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miércoles 20 de septiembre de 2017

La angustiante búsqueda de niños bajo los escombros de una escuela en México

Los rescatistas han logrado ubicar a una niña viva bajo los escombros del edificio colapsado.

Adriana se muerde los labios de angustia: su hija de siete años estaba perdida este miércoles bajo los escombros de su escuela derrumbada durante el terremoto que el martes azotó a México. Al menos 21 niños murieron aplastados en este lugar y los desaparecidos suman 30.

"No hay poder humano que pueda imaginar el dolor que estoy pasando", dijo en la madrugada a la AFP Adriana Fargo en un albergue improvisado a la intemperie, mientras espera noticias de su hija desaparecida bajo las ruinas de la escuela Enrique Rebsamen, al sur de Ciudad de México.
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Pero en medio de la tortuosa incertidumbre de madres como Fargo, una esperanza se ha erigido poderosa entre las ruinas. Los rescatistas han logrado ubicar a una niña viva bajo los escombros del edificio colapsado.

Se pide silencio y quietud absoluta mientras un escáner térmico es introducido por una grieta de 45 centímetros de diámetro desde donde se logró tener contacto con la pequeña hace unas horas.

"Estamos muy, muy cerca de personas que podrían estar vivas. Estamos trabajando junto con cámaras térmicas y unidades caninas. Por momentos guardamos silencio absoluto para escuchar a los sobrevivientes. Ellos suelen gritar o golpear paredes", dijo a la AFP por teléfono Pamela Díaz, una panadera de 34 años que desde el martes trabaja en el rescate.

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Fuente: El Universal
Fuente: El Universal

Mientras esperan un milagro, los vecinos se acercan para conseguir más información del operativo de rescate por parte de las autoridades.

"Anoche yo conté cinco cadáveres que sacaron de la escuela", dijo a la AFP Flor González, una dentista de 42 años que trabaja como voluntaria.

"Vi cuando avisaron a uno de los padres... fue devastador", evocó con los ojos llorosos.

Fargo, en tanto, permanece sentada en una silla con los puños apretados y la mirada fija en el suelo.

No alcanzó a pronunciar el nombre de su hija cuando se le preguntó por quién espera y solo logra apretar los labios para contener el llanto.

Mientras, su esposo trabajaba hombro a hombro con los cientos de soldados, bomberos y socorristas que removían cuidadosamente los escombros en busca de señales de vida de los pequeños.

Con picos, palas e incluso a mano limpia, estos hombres no escatiman esfuerzos en la angustiante carrera contrarreloj para encontrar con vida a los al menos 30 niños -según cifras oficiales- que siguen desaparecidos.

Hasta ahora, 11 niños y al menos una maestra han sido rescatados con vida de entre los escombros.
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