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domingo 15 de mayo de 2016

Cuando la letra genera nervios y confusión

La anécdota por Pocho Sosa

De la cantidad de anécdotas que tengo en más de medio siglo de trayectoria, hay una de hace muchos años que siempre me acompaña y recuerdo.

Estábamos trabajando con Julio Azzaroni y Jorge Sosa en lo que la vieja Bodega Giol, en Maipú. En esa época tenía tanto éxito Otoño en Mendoza como Yolanda, el tema de Pablo Milanés. Empecé a cantar Yolanda y de repente se me produjo no una laguna sino un océano, y empecé a sacar a Yolanda al patio, del patio la traje por la ventana al comedor, del comedor a la cocina... Hasta que veo que la mesa donde había otros artistas estaba vacía porque se dieron cuenta y se fueron a reír al baño. ¡Era una payasada! ¡Inventé la letra!

Y como no enganchaba nunca la letra de esa canción, en un momento dije: "Bueno, perdón, se me olvidó la letra". Fue una carcajada con aplausos a la vez de parte del público.

De ahí que siempre temo olvidarme la letra de las canciones. La primera vez que actué con mi madraza artística, Mercedes Sosa, sentí lo mismo. Era en el Frank Romero Day, cuando vino con Ariel Ramírez, en 1994, a cantar la Misa Criolla. Me presentó y tenía que caminar como 60 metros hasta llegar al medio del escenario. Iba temblando, repitiéndome: "No me tengo que olvidar la letra de Otoño en Mendoza".

Hasta que llegué a su lado y vi la letra pegada en el atril, y ella como buena maestra me dio una palmada cariñosa en la espalda y me dijo: "Tranquilo, que ya está la letrita acá".
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