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miércoles 10 de agosto de 2016

Un minúsculo insecto mató a millones de árboles en Norteamérica

Llamado "barrenador esmeralda del fresno" (Agrilus planipennis), este escarabajo invasivo ataca los fresnos, una variedad de árboles muy extendida en las ciudades del medio oeste estadounidense

Skip Kincaid tiene una triste misión: talar casi todos los fresnos de su ciudad, víctimas de un pequeño insecto asiático que ha destruido millones de árboles en Norteamérica.

Llamado "barrenador esmeralda del fresno" (Agrilus planipennis), este escarabajo invasivo ataca los fresnos, una variedad de árboles muy extendida en las ciudades del medio oeste estadounidense, donde consiguen sobrevivir a los duros inviernos.

El insecto originario de Asia del Este llegó a Saint-Louis, en el centro de Estados Unidos. Allí, 17% de los árboles son fresnos, es decir, unos 14.000, que Kincaid, responsable del servicio forestal de la ciudad, deberá tirar abajo en el transcurso de los próximos dos años para detener el avance de la plaga.

Alrededor de uno de cada cinco árboles desaparecerá, y la destrucción de fresnos modificará el aspecto de la ciudad durante toda una generación.

"He hecho todo lo posible por hacer tomar conciencia a la gente de cuán devastador va a ser", sostiene Kincaid.

Los científicos hallaron un tratamiento con pesticidas que debe aplicarse cada año para mantener a raya a estos devoradores. Pero supera el presupuesto de la ciudad, explica.

El experto forestal hizo una estimación del valor de cada uno de los árboles, calculando los beneficios que aportan al minimizar la escorrentía de aguas pluviales y al reducir los costos de energía gracias al enfriamiento natural que genera su sombra.

"Si un fresno no genera entre 42 y 75 dólares de beneficio por año, es complicado justificar esos gastos", sostiene el funcionario.

Solo 1.000 fresnos se sitúan en esta banda. los demás, económicamente menos convenientes, serán talados y reemplazados por otras variedades, en general más pequeñas que los grandes fresnos plantados sobre las aceras de Saint-Louis. "No tenemos otra opción", lamenta Kincaid.
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