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jueves 29 de septiembre de 2016

El fútbol atlético del Ajax de Holanda

El Rojo fue goleado en la 2ª final. Ajax superó largamente por 3-0 a Independiente y marcó la diferencia con una demostración de juego rápido. Marcó una tendencia que fue aplicada en todo el mundo

Lucio A. Ortiz
ortiz.lucio@diariouno.net.ar

E ntraron al estadio Olímpico de Ámsterdam con la Bandera argentina, caminando en doble fila. Era el mismo estadio en donde Uruguay le ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1928 al seleccionado argentino, que se quedó con la plata.

Independiente de Avellaneda era el campeón de la Copa Libertadores de 1972 y se aprestaba a jugar el segundo partido de la final de la Copa Intercontinental ante Ajax, de Holanda, el mejor equipo europeo.

En el primer encuentro disputado en Avellaneda, el 6 de setiembre de 1972, habían igualado 1 a 1 (ver "Cruyff sólo jugó 24' en Argentina", publicado hace tres semanas). Ese día, el juego de los Rojos fue muy duro y los holandeses se quejaron de la rudeza de los argentinos. Johan Cruyff debió salir lesionado a los 24' del primer tiempo, tras haber marcado el gol de Ajax.

El 28 de setiembre en Ámsterdam Stefan Kovacs, DT de Ajax, repitió la misma formación que en el juego inicial con: Heinz Stuy; Horst Blankenburg, Wim Suurbier, Barry Hulshoff, Ruud Krol; Arie Haan, Johan Neeskens, Gerrie Mühren; Sjaak Swart (ST entró Johnny Rep), Johan Cruyff y Piet Keizer.

Roberto Ferreiro puso de titulares en el Rojo a: Miguel Ángel Santoro; Eduardo Comisso, Miguel Ángel López, Francisco Sa, Ricardo Elbio Pavoni; Luis Garisto; José Omar Pastoriza, Alejandro Semenewicz; Agustín Balbuena, Eduardo Maglioni y Dante Mírcoli (después entró Carlos Alberto Bulla).

En tan sólo 12 minutos el esquema defensivo de los argentinos comenzó a derrumbarse cuando Johan Neeskens recibió una pared, que fue a recibir entre los dos defensores centrales de Independiente, y se anticipó a Santoro. El 1 a 0 confirmaba la superioridad en la velocidad de los holandeses, con movimientos alternando posiciones del medio hacia arriba.

El campo estaba en perfecto estado y pelota rodaba como Cruyff quería y necesitaba para su juego rápido. Por algo era considerado el mejor del mundo de esa época y su equipo ue tricampeón de la Champions. La de 1972 fue la única Copa Intercontinental que quisieron disputar.

Con la selección de Holanda esa camada de jugadores lograría llegar y perder las finales de los Mundiales de Alemania 1974 y Argentina 1978, precisamente, los campeones de esas ediciones.

Ajax fue creciendo en su rendimiento a medida que los argentinos iban mermando sus capacidades físicas.
Muchos argentinos habían escuchado a Enrique Sívori que sentenció en esos años que: "Cruyff nunca hace un pase gol". Y esa noche el Flaco le hico dos asistencias a Johnny Rep que entró en el segundo tiempo para pasar como un Fórmula Uno a los argentinos.

Por eso el Pato Pastoriza que se despidió como jugador esa noche decía después. "A Cruyff no le gusta la guerra, acusa cuando el partido se hace duro, pero el tipo se mandó cinco jugadas, hizo marcar dos goles y dejò a tres compañeros solos con Pepé Santoro. Para mi es un crack".

El periodista Juvenal que viajó por El Gráfico decía: "En concepción de fútbol global, de fútbol para ganar, no nos engañemos, Ajax fue superior. Y no sólo por aptitud atlética , sino porque sabe jugar sin la pelota marcando o desmarcándose, mucho más que Independiente".

Y además analizaba: "No gana el Ajax porque corra más que Independiente. Gana porque corre mejor. Y además fundamentalmente porque corre. No despreciemos el fútbol atlético por seguir aferrados al dominio técnico como verdad única e irrefutable. Pero no reneguemos del fútbol para volcarnos al terreno de la fuerza, la velocidad y la resistencia como exclusivas posibilidades del futuro".

Johhny Rep, el mismo que jugó en Mendoza el Mundial '78, aprovechó al máximo su velocidad y la viveza táctica de Cruyff para meter dos goles con asistencias del jugador número uno del mundo de 1972.

Las 60 mil personas en Ámsterdam se deleitaron con el triunfo por 3 a 0 y la reina de Holanda les entregó la Copa Intercontinental. Todo el plantel estaba con salidas de baño blancas y así dieron la vuelta olímpica, con el mismo ritual que habían hecho en la final de la Copa de Campeones de Europa.

Los jugadores de Independiente se controlaron, supieron perder, cambiaron las camisetas y aplaudieron al rival.

El Ajax de Cruyff le marcaba los pasos al fútbol del mundo en los años setenta. Muchos copiaron el estilo.
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