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viernes 13 de enero de 2017

La microcefalia es portadora de angustias en los "niños del Zika"

Una mujer supo en el parto que su bebé padecía esa infección, que se disparó hace un año en Brasil junto con la epidemia del mosquito

Río de Janeiro. Brenda Pereira llora desconsolada al salir de la consulta médica con su pequeña María Fernanda en brazos. La pediatra le confirmó que su hija, de cuatro meses, tiene un grado de microcefalia más grave de lo esperado y ella, de apenas 23 años, se siente perdida.

"Esto es muy difícil", suspira esta corpulenta chica de Rocinha, la mayor favela de Río de Janeiro, que sólo supo en el parto que su bebé padecía esa malformación congénita que se disparó hace un año en Brasil junto con la epidemia del Zika.

La noticia inesperada la dejó llorando horas porque, como suele ocurrir con ese virus, Brenda no tuvo ningún síntoma durante el embarazo. Pero sus angustias no habían hecho más que empezar.

Igual que le ocurrió a buena parte de las brasileñas que tuvieron bebés con microcefalia, esta joven fue abandonada por el padre de la niña: el hombre no quería "una hija enferma" con una cabeza más pequeña de lo normal y un cerebro irreversiblemente dañado.

Brenda también tuvo que dejar su trabajo de cajera para dedicarse 24 horas a su pequeña, mudarse a casa de su mamá para tener más ayuda, hacer equilibrios para pagar costosas fisioterapias especializadas y dejar a su otra hija de seis años temporalmente con un familiar.

Todo eso sin saber muy bien qué va a pasar con María Fernanda, que apenas responde a sus estímulos, y sin que los médicos tengan todas las respuestas porque los pacientes mayores con ese tipo específico de microcefalia tienen apenas un año.

"Si no lo saben los médicos, ¿qué voy a saber yo?", se desespera la joven, que confiesa que, más que aceptar, aprendió a "convivir" con esta situación, y suma a su incertidumbre constante una sensación de abandono por parte de las autoridades.

María Fernanda no recibe el modesto apoyo económico que el gobierno brasileño da a personas con deficiencia porque su abuela supera el umbral de ingresos familiares requerido, de menos de U$S70 mensuales, vendiendo bolsas de hielo en la playa de Ipanema.

"He tenido que parar toda mi vida, vivir en función de la bebé, pero para el gobierno tengo que ser una miserable para poder recibir una ayuda. Brasil no tiene estructura para lidiar con una enfermedad tan grande", reclama Brenda.

Transmitido por el mismo mosquito que causa dengue o chicunguña, el Zika empezó a propagarse de forma acelerada por el nordeste de Brasil a inicios de 2015. A finales de ese año, los médicos confirmaron una relación hasta entonces desconocida entre ese virus y la explosión de casos de bebés con microcefalia.

Desde octubre de 2015, Brasil confirmó 2.289 casos de bebés con microcefalia y tiene otros 3.144 más en estudio, muy por encima de los 164 de 2014.
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