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sábado 12 de noviembre de 2016

Luthiers "resucitan" instrumentos medievales

Los siete instrumentos ya confeccionados (de un total de 17 previstos) se acaban de exponer en Valladolid, en la bienal ARPA de restauración y gestión de patrimonio.

Sin más referencia que unas esculturas románicas talladas en piedra, un grupo de luthieres de España y Francia ha logrado reproducir siete instrumentos medievales de cuerda, gracias a un trabajo conjunto a medio camino entre la música y la arqueología.

Los seis violeros iniciaron su trabajo observando en detalle las cítaras, violas y salterios tocados por unas figuras que aparecen en el pórtico norte de la Colegiata de Toro, una iglesia románica del norte de España construida entre los siglos XII y XIII.

Los juglares y trovadores llevaban estos instrumentos populares por la Castilla de la época, para acompañarse en sus cantos y relatos.

Limitados en su gama cromática, evolucionaron con el tiempo hacia otros instrumentos más sofisticados como la guitarra, capaz de reproducir melodías más ricas. El proyecto, en el que participan además un arquitecto y una arqueóloga, fue bautizado "De la piedra a la madera".

Los siete instrumentos ya confeccionados (de un total de 17 previstos) se acaban de exponer en Valladolid, en la bienal ARPA de restauración y gestión de patrimonio.

"Lo más difícil es hacer el plano, porque si no está bien, el instrumento tampoco va a salir bien. Así que hay que saber sacar la información de la piedra para hacer el plano" con las medidas adecuadas, cuenta a la AFP Jesús Reolid, el alma máter del proyecto.

La pasada primavera, Reolid, de 58 años, sugirió en su cuenta de Facebook la idea de reproducir los instrumentos de la Colegiata de Toro. Rápidamente se sumaron cinco luthieres más, entre ellos su hijo Demián y el francés Olivier Féraud.

Durante una semana de agosto, los seis se juntaron en el taller de Reolid en Pelayos de la Presa, al oeste de Madrid, para trabajar intensamente, a veces hasta las tres de la mañana.

Los artesanos tuvieron que echar mano de imaginación e ingenio, ya que tal y como expone Reolid, "de la afinación original de los instrumentos y del sonido no sabemos nada".

"Hay que calibrar según el tamaño. Si es un instrumento pequeño, por ejemplo, no puede tener sonidos muy graves".

Un trabajo en equipo

El trabajo conjunto fue "fructífero" y "enriquecedor", aseguran a la AFP otros dos violeros participantes, Carlos Do Viso y Carlos Paniagua. E insólito, ya que no es nada común compartir espacio y consejos en una profesión "solitaria" en la que "cada uno tiene su pequeño taller", apunta Do Viso, que trabaja en Redondela, Galicia (noroeste).

Jesús Reolid elaboró el organistrum, un instrumento medieval dotado de una caja y un voluminoso clavijero, que se toca a dos: una persona para mover una manivela situada en un extremo, y otra para manipular doce palillos que permiten jugar con una escala dodecafónica.

Entre los siete instrumentos confeccionados con maderas españolas (abedul, ciprés, alerce, tilo, boj) hay dos considerados como "raros, es decir que no figuran en las fuentes habituales, que son los pórticos (de iglesias) y los códices medievales", apunta Ana Manzano, coordinadora del proyecto.

Carlos Paniagua, con taller en Mojácar (sureste) y formado en el oficio a base de visitar iglesias románicas dispersadas por el camino de Santiago, fabricó esas dos "rarezas": una "cítara de cuello de cisne", y una "cítara lobulada".

Dos "nombres de compromiso", explica Paniagua, ya que se han adoptado haciendo referencia a la forma de los instrumentos y no a su denominación original, que se ignora. En el caso de la cítara de cuello de cisne, "tenía que decidir si la caja la tallaba de una sola pieza o con un marco, una tapa y un fondo".

Al final la hizo en tres piezas, y con nueve cuerdas de tripa de cordero, siete que reproducen una escala de mi, y otras dos de mayor longitud y sonido grave.

La cabeza del instrumento es una mezcla de cisne y avestruz, explica Paniagua, que fabricó igualmente un impresionante salterio dotado de 42 clavijas, correspondientes a 21 parejas de cuerdas. Por su lado, el joven francés Féraud elaboró a base de ciprés y alerce una viola lobulada, rematada con unas vistosas clavijas de madera de peral.

Al estar recién terminados, los instrumentos suenan de momento algo apagados y se desafinan fácilmente. Jesús Reolid espera que pronto se llenen de sonido, y que junto a los 10 instrumentos pendientes de fabricación, puedan ser tocados próximamente en concierto.
Fuente: Noticias Argentinas

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