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sábado 13 de agosto de 2016

Grecia registra este año un récord de nacimientos de la tortuga marina

Aunque faltan datos para evaluar con certeza los factores que produjeron el incremento de nacimientos, Theodoru estima que el invierno corto, suave y con pocas lluvias es un factor importante.

La tortuga boba (Caretta caretta), una de las especies marinas más amenazadas de Europa, registra este verano el mayor número de nacimientos de la última década en las playas griegas, su principal zona de desove en el mar Mediterráneo, una buena noticia para los ecologistas.

"Ya han sido detectados 1.100 nidos en el parque nacional marítimo de Zante (Mar Jónico) y otros 2.200 en el Golfo de Kyparissia (Mar Jónico)", explicó a Efe Panayiota Theodoru, responsable en temas de protección y de conservación de la Sociedad para la Protección de la Tortuga Marina Archelón, una organización no gubernamental activa desde 1983.

Aunque faltan datos para evaluar con certeza los factores que produjeron el incremento de nacimientos, Theodoru estima que el invierno corto, suave y con pocas lluvias es un factor importante.

"Detectamos el primer nido el 12 de mayo, lo que es inusualmente temprano", explica Theodoru.

En Grecia hay nueve lugares de desove que cubren 75 kilómetros de playas, en Zante, en la península del Peloponeso y en la isla de Creta.

Con excepción del parque nacional marino de Zante, donde hay un marco de protección preciso, los demás lugares de desove se rigen por las reglas generales de la red europea de zonas protegidas Natura 2000.

Aplicar las reglas de protección en estas zonas no es siempre fácil.

Por temor a que las restricciones bajen la afluencia del turismo, algunos propietarios de terrenos cercanos a la costa suelen protestar. Lo mismo ocurre con algunos pescadores, que ven a las tortugas marinas como una amenaza para sus ingresos.

Cada año se hallan alrededor de 600 tortugas marinas muertas, seis veces más que en los años 90, y decenas son rescatadas con heridas graves.

"La mayoría de las tortugas muertas tienen heridas en la cabeza, lo que demuestra que se trata de actos intencionados", explica a Efe Dimitris Fytilis, uno de los responsables del centro de rescate de Archelón.

Otras mueren atrapadas en las redes de pescadores o por ingerir bolsas de plástico que muchas tortugas confunden con medusas, parte integral de su alimentación.

El responsable del centro de rescate de Archelón no descarta que el incremento de los hallazgos de tortugas muertas sea también simplemente resultado de una mayor sensibilización de los ciudadanos, que avisan con más frecuencia al centro.

El año pasado el centro de rescate de Archelón asistió a 85 tortugas marinas heridas. "Un 30 % pereció y otro 25 % continúa en tratamiento. El resto se recuperó y pudo ser devuelto a su espacio natural", destaca Fytilis.

Desde Archelon se lamentan además de que incluso en el protegido parque nacional marino de Zante muchas de las empresas que trabajan en el turismo incumplen las reglas para la protección de tortugas.

"Hasta 2013 los permisos de instalación en la playa de empresas que alquilan sombrillas y hamacas a los bañistas los concedía la dirección del parque y las reglas se respetaban. Desde entonces, estos permisos los otorga el ayuntamiento que no ejerce ningún control", se queja Theodoru.

Similar es la actitud de las empresas que organizan visitas guiadas de observación de las especies protegidas del parque.

"Este tipo de actividad se permitió para incentivar la creación de empresas enfocadas en el respeto del medio ambiente. El resultado es que hay 350 embarcaciones que navegan por la zona sin respetar ninguna regla", lamenta Theodoru.

Los primeros decretos con medidas para la protección de la tortuga boba en Grecia datan de inicio de los años 80.

En aquel entonces las autoridades locales no mostraban ningún interés por velar por el respeto de las reglas, y los voluntarios de Archelón eran frecuentemente víctimas de agresiones por parte de propietarios de empresas turísticas situadas ilegalmente en las zonas de desove.

La situación empezó a mejorar a partir de los años 90, con el crecimiento del movimiento medioambiental en Grecia.

"Las cosas cambian. Cada año la gente se muestra más sensible a la protección de las tortugas. Incluso entre los propietarios de terrenos vecinos a las zonas de reproducción", dice Theodoru con cierto optimismo. EFE
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