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sábado 09 de julio de 2016

Pink Floyd resucitó en Pompeya

David Gilmour regresó, 45 años después, al lugar donde la banda ofreció en 1971 un histórico concierto a puerta cerrada.

La cita fue con la historia, no solo con el rock. David Gilmour volvió a Pompeya el jueves y el viernes, en el Anfiteatro que lo vio protagonista hace 45 años con su exgrupo, los Pink Floyd, para un concierto histórico a puerta cerrada, sin espectadores, inmortalizado en el film rock-documental de Adrian Maben «Pink Floyd: Live at Pompeii». En un escenario diametralmente y conceptualmente opuesto a los grandes conciertos masivos de entonces como el de la Isla de Wight y de Woodstock, Gilmour, Waters , Mason y Wright entraron en la leyenda entre las ruinas de la ciudad fantasma con las ruinas arqueológicas más célebres del mundo.

Los seguidores prefirieron Pompeya a otras ciudades, porque aquí se ha hecho y se vive la historia
La leyenda sigue aún viva. El guitarrista de Cambridge, el artífice del sonido mágico de la banda de «Dark Side Of The Moon», voz principal de los Pink Floyd realiza un tour europeo, exhibiéndose en lugares históricos, como el Circo Massimo de Roma o la Arena de Verona, pero el anfiteatro pompeyano es completamente diverso, con un sabor particular: Su salida al escenario tuvo un efecto mágico, con el público emocionado, como si las notas de su guitarra hicieran vibrar piedras milenarias.

Esta arena acogió hasta hace un mes los famosos calcos de las víctimas de la erupción del Vesubio que destruyó a Pompeya en el 79 d.C., y la enorme curiosidad por esas víctimas del volcán resiste hasta nuestros días. Ha sido suficiente el inicio de «Wish you were here» para producir el delirio en casi 3.000 fans, llegados de toda Italia y del extranjero. Son conscientes de que son afortunados, porque nunca en el anfiteatro de Pompeya se había celebrado un ritual del rock con el público presente, aunque este privilegio lo han pagado muy caro: 345 euros por entrada, lo que ha suscitado no pocas polémicas. Pero estos seguidores prefirieron Pompeya a otras ciudades, porque aquí se ha hecho y se vive la historia. La música volverá a sonar en Pompeya con un concierto de Elton John el próximo día 12, también en el anfiteatro romano.

Bajo el cielo azul en la ciudad patrimonio de la humanidad, con la presencia de una luna tímida, David Gilmour regaló la primera auténtica sorpresa del concierto con «The great gig in the sky» (El gran concierto en el cielo), la quinta canción de «The Dark Side Of The Moon», la esencia mágica de aquel disco del grupo británico, la pieza central con la cual los Pink Floyd de entonces intentaron incluso medirse con el tema de la muerte. Gilmour entusiasmó a la multitud con el sonido de Pink Floyd escrito junto a Roger Waters y dedicado a Syd Barret, el visionario que "inventó" el proyecto Pink Floyd, fallecido hace exactamente diez años. Las notas de «Shine on you crazy Diamond» a él dedicada, hicieron vibrar hasta el Vesubio.

Al inicio de la segunda parte no faltó «One of these days», la más célebre y fuerte de las piezas que sonaron en el lejano 1971, uno de los conciertos que más han marcado el imaginario del rock. La voz de Gilmour es hoy algo más matizada por el paso del tiempo, pero sigue siendo magnífica.

Estos dos conciertos han sido también inmortalizados en un film, en un cd y en un dvd. «Gilmour quiere cerrar el círculo iniciado en 1971», ha manifestado el director Adrian Maben, presente también ahora en Pompeya. «El recuerdo de aquel concierto está en nosotros vivo todavía. He sentido una emoción indescriptible al ver nuevamente a Gilmour con su guitarra Fender y lanzar sus notas hacia el cielo, hoy como entonces», añadió Maben.

La voz de Gilmour es hoy algo más matizada por el paso del tiempo, pero sigue siendo magnífica
En la arena del anfiteatro, una lluvia de luces de teléfonos móviles ha acompañado constantemente la exhibición de David Gilmour , el pompeyano, porque el alcalde de la ciudad le ha concedido la ciudadanía de honor. Una gran pantalla circular que en perfecto estilo Pink Floyd aparecía sobre las cabezas de los músicos, entre las ruinas de Pompeya, parecía un disco solar, una especie de tributo a los dioses de la música. El palco era sobrio, respondiendo a la exigencia inevitable de un espacio limitado y súper protegido como las ruinas de Pompeya. Pero quizás ese mayor recogimiento hizo crecer la fascinación del concierto.

Gilmour rindió homenaje a Pompeya y dio las gracias a todos, a los fantasmas viejos y nuevos. Al final los dioses de la música también le dieron las gracias porque los Pink Floyd volvieron a hacer las delicias de los dioses. Habían esperado este concierto durante 45 años. Todos los espectadores salieron del anfiteatro con la sensación de que vivieron una experiencia inolvidable. Y es que la eterna Pompeya regala emociones milenarias y convierte en eternos a sus protagonistas.

Fuente: ABC
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