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domingo 24 de julio de 2016

La polémica primera dama de Turquía

La esposa de Recep Tayyip Erdogan es una figura controvertida en Turquía tanto por sus caros gustos como por su activismo en nombre de la mujer.

El fallido golpe de Estado en Turquía ha reforzado al presidente Recep Tayyip Erdogan y lo ha convertido en un verdadero héroe entre gran parte de la sociedad turca, especialmente la más conservadora. El presidente ahora tiene una oportunidad única para convertirse en el hombre con más poder en la reciente historia del país. Su esposa, Emine Erdogan, una figura controvertida en Turquía tanto por sus caros gustos como por su activismo en nombre de la mujer, también aspira a subirse al escalón más alto de la sociedad turca.

Emine nació en 1955 en Estambul, la quinta hija de una familia procedente de Siirt, en el sudeste del país. Estudió en el Instituto Mithatpaşa para chicas, aunque nunca ha empleado su educación en el mundo laboral, pues desde joven decidió dedicarse al mundo de la ayuda social.

Esta ha sido su principal ocupación desde que conoció y se casó, un 4 de julio de 1978, con un joven y ambicioso Recep Tayyip Erdogan, vecino de la misma ciudad aunque de un barrio más humilde. La perfecta combinación política: él, un político con un discurso populista, rompedor y a favor de los más necesitados; ella, una piadosa musulmana con vocación por ayudar a las inmensas bolsas de pobreza que no dejaban de crecer en Estambul debido a la inmigración de las zonas rurales. El tándem no ha dejado de ganar elecciones hasta ahora.

La biografía oficial de la Primera Dama detalla los numerosos actos solidarios que ha gestionado con éxito. Por ejemplo, ella es la responsable de que existan los iftares [cena con la que los musulmanes rompen el ayuno durante el mes de Ramadán] en los que se mezclan ricos y pobres, con el objetivo de que se relacionen las diferentes clases sociales.

Además, también ha llevado a cabo campañas de apoyo a la mujer y a las niñas. Junto al ministerio de Educación lanzó un proyecto a nivel nacional para terminar con la práctica de familias que no dejan ir al colegio a las niñas. Al menos 300.000 pequeñas se beneficiaron de la campaña. En 2011, recibió el «Premio de la Fundación» Crans Montana por su labor en beneficio de la mujer. Allí Emine Erdogan dijo: «Creemos que todas las mujeres del mundo merecen tener las mismas oportunidad políticas y sociales».

Palabras y proyectos muy destacables que, sin embargo, en numerosas ocasiones entran en contradicción con su propia conducta personal.

La Primera Dama afirma vivir una «humilde y modesta» vida. Pero sus gustos difieren mucho de esa definición. El último escándalo saltó en Varsovia, la capital de Polonia. La prensa local turca informó de que allí se gastó cerca de 45.000 euros en antigüedades. Este es solo uno de los muchos casos publicados y que llevan a muchos medios a definirla como «adicta a las compras».

Y no de cualquier tipo de compras, pues se le relaciona con una destacada afición por productos de lujo. En otra ocasión diversos medios señalaron que Emine Erdogan reservó un centro comercial completo en Bruselas para poder realizar sus compras sin ser molestada.

La polémica que rodea a la Primera Dama no acaba ahí. Más allá de sus gustos exquisitos y su alto tren de vida, los más opuestos ponen el objetivo en su discurso a favor de los derechos de la mujer. Especialmente entre el sector más laico de la sociedad, se le critica que realmente no busque la igualdad de derechos, sino un nuevo encaje del rol de la figura conservadora de la tradicional mujer musulmana en el mundo actual.

Uno de los ejemplos más recientes a los que se refieren es a unas declaraciones en torno a la educación de las mujeres. Según Emine Erdogan, el harén otomano era un «centro educativo que preparaba a las mujeres para la vida» y que podría servir como «inspiración» para la actualidad. Aunque la realidad del harén fue evolucionando con el paso de los siglos, expertos en historia otomana señalan que en el siglo XVI los libros estaban prohibidos en este lugar donde las concubinas del sultán vivían.

Fuentes del movimientos feminista turco, incluso personalidades premiadas a nivel internacional, creen que la figura de Emine Erdogan, así como la de numerosas ONG subvencionadas por el Estado, complican la lucha por la igualdad. Según estas fuentes, el plan del Gobierno islamista del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) es promover sus propias organizaciones de mujeres para fomentar «un modelo ideal de mujer musulmana, no para lograr la igualdad de los dos géneros».

Fuente: abc.es

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