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miércoles 23 de agosto de 2017

"Un diagnóstico cambió mi vocación"

Antonieta Sea Loranca es diseñadora de modas y se desempeñaba como coordinadora de fotografía en una revista, pero tener esclerosis múltiple hizo que se volcara hacia una nueva pasión.

Hace casi 13 años, y después de acudir a varios médicos por diferentes trastornos o malestares relacionados con su salud, Antonieta Sea Loranca recibió finalmente el diagnóstico que daba respuesta a todo aquello que la aquejaba: tenía esclerosis múltiple. Ella no sabía nada de la enfermedad y tampoco imaginó que cambiaría no sólo su relación con su cuerpo sino también su vocación.

Antonieta, que se había recibido de diseñadora de modas en su país natal, México, y trabajaba en una revista como coordinadora de producción fotográfica en esa área, incursionó por casualidad en el periodismo de salud y se entusiasmó tanto que se reorientó profesionalmente hacia esa especialidad.

Hoy combina esa actividad con su participación en grupos de apoyo a pacientes, su participación como disertante en eventos sobre el tema y el voluntariado hospitalario, a través del cual –destaca– también puede transmitir información a quienes están en una situación similar a la de ella. "Además, puedo decirles que les creo, porque muchas veces, cuando uno se siente mal pero se ve bien, las otras personas no nos creen", afirma.

El comienzo de su reorientación profesional se dio cuando una de las editoras de la revista en la que trabajaba le propuso cubrir un congreso sobre esclerosis múltiple. "Tú ve, lleva la cámara, toma fotos y cuando regreses, vemos qué hacemos con el material", le respondió cuando ella le manifestó sus dudas sobre qué debía hacer en el evento.

El camino al diagnóstico

Una de las primeras manifestaciones de la enfermedad en Antonieta fue la pérdida de visión en un ojo. Y la respuesta que el oftalmólogo le dio en ese momento fue que se le había metido una basurita y que se había ocasionado una lesión rascándose.

Fue recién cuando perdió la sensibilidad en la mitad del rostro que se encaminó hacia el diagnóstico correcto, porque fue la primera vez que visitó a un neurólogo. Este, sin embargo, le anticipó que ese estado derivaría en una parálisis facial, algo que no ocurrió. La pérdida de sensibilidad se extendió a otras partes de su cuerpo, situación que derivó en el diagnóstico de esclerosis múltiple.

Posteriormente, cuando le informaron que también tenía epilepsia su reacción –afirma– fue diferente. "Cuando me dijeron que tenía esclerosis múltiple el efecto fue menor, porque no sabía de qué se trataba la enfermedad. En cambio, cuando también me diagnosticaron epilepsia yo sabía qué era y que podía tener una crisis en cualquier momento", rememora. "Imaginaba que podía estar caminando por la calle y, de repente, caer", completó.

Este temor –asevera– en un primer momento fue paralizante. "Entras en tu lugar seguro y no quieres salir. Yo creía que sólo en mi casa estaba a salvo, por fortuna me di cuenta de que no es así".

Cuenta que se dio cuenta de que ella misma se sumaba limitaciones cuando advirtió que no se adentraba en la parte más onda de la pileta al practicar natación. Revirtió esta situación porque, al reflexionar sobre ello, descubrió que se estaba imponiendo un freno innecesario.

Al responder qué la ayudó a superar esas barreras y a aceptar los diagnósticos, reveló que fueron la curiosidad y la fe, tanto en Dios, dijo, como en la ciencia.

Ayudar

Antonieta escribe en el sitio de Internet de México Endirecto.com.mx, así como en medios dirigidos a médicos y también en forma independiente, y afirma que su tarea le permite, entre otras cosas, transmitir a los especialistas preguntas que le derivan otros miembros de los grupos de apoyo mutuo para pacientes con esclerosis múltiple en los cuales participa.

"Muchas veces ellos me transmiten dudas y yo les digo: 'Cuando vaya a un congreso o entreviste a un doctor, le pregunto'", asegura.

Tabúes

Señala que uno de los temas que genera inquietud en quienes tienen el diagnóstico es el de los posibles cambios en la vida sexual, pero que es infrecuente que sea planteado abiertamente en el consultorio.

"Difícilmente los pacientes se atrevan a preguntarlo y platicarlo con el médico, porque generalmente van acompañados de familiares", asevera.

Antonieta también advierte que generalmente se asocia discapacidad con dificultades motrices, pero que existen formas invisibles que no son tenidas en cuenta. Una de ellas puede afectar la relación de pareja. "El dolor neuropático es distinto al dolor común. Cuando hace frío, por ejemplo, a veces prefieres sufrirlo que taparte, porque taparte puede dolerte, sientes que la sábana es de lija", describe la periodista.

"Una caricia, que alguien te toque, puede hacer que grites del dolor. Entonces, sí se dificulta un poco la relación con la pareja; sin embargo, hay medicamentos y terapias especiales para controlarlo. En lo personal, siempre voy a agradecer que mi exesposo siempre me ha apoyado muchísimo. A mí me diagnosticaron ya estando casada", destaca.

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