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jueves 14 de abril de 2016

El tango llora sus mejores teclas

El maestro Mariano Mores, fallecido ayer a los 98 años, era el último sobreviviente de la época dorada del 2x4. Aquí, su invaluable legado

El influyente pianista y compositor de tango Mariano Mores falleció ayer a la madrugada, a los 98 años, informaron a través de las redes sociales sus nietos Mariana Fabbiani y Gabriel Mores.

"Y yo que pensé que eras eterno...Mi súper hombre. Hubiera querido tenerte toda la vida conmigo. Y te fuiste nomás.. .Y donde sea que llegaste sé que arrancó una fiesta. Con tus hermanos. Con tus amigos del alma. Con tu hijo y el amor de tu vida, que hace un tiempo ya te vienen esperando. Y seguro estarás al piano... Llenándolos a todos de tu talento, de tu música, que sí eternamente vivirá", escribió la conductora de TV Fabbiani en su cuenta en Instagram.

Acompañando el mensaje con una foto con su abuelo, completó: "Grande entre los grandes. Héroe de mi vida. Hombre de roble. Tu sencillez y tu don serán mi inspiración. Gracias por los juegos. Por los consejos. Por la alegría. Por tu poderosa fuerza. Cómo te voy a extrañar... Abuelito... Maestro... Buen viaje. Nos hablaremos a través de tu música. Siempre".

Compositor central del tango desde que se diera a conocer a fines de la década del '30, Mores atravesó todas las épocas de la música porteña, habiendo dejado joyas imperecederas como Uno, Cafetín de Buenos Aires, ambas con letra de Enrique Santos Discépolo, Adiós Pampa mía y Taquito militar, entre muchas otras.

El apellido Mores adoptado por Mariano Alberto Martínez es el resultado de su asociación artística con las Hermanitas Mores, integrado por Margot y Myrna Morales, en 1936, a las que apoyaba como pianista en sus actuaciones radiales; con la segunda se terminó casando.

Nacido en el barrio porteño de San Telmo en 1918, fue hijo de una pareja fanática del tango y un abuelo flautista que insistía para que el chico estudiara algún instrumento y se transformara en un artista mayor.

En 1925 la familia –en la que había varias hermanas– se mudó a Tres Arroyos, ya que su padre era viajante de comercio, y Marianito recibió como regalo un piano de concierto, en paralelo a unas clases con un profesor local, que le aconsejó abandonar por falta de aptitudes.

Esa decepción fue compensada cuando volvieron a Buenos Aires dos años después, al oír tocar a la hermana de un almacenero, que era maestra de piano, y ese llamado del instrumento fue transformándose, de a poco, en pasión y estudio.

En 1928 se recibió de profesor de teoría musical, solfeo y armonía en el Conservatorio D'Andrea y en 1929, con la troupe familiar instalada en España, obtuvo una beca en la Universidad de Salamanca para perfeccionarse como pianista clásico cuando aún se lo veía como niño prodigio.

Se presentaba como Lolo el Compositor Relámpago, capaz de improvisar un tema a partir de lo que el público le solicitaba, pero la cercanía de la Guerra Civil hizo que ese personaje quedara en el olvido y que la familia volviera a la Argentina en 1936, donde al joven artista le esperaba un mundo impensado.
Una de las músicas que marcó a Mores a su regreso fue la de Alfredo Le Pera, fallecido un año antes junto con Carlos Gardel en Medellín, al tiempo que la prematura muerte de su padre –un hombre culto y melómano– lo obligó a conchabarse como pianista en el café Vicente, en Capital Federal.

Por ese entonces compuso la música de Gitana, con letra de Luis Rubinstein, titular de la Primera Academia Argentina de Interpretación, donde se había inscripto para empaparse de la música local y lugar donde conoció a su futura esposa, Myrna, y a su cuñada Margot.

Gracias a ese romance nació su primer tango, Cuartito azul (1938), con letra de Mario Batistella, ya que se trataba de la vivienda de soltero del músico, en Terrada 2410, Villa del Parque –hoy convertida en museo–, pintada por él mismo con cal coloreada con azul de lavar, un elemento de limpieza muy popular entonces.

