
El cordobés Baldassi durante la disertación, junto a Daniel Vila, el presidente de Independiente Rivadavia. Foto: UNO/Marcelo Carubín.
“Nadie tira nada afuera, si no tiene algo adentro”, solía decir Atahualpa Yupanqui al referirse al bagaje que trae consigo un ser humano íntegro. En este caso, ése ser es el árbitro internacional Héctor Walter Baldassi, quien ejerce una de las profesiones más insalubres del fútbol, adonde los espectadores que asisten a las canchas suelen acordarse de toda su familia.
Aprovechando su estadía en Mendoza por el partido de anoche entre Independiente Rivadavia e Independiente de Avellaneda, el cordobés disertó en la Universidad de Congreso, donde manifestó porqué se inclinó por esta profesión. “En realidad quería ser jugador de fútbol, el arbitraje no fue una vocación para mí. Siendo muy joven y viviendo en Buenos Aires, me hice amigo de alguien que era referí de vóley y además hacía el curso de árbitro de fútbol en la AFA”, comentó.
“Entonces me convenció y me anotó para que también lo hiciera. Así que hice el curso y en 1989 empecé siendo árbitro asistente en los partidos de divisiones inferiores. Después, en 1990 dirigí en partidos de la Primera C y más tarde de Primera B. Pero en ese momento no se me pasaba por la cabeza la idea de ser árbitro internacional y mucho menos dirigir en un campeonato Mundial. Hasta que en el 2000 llegué a ser árbitro internacional, aunque me conformaba con dirigir un clásico entre Boca y River”, relató sobre sus inicios.
“Soy un privilegiado, porque dirigí 16 veces un Boca-River y además lo hice en semifinales y finales de la Copa Libertadores. Además, estuve en los Juegos Olímpicos de Pekín y allá también me tocó arbitrar partidos. Después fui a prepararme para saber si podría arbitrar en el campeonato del Mundo, durante tres años. Si bien en la FIFA nos ponían todo, estábamos expuestos a controles físicos, psíquicos e intelectuales diarios, para saber cuál era nuestra respuesta y determinar si estábamos en condiciones de conducir partidos en un Mundial. Asistíamos a una clínica en Zurich, Suiza, adonde teníamos de todo, pero era durísima. No daban ninguna tregua.También teníamos a un psicólogo que nos entrevistaba casi todos los días para evaluar nuestra conducta. De Sudamérica habían diez postulantes para dirigir, y se fue depurando en el 2008, cuando quedamos siete árbitros”, contó sobre lo que vivió en la previa a Sudáfrica 2010.
De la aplicación de la tecnología en el fútbol sostuvo: “Los errores no fueron tantos, apenas fueron cinco o seis en 64 partidos”.
















































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