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jueves 17 de marzo de 2016

Negaron la beca a un refugiado sirio sin familia y con 9,42 de promedio

Madrid le ha negado tres veces la ayuda al joven, que huyó de la guerra, vive en un centro de acogida con 357 euros al mes.

Youssef estaba en su casa de Damasco cuando una bomba explotó una calle más allá. Al instante de aquel estruendo de pánico, la onda expansiva rompió los cristales y la fuerza invisible que entró por la ventana hizo que su hermana se tragara la lengua.

Quedó hecho un ovillo de miedo tan encogido que el shock la dejaría varios meses sin hablar. En medio del ruido de la guerra y los restos de las cosas y las personas, Youssef y su padre levantaron a la niña y la llevaron por entre las calles rotas a un centro médico respetado a medias por los misiles. Le salvaron la vida.

Tras padecer de todo un poco, esconderse, sufrir la pérdida de varios amigos y casi tres años después,Youssef Abu Alhassan, de 20 años de edad, habla cuatro idiomas, es sirio-palestino con estatuto de refugiado, habitante de centro de refugiados en Madrid hasta el 31 de mayo, hijo de familia asilada en Suecia y Alemania desde este verano, matriculado en Grado Superior de Eficiencia Energética gracias a las donaciones privadas y a la rebaja del centro donde estudia, cachorro de ingeniero futuro y joven sobresaliente, apenas sobrevive solo en España con 375 euros de la Renta Mínima de Inserción y es una historia de humanidades suspendidas: el Ministerio de Educación de Íñigo Méndez de Vigo y la Comunidad de Madrid de Cristina Cifuentes le han denegado tres veces la beca para poder estudiar.

El Estado central dice que el joven "no ha determinado los ingresos de la unidad familiar" y el autonómico que no ha acreditado la "composición" de su familia, que no ha estudiado Bachillerato en Madrid y que no tiene una renta anual "igual o superior a 9.000 euros", como sentencia la Orden del 2 de junio de 2014.

"¿Entonces tengo que ganar más de 9.000 euros para que me den la beca? ¿No será menos?".

Youssef pregunta con ironía, arte que ya maneja en castellano, ese idioma que aprendió a hablar "en dos meses", al poco de que el visado concedido por la Embajada en Beirutle permitiera viajar a España huyendo de la guerra de Siria. Era verano de 2013.

Ahora la abogada Sonia Rello teclea por novena vez en dos años los documentos que acreditan todo lo que el Ministerio y la Consejería dicen no estar acreditado.

Porque Youssef Abu Alhassan cuenta con una ficha expedida por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social que hace constar que está viviendo en un "piso de autonomía" de un centro de refugiados cofinanciado por el propio Ministerio y el Fondo Europeo para los Refugiados.

Con un informe del 4 de febrero de 2015 de la trabajadora social de zona del Ayuntamiento que afirma lo mismo.

Con un escrito del 29 de febrero de 2016 de la trabajadora social de la Fundación La Merced Migraciones que avala que el chico no tiene familia en España y que vive solo allí teniendo que pagar "75 euros de alquiler más gastos comunes del piso, manutención, transporte y todo el material de estudios" y que se quedará sin la protección del centro de acogida el próximo 31 de mayo.

Con un certificado de la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid del 30 de abril de 2015 que demuestra que "tiene concedida" la Renta Mínima de Inserción «por un importe mensual de 375,55 euros».

Con un documento de Hacienda del 8 de marzo de 2016 en el que "no consta que haya presentado la Declaración del Impuesto sobre la Renta correspondiente al ejercicio 2014, ni información relativa a rentas/rendimientos imputables por el IRPF".

Y con un certificado del INEM, también del 8 de marzo, que prueba que no es beneficiario de prestación alguna por desempleo.

O sea, según Rello, que está "plenamente acreditado que Youssef es una unidad familiar independiente, que él es el único miembro y que el único ingreso que tiene es el de la Renta Mínima de Inserción".

Todos esos documentos -algunos de los cuales son una repetición actualizada de los del año pasado- han sido presentados seis veces a la Consejería y tres al Ministerio para la obtención de becas compatibles entre sí en el curso 2014-2015 y en el 2015-2016.

La Comunidad de Madrid puso objeciones a la beca tres veces el año pasado y otras tres éste. El Ministerio, tras tres peticiones de la abogada, finalmente la concedió el año pasado (el 10 de abril de 2015, con el curso ya casi terminado), pero éste ha puesto pegas dos veces, ha hecho ya una propuesta de denegación y deberá responder a la última solicitud, presentada ayer, tres días antes de la finalización de alegaciones. En total, entre la Comunidad y el Ministerio, ocho obstáculos para conceder la beca y tres denegaciones. Tres veces no.

