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domingo 13 de agosto de 2017

El palanganerío político y los simios con navaja

Que Trump amenace a Venezuela con una "opción militar" es justamente la música que los oídos de Maduro ansiaban escuchar.

Parece que es la hora de los monos con navaja.

Nicolás Maduro sigue hundiendo a Venezuela en el fango de la dictadura más descarada, utilizando el nombre de la democracia en vano.

Donald Trump, ese badulaque payasesco e irresponsable, le hace el juego al sucesor de Chávez anunciado que Estados Unidos no descarta "una opción militar" en la tierra de Simón Bolívar.

Como en su país casi todo le viene saliendo para el traste, Trump ha encontrado la veta de jugar a la guerra con medio mundo exacerbando los bajos instintos políticos de su comarca.

Gracias, Donald
Que Trump amenace a Venezuela con sus bravatas intervencionistas es la música que los oídos de Maduro estaban esperando escuchar.

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Donald Trump.
Donald Trump.

Así Maduro puede pavonearse argumentado ante el mundo que el Imperio es el que está detrás de todos los males venezolanos.

Y no su propia inoperancia y sus corruptelas.

Además, es la frutilla necesaria para ajustar la represión contra la oposición dentro de Venezuela.

Parece chiste. No lo es
El viernes pasado Maduro propuso a la cuestionada Asamblea Constituyente que se conformó truchando votos que fije un castigo de 25 años de cárcel a quien proteste contra las políticas de su gobierno.
Esa es la respuesta "bolivariana" de Maduro para justificar su pésima administración.

Venezuela se hunde día a día en la decadencia económica y política más escandalosa a pesar de ser uno de los principales países petroleros del mundo.

Y el país de Trump es el principal comprador de petróleo venezolano.

¡Che, amarillo!
La comunidad de naciones democráticas debería advertirle al rubiote mandatario de Estados Unidos de que los tiempos vienen cambiando.

La potencia que dirige Trump ya no tiene todo el peso político ni la libertad de acción de la que solía aprovecharse para invadir países por las dudas o para fines no siempre confesables.

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Una cosa es la amenaza nuclear de Corea del Norte, país manejado por otro súper chiflado de temer como Kim Jong-un, un comunista sui generis que califica con honores para cualquier neuropsiquiátrico con pacientes de extremo cuidado.

Y otra cosa muy distinta es Venezuela.

Caracas no tiene ojivas nucleares ni está en condiciones de amenazar a nadie, salvo a los opositores antichavistas.

Bala ganada
A los antichavistas se les mete bala (sobre todo si son jóvenes) o les anulan el Poder Legislativo porque tienen mayoría lograda hace dos años en unos comicios que terminaron de convencer a Maduro de que la democracia y el chavismo no podían ir por la misma senda.

Maduro anuncia 25 años de cárcel para los que protestan porque necesita parar de alguna manera los cuatro meses consecutivos de protestas callejeras contra su administración.

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Traigame la cuenta
Lamentablemente la cuenta de todo ese estropicio la paga "el socialismo del siglo XXI", pues todo el palanganerío chavista se hace en nombre de él.

En otras partes del mundo el liberalismo y el socialismo republicano han coincidido en las cosas buenas de cada uno y han logrado hacer un mix interesante.

Pero en Venezuela no hay ni justicia independiente. La Corte está manejada desde el palacio presidencial de Miraflores.

El músculo más sensible
Sin embargo hay una cosa que sí parece haberles dolido.

Y es que Washington ha bloqueado las cuentas bancarias que 32 jerarcas chavistas tienen en ese país, incluido el presidente Nicolás Maduro.

A partir de ese golpe Maduro ha empezado a lanzar la idea de que él y Trump deben mantener una charla telefónica "a agenda abierta" donde puedan hablar sin tapujos.

En Estados Unidos ya han rechazado tal posibilidad mientras Venezuela no ofrezca indicios concretos de que Maduro está dispuesto a un diálogo con la oposición y a anular la fraudulenta Asamblea Constituyente.

Quién contesta
Pero, guarda al piojo, en este caso es el sistema político norteamericano el que está contestando y no el propio Trump, ya que si por él fuera se vestiría como John Wayne y les metería balas a cuanto comanche se le ponga adelante.

Como por arte de magia Maduro también ha pedido en las últimas horas restaurar el diálogo que está roto con los mandatarios latinoamericanos.

Y ha sugerido la realización de una cumbre "donde si hay que quedarse dos días encerrados hablando de tú a tú, lo hagamos".

Pero al mismo tiempo se sigue mofando de los mandatarios que no apoyan sus delirios. Al liberal Pablo Kuczynski, de Perú, lo llama "el presidente norteamericano de Perú", y a Mauricio Macri lo menciona como "jefe del gobierno oligarca de Argentina".

Entretanto la Argentina ni siquiera ha nombrado a nadie para remplazar a Martín Lousteau en la Embajada de los Estados Unidos.

Fin y telón
En medio de todos estos avatares, ahí sigue a los tumbos la pobre Venezuela, un país donde ni siquiera el papa Francisco logró meter baza.

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Y sigue con una de las inflaciones más altas del mundo, con una tasa de criminalidad que da pavor, con una ausencia creciente de bienes, servicios y alimentos, con las libertades cívicas pisoteadas, y con una diáspora de venezolanos que huyen hacia otros países en busca de cosas más humanas que la supuesta "revolución bolivariana".

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