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domingo 14 de agosto de 2016

Lorca, el poeta sin tumba

80 años después de su asesinato en la Guerra Civil Española, se reiniciarán los trabajos para encontrar el cadáver del gran poeta hispano.

El poeta se había refugiado en casa de su amigo Luis Rosales porque creía que la pertenencia de los cinco hermanos a la Falange lo protegería. No fue así. En la tarde del 16 de agosto de 1936 se lo llevaron detenido al Gobierno Civil de Granada.

De allí lo sacaron al día siguiente en dirección al frente. Lo mataron a tiros de madrugada, en algún punto del camino entre Víznar y Alfacar. Por «rojo», por «maricón» o por rencillas familiares, según quien lo diga. Lo enterraron junto a un maestro nacional y dos banderilleros anarquistas hace 80 años. Y todavía lo andan buscando.

Quizá Federico García Lorca nunca tenga una tumba. Al menos, no una sobre la que se pueda dejar unas flores o una nota, como las de William Shakespeare, Oscar Wilde o Antonio Machado. Y no por falta de admiradores dispuestos a peregrinar hasta el panteón: el autor de «Poeta en Nueva York» es, posiblemente, el escritor español más universal después de Cervantes, el símbolo del horror de nuestra Guerra Civil en todo el mundo.

Pero la opinión de la familia es terminante: si algún día se encuentran sus huesos, se quedarán donde están. Es uno más. «No necesitamos saber detalles, cuántos tiros le dieron a Federico», dijo una vez Laura García Lorca, una de las cuatro sobrinas vivas, que no ha querido participar en este reportaje. La fundación que dirige negocia estos días el traslado de todo su patrimonio al Centro Lorca, un edificio de 23 millones de euros en pleno centro de la capital de la Alhambra.

Oposición de la familia

El escritor Luis García Montero defiende la postura de las herederas: sería una forma de proteger de la especulación urbanística a las víctimas de la sublevación fascista cuyos cadáveres se hallan también en estos parajes, entre 300 y 8.000, según la fuente. «Las leyes cambian, las corporaciones cambian, los políticos se venden, y ese lugar solo permanecerá defendido por el recuerdo de Lorca», afirma.

No todo el mundo lo ve así. El historiador Miguel Caballero, impulsor de la excavación que comenzará a mediados de septiembre en busca de los restos del maestro Dióscoro Galindo, su camarada en la muerte, recuerda que esa zona tiene doble protección, como parte del Parque Natural de la Sierra de Huétor y como vía pecuaria.

Cree que detrás de la oposición de la familia hay un interés económico: según sus cálculos, las obras del escritor pasarán al dominio público el 1 de enero de 2022, 80 años después de la inscripción de su fallecimiento en 1941; si se encuentra el cuerpo y un juez ordena un nuevo registro con la fecha correcta, 1936, la familia perdería cinco años de los suculentos derechos de autor de un artista cuya obra literaria, musical y plástica sigue siendo reeditada, representada e interpretada por todo el mundo. «Lorca se ha convertido en una marca comercial», lamenta.

«Socialista y masón»

Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre el motivo del asesinato. Hace unos meses salió a la luz un informe policial elaborado en 1965 a petición de la escritora francesa Marcelle Auclair –nunca lo recibió– en el que las autoridades franquistas reconocían que Federico fue ejecutado por «socialista y masón» y por «homosexualismo».

Aunque no militó en ningún partido, el poeta de Fuente Vaqueros era un firme defensor de la República, para la que trabajó como vocal de la Junta Nacional de Música y Teatro y como secretario del ministro Fernando de los Ríos. El alcalde de Granada, Manuel Fernández Montesinos, fusilado pocas horas antes que él frente a las tapias del cementerio, estaba casado con su hermana Concha.

Hay quien sostiene que algunas de sus obras habían levantado ampollas: una de las piezas de «Romancero gitano» molestó a la Guardia Civil y con «La casa de Bernarda Alba» ofendió a unos parientes con los que su padre, próspero hombre de negocios, mantenía una disputa por lindes de tierras. En el pelotón de fusilamiento había dos familiares lejanos.

La noticia tuvo eco mundial. En octubre de ese mismo año, H. G. Wells, presidente del PEN Club de Londres, pidió explicaciones al Gobierno Militar. La búsqueda de sus restos la inició en 1948 el investigador galo Claude Couffon, en 1949 la continuó el británico Gerald Brenan y en 1955, el norteamericano Agustín Penon.

Hace medio siglo, el hispanista irlandés Ian Gibson también comenzó una incansable misión que aún no ha cesado: en base al testimonio que le ofreció Manolo «El Comunista», que aseguraba haber participado en el enterramiento, la Junta de Andalucía realizó en 2009 la primera excavación en Fuente Grande, junto al parque en memoria de poeta. Removieron miles de metros cúbicos de tierra durante más de dos meses. Ni rastro.

Cinco años después, otro equipo, en esta ocasión encabezado por Caballero, volvió a intentarlo en los Llanos de Corbera, a 400 metros del sitio anterior. La ubicación fue elegida esta vez siguiendo los testimonios recogidos por el investigador Eduardo Molina Fajardo, que sitúa allí la plaza de armas donde formaban las tropas. Para el historiador, es más probable que los testigos de aquellos hechos trágicos –hoy todos muertos– dijeran la verdad a alguien del bando franquista, como ellos, que a unos investigadores extranjeros.

Otra pista que guió al equipo no vino de la parte de los asesinos, sino de las víctimas: Isabel García Lorca, hermana pequeña del poeta, dirigió en 1998 una carta indignada al alcalde de Alfacar –con copia al presidente de la Junta y al «New York Times»– quejándose de la «afrenta» que suponía el plan de construir allí un campo de fútbol y una urbanización, «justo donde fueron a caer miles de hombres asesinados (...). También está ahí mi hermano».

Las obras se pararon. En noviembre de 2014 se realizó la segunda excavación. De nuevo, decepcionante. Ahora, el mismo equipo vuelve a la carga. Los investigadores han confrontado los testimonios orales con cientos de fotografías aéreas realizadas en 1937 por la República, y en 1945 y 1956 por el Ejército de Estados Unidos, imágenes de prensa e incluso la acuarela de un artista. Han registrado cada olivo arrancado, cada cambio del terreno. Y realizaron un nuevo estudio de georradar que detectó, a solo 20 metros de la zona ya levantada en 2014, tres pozos de agua fallidos.
Tercer intento

Cuentan con luz verde del Ayuntamiento de Alfacar y del parque natural. Y con la mayor parte de los 33.000 euros que necesitan para cavar en un área de 18 por 24 metros y a una profundidad de 4 a 7. Las donaciones llegaron de todo el mundo a través del «crowdfunding» y la CNT aportará 5.000 euros.

En alguno de esos pozos esperan encontrar los cuatro cadáveres. «No vamos a saltar por encima de la voluntad de ninguna familia», subraya Miguel Caballero. Si hay huesos, tomarán muestras de ADN de cada cuerpo y las cotejarán con los familiares que se presten; ya disponen de material genético de una nieta de Galindo, el único al que podrían exhumar. Si aciertan, a uno de los cadáveres le faltará una pierna –el maestro de Pulianas era cojo– y otro tendrá un defecto en los pies y un cráneo algo más grande de lo normal. Ese sería Federico, la leyenda.






Fuente: abc.es

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