musica - Estados Unidos Estados Unidos
domingo 20 de marzo de 2016

Yo soy guitarra que volverá...

El consagrado músico mendocino Pancho Navarro, radicado hace 40 años en Estados Unidos, está en Mendoza y será homenajeado

La charla con Francisco Pancho Navarro está signada por la música, sea a través del relato de su vida como por los intervalos que propone silbando o tarareando alguna melodía que le viene a la cabeza.

Su nombre bien podría estar a la altura de grandes guitarristas que ha dado Mendoza, como Santiago Bertiz o Tito Francia, por caso dos de sus maestros.

"Nací, como se dice, en una cuna de artistas porque mi primer maestro fue mi padre, un gran músico. Tenía siete años cuando puso mis dedos en una guitarra y me enseñó a tocar", destaca con orgullo en su visita a Mendoza tras 15 años sin volver. "Me tomó la congoja y no pude más, tuve que dejar algunos trabajos para pasar unos días aquí porque extrañaba mucho", confiesa quien en 2003 se convirtió en el primer mendocino en acariciar un premio Oscar al ganar por su trabajo en la película Frida.

"Tengo la foto, porque en realidad la estatuilla se la llevó el compositor de la canción (Burn it blue) pero él (por Elliot Goldenthal) me hizo cómplice al enviarme un arreglo floral enorme con una tarjeta que decía: 'Sin vos, esto no hubiera sido posible'", rememora el guitarrista.

También formó parte del musical cinematográfico Across the Universe, basado en la obra de The Beatles estrenada hace una década.

Pancho Navarro partió a principios de los '70 a Chile, allí se enamoró de Edith Latín, volvió a Mendoza con el golpe de Estado chileno, en el '73 y luego, con su réplica en nuestro país en 1976, tomó a su mujer del brazo para juntos emprender viaje a Estados Unidos y ahí sí instalarse hasta nuestros días.

"Siempre me moví con mi mujer y mis hijos que en ese entonces eran bebés", cuenta. Y así fue forjando una carrera en constante ascenso, trabajando con artistas de los más variados estilos y géneros, todos de fama mundial. Celia Cruz, Ray Barretto, Paulina Rubio, Cristian Castro, Víctor Jara, Armando Manzanero y hasta los Rolling Stones o Plácido Domingo han cantado a su respaldo.

"Mi presente es óptimo, estar al lado de mi hermano (Miguel) que hemos sido tan compinches, y ahora seguir tocando juntos al menos en estas vacaciones, es maravilloso. En nuestra juventud éramos muy serenateros", revela entre risas y mirando con complicidad a Miguel.

"Trabajé sin respirar. En una época tenía entre tres y cuatro laburos diarios: grababa a la mañana, ensayaba a la tarde y tocaba a la noche. Así que volver de visita y que me convoquen para el festival de Música Clásica o para el Día de la Memoria donde voy a compartir escenario con Víctor Heredia, es un honor. Una satisfacción", expresa.

Precisamente, en el evento del jueves 24 en el espacio verde Menotti Pescarmona, la comuna de Godoy Cruz le ha preparado un homenaje a Pancho en reconocimiento a su prolífica carrera musical.

Y él no se queda atrás. Para estas presentaciones en Mendoza preparó un repertorio especial que luego le dará forma en lo que será su segundo disco solista: Sweet Guitar 2. Piezas clásicas de Beethoven, Bach, valses venezolanos, una serie de tangos y obras de Tito Francia y otros autores cuyanos incluirá en sus recitales: el primero es el próximo martes 22 en la casa Molina Pico, en el marco de Música Clásica por los Caminos del Vino; y luego tocará el jueves 24 en Godoy Cruz.

"Para mí no hay géneros diferentes, no hay clásicos o todos pueden ser clásicos –interrumpe al tararear Quien te amaba ya se va– ese tema haciéndole un arreglo también es música clásica, es un clásico cuyano. Lo he tocado en Polonia, por ejemplo, y lo he presentado de este modo", considera Pancho Navarro, que a sus 71 años se encuentra arraigado más que nunca a las cuerdas de su guitarra.

Él, que ha recorrido buena parte del mundo con su instrumento y que es respetado por productores como Johnny Pacheco, revela: "En muchos lados toco una chacarera, una cueca o una tonada detrás de Bach o Beethoven, y luego un malambo, y la gente lo absorbe como música clásica".