Junto con las Hermanitas Mores y algunos músicos amigos formó la Orquesta Típica Marianito Mores, que traspasó a ritmo de tango algunos títulos del japonés Masao Koga y grabó varios discos, con lo cual entró en tiempos de gran bonanza económica.

Ese fue el comienzo de una carrera de compositor que tuvo títulos memorables como Uno y Cafetín de Buenos Aires, ambos con Discepolín en las letras; El patio de la morocha, con Cátulo Castillo; Grisel y En esta tarde gris, con José María Contursi; Una lágrima tuya, con Homero Manzi; Tanguera, Adiós, pampa mía, con Ivo Pelay; Por qué la quise tanto, con Rodolfo M. Taboada, y las milongas Taquito militar y El firulete.

Ya separado de las hermanas, que abandonaron el canto y se dedicaron a sus vidas maritales, Marianito conoció al uruguayo Francisco Canaro –quien ya era una estrella del tango en el país y el exterior– y se integró a su orquesta. Canaro agregó un piano al que ya tocaba Luis Riccardi, nombró a Marianito al frente del coro y le pagó un sueldo de estrella. El nuevo pianista permaneció una década en la orquesta del maestro.

Con Canaro cimentó lo que fue su concepto de orquesta típica de aires sinfónicos, que lo colocó en vereda opuesta, tanto frente a las agrupaciones tradicionales como a las vanguardias que empezaban a nacer, con Astor Piazzolla u Horacio Salgán como representantes notorios.

Su distanciamiento de Canaro fue motivado por el debut del aún Marianito en El otro yo de Marcela, película en la que ni siquiera salió acreditado aunque se lo ve al frente de su orquesta, y que significó un doloroso alejamiento para ambos.

Desde 1948 planeaba formar una orquesta de "grandes profesores" y cantantes cuyo primer nombre iba a ser Orquesta de Cámara del Tango, y otra mayor, Orquesta Lírica Popular, que iba a mezclar lo clásico con lo popular, con un sonido que se iba a acercar a Hollywood, que fue la que finalmente subsistió.

Ese "sinfonismo" aportaba instrumentos como la batería, la percusión, el arpa y los coros, fundamentalmente femeninos.

Como actor hizo un pequeño papel en La tía de Carlos (1946) y dio el batacazo con Corrientes, calle de ensueños (1948), donde componía un papel casi autobiográfico, y también se lo vio como galán y/o músico en La doctora quiere tangos, La voz de mi ciudad, Sucedió en el fantástico circo Tihany y la antológica Café de los maestros, de 2008.

A lo largo de su carrera produjo y protagonizó revistas teatrales prácticamente continuadoras de lo que hacía Canaro, con elencos brillosos, gran producción en escenografías, vestuarios y efectos, como Buenas noches, Buenos Aires (1963, después película), Buenos Aires canta al mundo y Yo canto a mi Argentina, de 1973, además de haber protagonizado espectáculos "de despedida" en los teatros de la avenida Corrientes a principios de los '90.

Admirado por el presidente Juan Domingo Perón, fue uno de los primeros artistas populares en actuar en el teatro Colón –otros eran Alberto Castillo, Hugo del Carril, Nelly Omar, el mendocino Antonio Tormo– lo que alarmó a las clases altas que solían concurrir allí como un reducto privado, y destacado por Evita, quien señalaba al tango Uno como su preferido.

Su milonga Taquito militar, que homenajeaba a un ministro del gobierno, fue estrenada en el Colón en 1952, con enorme repercusión popular, pero la caída del peronismo en 1955 frustró la formación de otra Orquesta Sinfónica Nacional, dedicada al género popular, al tiempo que cambiaba su nombre Marianito por Mariano.

Con el mismo ímpetu que sus padres lo empujaron hacia el arte, Mores incluyó en sus shows a partir de 1966 a su hijo Nito –fallecido en 1984–, a su hija Silvia (con quien vino a Mendoza hace seis años, en su concierto despedida), su nieto Gabriel y la propia Myrna en pequeñas apariciones, un clan familiar que llegó a tener su ciclo en el Canal 9 porteño: La familia Mores.
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