Sin embargo, en su texto, el consejero de Educación y Juventud, Rafael Van Grieken, asegura que los requisitos deben cumplirse "con carácter riguroso sin que sea posible flexibilizar su cumplimiento en función de las circunstancias personales o familiares de los solicitantes, ya que se pondría en peligro el principio de igualdad y se incurriría en una arbitrariedad prohibida por la Constitución".

La abogada tiene otra tesis: "Exigir a un refugiado que haya residido y estudiado antes en Madrid o que acredite los ingresos de su unidad familiar cuando está solo en España y su familia está refugiada en otro es claramente discriminatorio y vulnera el principio de igualdad de acceso y los derechos reconocidos en las leyes nacionales e internacionales. Youssef ni siquiera ha recibido un solo euro del Fondo Europeo para Refugiados para que pueda estudiar. Estamos ante situaciones especiales y excepcionales y como tal hay que interpretar las leyes, porque si no llegamos a situaciones absurdas e injustas".

Youssef Abu Alhassan está estudiando el segundo curso de Grado Superior de Eficiencia Energética en el centro privado Institución Profesional Salesiana, el único lugar donde se imparte esa disciplina en Madrid. No existe posibilidad de estudiarla en un centro público. El curso cuesta 3.600 euros y sólo algunas donaciones particulares y la rebaja de un tercio del precio total acordada por la dirección del centro salesiano han permitido, hasta ahora, que Youssef siga estudiando.

La excelencia académica de este hijo reciente de la guerra es palmaria: 16 sobresalientes y dos notables en las tres evaluaciones de este curso. Ni una ausencia. Ni un retraso. Nota media: 9,42.

"Los otro nueve compañeros que tengo en clase están becados. Todos. Y muchos son españoles", dice en su español casi de aquel país, olvidado ya el traductor de Google que usaba para entender los primeros exámenes...

Era la nueva vida que le tocaba, su otro nacimiento.

Había crecido en Damasco en una familia de origen palestino con una economía holgada, un padre director de banco y una madre médica, tres hermanos, un colegio, una casa, un auto, buena ropa, unos celulares, una vida tan de España... Y, en eso, la guerra.

Su hermano mayor había acabado la carrera y era reclutable, así que se movió para salir de Siria con un visado para Suecia.

Al año y pico, la guerra recrudecida complicó una vida que empezaba a tener mala pinta. Youssef fue confundido con otra persona y encarcelado. "Estuve 21 días en prisión por error. Me insultaban, me acusaban de cosas que no sabía, me pegaban con palos y puñetazos... Mira mi ceja, me la abrieron y tuve que coserla. Allí estuve muy mal. Oíamos las bombas... Al final, mi abuelo pagó y me soltaron", cuenta Youssef mientras muestra una exposición de cicatrices instaladas para siempre en su antebrazo izquierdo.

Con 18 años cumplidos, el Ejército lo reclutó. "Pero eso era ir a la guerra. Y ya sabes qué guerra. Yo no quería matar. Así que huí".

Youssef fue declarado en busca y captura. Se escondió, fue en un auto hasta El Líbanopara tramitar su visado hacia España con la excusa de acompañar a su hermana enferma por la explosión de la bomba y regresó a su escondite de Damasco hasta que la Embajada española dio el ok: vuelo Beirut-Barcelona. Una huida por el módico precio de 4.000 euros.

Cuando Youssef llegó a Madrid no sabía una palabra de español. «Me bajé en la Avenida de América y por señas le pregunté a una señora dónde estaba esta dirección». Era la de la oficina de asilo.

El 22 de agosto de 2013 solicitó asilo, el Ministerio de Empleo y Asuntos Sociales le gestionó una plaza en un centro de acogida y el 12 de febrero de 2014 se le concedió el estatuto de refugiado.

El chico pidió continuar los estudios que había hecho en Siria, pero los centros de refugiados no están pensados para el estudio, sino para la salida laboral y Youssef fue matriculado en... Peluquería. "Era Floristería o Peluquería. Con mi alergia, elegí lo segundo. No veas qué bien se me daba. Las señoras estaban encantadas, sólo querían que las peinase yo", suelta con un permiso de humor.

Tras un año moldeando melenas, Youssef insistió en su vocación y por fin logró que le dejaran estudiar la energía que viene. Casi al mismo tiempo en que el Ministerio de Educación homologaba su título del Bachillerato terminado en Siria, Youssef entró en el centro salesiano.

Y ahí empezó a hincar los codos y a pedir los euros que se lo permitieran. Pero va a ser que no. Tres veces no. Quizás con esta exposición ya mundial lo logre... ojalá.

Fuente: elmundo.es

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