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domingo 12 de junio de 2016

Una ex modelo Pirelli y un millonario saudí: el divorcio del siglo

El Ministerio de Exteriores británico ha llegado a intervenir en el pleito entre Christina Estrada y el doctor Juffali.

Según los mentideros británicos, el récord de un divorcio en el Reino Unido lo ostenta Bernie Ecclestone, el pequeño y mujeriego dueño de la Fórmula 1, de 85 años. En 2009, la ruptura con su segunda mujer, la modelo croata Slavica, se sustanció en tribunales con el pago de 940 millones de euros. Acto seguido, el anciano Bernie volvió a casarse. Ahora ese récord podría igualarse con un pleito que entretiene a Inglaterra, el de Christina Estrada, de 53 años, ex modelo de calendario Pirelli, y el neurólogo y multimillonario saudí Sheikh Walid Juffali, de 61. El árabe, del que Estrada se separó por polígamo, ha recurrido a todo tipo de trucos para eludir el pleito, como una supuesta inmunidad diplomática, pero al final el divorcio llegará a los tribunales.

Juffali, que en teoría lucha contra un cáncer en Suiza, es el presidente de la compañía de gas, petróleo y otros intereses que fundó su padre: EA Juffali y Hermanos. Se le atribuye una fortuna de 6.000 millones y por su palacio de mármol de Jeddah han pasado líderes como Thatcher, John Major o George W. Bush. Además de empresario, es neurólogo, con un doctorado por el Imperial College de Londres. La hermosa Christina Estrada, una modelo estadounidense afincada en Londres, fue su segunda mujer, contrajeron matrimonio en 2001 y estuvieron casados 13 años, la edad de su única hija.

Pero en 2012, a Juffali, un hombre feucho apasionado de la belleza femenia, no se le ocurrió nada mejor que celebrar una boda en paralelo en Venecia, con una guapa presentadora de la televisión libanesa, Loujain Adada, mucho más joven, de solo 25 años. Aunque desde hace 35 años pasa buena parte de su tiempo en Londres, en su impresionante vivienda de Knightsbridge, el magnate justificó su poligamia invocando las normas saudíes, que permiten a los hombres tener hasta cuatro esposas, siempre que las traten igualitariamente. Lógicamente, la veterana Estrada no lo aceptó y le plantó una demanda de divorcio.

El doctor Juffali ha intentado evitar ese juicio por todos los medios, montando incluso una tapadera diplomática que ha llevado a la intervención del Ministerio de Exteriores británico. La verdad es que su coartada era un poco chocarrera. Alegó que era representante de la isla caribeña de Santa Lucía en la Organización Marítima Internacional (IMO, por sus siglas en inglés), y que en calidad de tal gozaba de inmunidad diplomática y quedaba exento de someterse a un pleito de divorcio en Inglaterra.

Los letrados de Estrada recurrieron y en la vista se demostró que Juffali no había acudido en toda su vida a una reunión del IMO. Así que se le retiró la inmunidad y se dio luz verde al juicio por divorcio. La sorpresa fue la reacción airada del Gobierno británico. En una de intervención sorprendente, el ministro de Exteriores, Philip Hammond, criticó la decisión judicial, alegando que el precedente podría llevar a represalias en otros países, con la consiguiente pérdida de su inmunidad para los diplomáticos británicos.

Al final, el culebrón acabó con una decisión salomónica en una corte de apelación, que devolvió la inmunidad al saudí, pero falló también que esa condición no lo libra del pleito de divorcio, que comenzará en breve y suscitará una enorme expectación.

En los prolegómenos se han visto ya escaramuzas que prometen espectáculo. Estrada, a la que en los años noventa se le atribuyó una relación con el alegre Príncipe Andrés, reparte su tiempo entre Chelsea y una imponente casa de diez dormitorios cerca del castillo de Windsor. Se ha quejado de que el doctor Juffali la hace vivir entre estrecheces, pues le paga solo un mayordomo y dos doncellas y alega que necesita dos mayordomos y tres doncellas. También le parece insuficiente la asignación mensual, aunque los letrados del saudí aseguran que es de 90.000 euros al mes y recuerdan que además le compró otra casa en Los Ángeles, que le costó diez millones de euros y fue sometida a una rehabilitación de 2,5 millones.

La modelo acusa también a su todavía marido de retener un anillo con un diamante azul, valorado en 12,7 millones de euros, que le había regalado en su día como testimonio de amor. En tono melodramático, los abogados de la otra parte le reprochan que intente exprimir hasta el límite a un hombre que podría estar agonizando.
Fuente: abc.es

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