–¿Cómo te definís hoy?
–Me defino como músico e intérprete de la guitarra, lírico y arraigado a su lugar de origen. Por eso me representan muy bien los versos de Armando Tejada Gómez que dicen: "Nadie se va de Mendoza aunque piense que se va, madre es la tierra y el hombre raíz, árbol que crece en la paz estival. Quedo durando en tu sangre porque yo soy guitarra que volverá". Mendoza es un pedazo de sentimiento que nunca se va en mí, aunque pase años sin volver.

–¿Y cómo es tu relación con Nueva York, después de tantos años radicado allí?
–Es un lugar que me vio crecer y me abrió las puertas para hacer lo que hice. Es donde se criaron y viven mis hijos y mis nietos. Me ofreció un ámbito para desarrollarme. Es una ciudad enorme, todo pasa por allí.

–¿Cómo es hacer un trabajo para artistas como The Rolling Stones?
–Yo voy a trabajar a un estudio de grabación porque alguien necesita una guitarra para boleros, por ejemplo. Y yo había trabajado con un referente como Pit el Conde Rodríguez, así me hago conocido. Por intermedio de Johnny Pacheco, otro gran productor, llego a trabajar para figuras como Celia Cruz, Ray Barretto... qué sé yo en cuanto discos de artistas destacados aparezco... ¡un montón! Así me fui haciendo conocido. Me iban recomendando. Gustaban mis riff y me convocaron para el proyecto de los Rolling Stones. Hice el arreglo del tema I'm free para un disco de éxitos de la banda reversionados. Querían darle un toque latino y yo les caí como anillo al dedo. Se empieza a trabajar por bosquejos, con los músicos y los ingenieros de sonido. Uno va, hace su parte y después no sabe cómo queda definitivamente la canción. Esa versión quedó muy linda, me gustó. Eso fue en 2006.

–¿Llegás a entablar una relación de amistad o cercanía al menos con los grandes artistas que te ha tocado trabajar?
–Eso depende de cada artista. Algunos llegan, hacen su parte y se van, de casualidad te saludan. Pero muchos otros no, son amables y hasta llegamos a intercambiar teléfonos y esas cosas. Me pasó con Plácido Domingo, ahora hace mucho tiempo que no nos vemos. Pero compartimos lindos trabajos. Me llevó a hacer una ópera en Washington, a tocar en el Metropolitan de Nueva York para un evento de gala con gente muy importante y poderosa de Estados Unidos.

–Me imagino que guardarás muchas anécdotas...
–Sí... (sonríe). Una vez estaba en mi casa, limpiando el patio y quejándome de mis hijos que no me ayudaban (risas) , y de repente suena el teléfono. Atiendo muy acelerado y del otro lado me dicen: "Hola Pancho. Soy Plácido Domingo". Y yo no caía, empecé a contarle lo que estaba haciendo: "Sí, sí, claro, y yo acá limpiando la caca de mis perros". Hasta que del otro lado insistía. "Entiendo, esa es la vida real", me dijo en tono solemne. ¡Era él! Qué papelón. No sabía cómo disculparme. Me llamaba para convocarme a grabar una opereta de Strauss. De ahí en más quedamos en una relación más cercana, después me preguntaba si mis hijos me ayudaban a limpiar el patio (risas).

–¿Vos tenés todos los discos en los que has aparecido?
–No. Me pierdo de vista, porque yo soy músico y vivo de la música haciendo trabajos, voy pasando de uno a otro y se me olvida o les pierdo el rastro a esos que ya hice. Después claro que me entero porque me avisan o me felicitan por mi grabación en tal o cual tema o disco de alguien reconocido mundialmente.

–¿Y ahora en que proyectos estás?
–Estoy concretando un proyecto de cuatro guitarras con música argentina. Y por fin me decidí a lanzar mi proyecto solista en Estados Unidos. Quiero empezar a tocar solo, algo que me costó mucho. Publiqué Sweet Guitar y me presento en diferentes teatros y bares de Nueva York. Necesitaba tener mis propias grabaciones y lo logré. Pero para eso tengo que cortar con trabajos que me dan de comer (risas).
Fuente:

Dejanos tu comentario

Más Leídas