pecado para los hombres. Yo, como sacerdote tengo que cuidarlas para evitar que los hombres se descontrolen", dijo en una de las entrevistas que concedió esta semana.

Sostuvo que "son dos o tres mujeres quilomberas" las que provocaron el escándalo. Que esas personas "actuaron con mala leche" y que "todo este despelote" fue potenciado por el periodismo.
Lo que generó más polémica es que Scarlata hizo estas recomendaciones y las dirigió especialmente a las niñas que concurren a catequesis. Una de las madres sostuvo que "me dijo que no mandara a mi nena de 8 años con calzas, porque estaba excitando".

Además surgieron otras críticas, como que el sacerdote se niega a bautizar a los niños cuyos padres no estén casados por iglesia y cuestiona a las madres solteras. La verdad, es que eso ocurre en muchas iglesias y no solo en la de Scarlata. Lo que ocurrió es que los dichos del Pollo, se hicieron públicos a través de los medios.
Fuente:

Más Leídas