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domingo 08 de mayo de 2016

El día que Serú Girán maravilló a 400 fanáticos en San Martín

Casi al final de la dictadura, la banda de Charly, Lebón, Moro y Aznar tocó en el gimnasio del barrio San Pedro. Galería de fotos.

No les creen. Casi nadie les cree. Hasta sus hijos les desconfían. Rafael Lencinas, Bruno Discépolo, Gerardo Polo, Edy Brudezán, Amparo Argerich, Cristina Oltra y la alemana Miriam Gundlach se han pasado los últimos 35 años intentando certificar la veracidad de una leyenda. Por fin ha llegado el momento.

Hoy, cuando los ocho ya han superado los 50 años, podrán tener en sus manos una prueba que mostrar y que certifique que cuando eran adolescentes de 17 o 18 años, ellos solitos trajeron a un perdido gimnasio de un barrio perdido a Charly García, David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro. Podrán certificar que Serú Girán dio un recital de dos horas para un pequeño grupo de 400 personas, después de haber reventado el estadio de Obras unos meses antes. Tendrán cómo probar que lo hicieron para poder pagarse su viaje de egresados a Brasil, que fue un negocio espantoso, que quedaron debiendo plata y que sus padres tuvieron que pagarles un modesto viaje a Mar del Plata. Pero también podrán decir que, en medio del recital, Charly dijo "¡Esto tiene mucha onda...!", y los Serú Girán siguieron tocando, como si los 400 fueran 30.000.

Se acaban de juntar para esta nota. No se dan cuenta, pero apenas se reencuentran comienzan a hablar con el mismo entusiasmo adolescente que tenían en 1981, cuando eran la promoción de ese año del Colegio Nacional de San Martín.

En ese tiempo los jóvenes que egresaban reunían fondos para su viaje de fin de curso organizando bailes.

"Nosotros queríamos hacer algo más grande", recuerda Rafael. Bruno, que tenía un promotor conocido, decidió preguntarle qué opciones tenían de traer alguna banda a San Martín. "Yo era fanático de Serú Girán y cuando el tipo me dijo que venían a Mendoza y que les quedaba un domingo libre entre medio de un recital en el cine Cóndor y un toque en San Luis, nos entusiasmamos", evoca Bruno.

La memoria no es tan prodigiosa y es difícil saber cuánto significaba el costo del recital y cuál su posible ganancia. "Digamos que el promotor nos dijo que eran $50.000 y que había que poner la mitad por anticipado para asegurar la fecha", cuenta Bruno.

Fueron a presentarles la propuesta a sus compañeros. "Perdimos por 112 a 8", recuerdan. Pero, rebeldes, decidieron hacerlo igualmente.

Rafael cuenta: "No teníamos un peso. Se nos ocurrió ir a verlo al Tito Catapano (histórico médico de San Martín) para preguntarle si nos podía ayudar. Nos hizo cheques por esos $25.000 y nos dijo que le mandáramos saludos a Charly. Pensamos que era joda, pero cuando le dijimos a Charly, nos dijo: '¡Oh, el Tito...! ¡Mandale un abrazo enorme de mi parte!'.

Confirmado el recital, los 8 pibes se pusieron a recorrer las escuelas para vender las entradas. Algunos amigos los ayudaron. Jorge, como chico que iba a tercer año del Comercial, recuerda haber vendido varias. Su apellido es Tanús y vivía en el San Pedro.

"Nos equivocamos. Los chicos de secundaria no escuchaban a Serú y vendimos muy poco. Ponele que la entrada salía $300, no era tan cara, pero acá ya había estallado la crisis de Greco", recuerda Cristina. "Ni lugar para guardar la plata teníamos. La metíamos debajo de la tapita de la bocina del Renault 12 de Bruno".

Los 8 chicos, con una venta espantosa y sin lugar reservado para el recital, veían que se les venía la noche.

El intendente Ligonié les dio una mano y les prestó sin cargo el modesto gimnasio del barrio San Pedro.

El 17 de junio del '81, Serú Girán se subió al escenario del Cóndor, en la ciudad de Mendoza. Mientras a los pibes sanmartinianos los consumían los nervios y la angustia por no poder recaudar suficiente para el recital del día siguiente, la banda daba una presentación inolvidable.

Esa noche Bruno Discépolo, como último recurso, logró subirse al escenario. "Le empecé a pedir a Charly que dijera que al día siguiente tocaban en San Martín", recuerda. Un hombre barbudo se acercó a él, para tratar de sacarlo. Era Daniel Grinbak. "Yo le explicaba que Serú nos cobraba $50 mil y que íbamos muy mal con la venta. Entonces Grinbak me dice: '¿Cómo qué $50 mil? Cobran $25 mil...'. En eso Charly nos ve discutiendo y anuncia el recital por el micrófono. La gente explotó y pensamos que habíamos zafado".

Pero no. La gente de Mendoza no fue al gimnasio del San Pedro al día siguiente. Pero el dato de la diferencia en el precio iba a servir.

El domingo, cuando Serú Girán llegó al San Pedro, todo era caótico... pero sin gente esperando entrar. Tan pocos eran los que esperaban en el ingreso que los 5 policías que habían ido a custodiar el lugar se retiraron.

"Me acuerdo que Charly entró al gimnasio (que ya lucía viejo, frío, vacío y con vidrios rotos) y dijo: 'Esto es una cagada'", recuerda Amparo. Pero allí, como un ángel, apareció Alberto Garignani, que en ese momento administraba varias salas cinematográficas de Mendoza y tenía buen conocimiento del ambiente.

"Sáquense de encima al productor. Él se quiere quedar con los otros $25 mil y Charly no lo quiere. Si la banda se da cuenta de que los organizadores son 8 pibes, van a cambiar la onda", dijo. Así lo recuerda Edy Brudezán. Y así fue.

Cuando la banda probó sonido, saltaron los tapones. Era mucho consumo. Un empleado de la empresa de energía les hizo una gauchada y conectó la línea a un transformador de la calle en forma directa.

La acústica era horrible. Charly García mandó a un par de empleados municipales a traer cuatro tachos de 200 litros. Hizo que los ubicaran estratégicamente en el salón y les pusieran agua, dos repletos y los otros dos solo hasta la mitad. "Lo hizo tocar a Lebón y sonó todo perfecto", recuerda Rafael.

El resto fue idílico, místico. Dos horas tocaron. "Me acuerdo que Charly dijo: 'Este lugar tiene mucha onda'", recuerda Amparo.

Después, los 8 chicos y la banda fueron a cenar a Mendoza y después a un boliche.

A las 5 de la mañana todos habían regresado a la realidad. Ahora dicen que creen haberle quedado debiendo algo de dinero al doctor Catapano y que debieron pedirles plata a sus padres para irse de viaje de egresados.

Pero esa madrugada Edy Brudezán, uno de los 8, volvía corriendo hacia la terminal para tomarse el colectivo que lo llevara de vuelta a San Martín y pensaba: "Si un policía me detiene y le cuento lo que pasó hoy, no me va a creer. Nadie me va a creer...".

Serú Girán se disolvió nueve meses después. Quizás haya existido solo para tocar esa noche de domingo, en un barrio perdido de una perdida ciudad, convocados por ocho pibes que estaban por terminar el secundario.
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