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miércoles 22 de junio de 2016

La Policía de Brasil mató de un balazo a un niño de 10 años que había robado

El menor huía en un auto robado y al parecer no disparó ni recibió la orden de detenerse. Batahola en la reconstrucción.

Italo Ferreira huía de la policía en el automóvil que acababa de robar en un barrio acomodado de San Pablo. La carrera duró hasta que un disparo en la cabeza lo mató. Tenía apenas diez años.

El caso ha conmocionado a parte de la sociedad brasileña y ha revelado sus fisuras: durante la reconstrucción del crimen, celebrada este domingo, vecinos del barrio manifestaron su apoyo a los policías investigados, mientras otro grupo llegado de la periferia les gritaba "¡racistas asesinos!".

Poco antes de morir, la noche del 2 de junio, Italo saltó la pared de un condominio junto con un amigo de 11 años en el barrio de Morumbí, en el sur de la ciudad, para robar un Daihatsu del año 1998 en el que alcanzaron a huir unos 300 metros.

El tiro, según peritos disparado por un policía motorizado, entró en la cabeza de Italo por la región del ojo izquierdo.

La policía militar aseguró que el pequeño delincuente estaba armado y había disparado varias veces desde el coche en movimiento, lo que dejó a los agentes sin más alternativa que apretar el gatillo.

Ejecución
Pero el ombudsman de la policía de San Pablo y funcionarios de derechos humanos aseguran que se trata de una homicidio, más en una ciudad que exhibe brutales estadísticas de violencia policial.

"Hemos manifestado nuestra indignación por este caso. Para nosotros no es creíble que un niño de 10 años pueda conducir mientras va recibiendo tiros; usar un arma, abrir la ventana para disparar y volver a cerrarla", comentó el defensor del pueblo de la policía militar de San Pablo, Julio Fernandes Neves.

"Cuando Italo murió, la ventana del coche estaba cerrada. Los policías dijeron que actuaron en legítima defensa. Había robado el vehículo, sí, pero aún en la posibilidad de que hubiera disparado no era para matarlo, sino para detenerlo", insistió.

Hasta ahora los peritajes preliminares señalaron que no hubo disparos desde dentro del auto, sólo desde afuera.

Una vida dura
El chico, negro y pobre, ya había sido encontrado abandonado, descalzo y pasando hambre, como consta en registros policiales. Acumulaba varios robos y hurtos, "pero nunca con violencia", explicaron las autoridades sociales.

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