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jueves 07 de abril de 2016

Cumplió su sueño: ver al Papa antes de quedar ciega

Lizzy tiene apenas 6 años y sufre una enfermedad genética que pronto hará que pierda la audición y la vista.

El papa Francisco cumplió en el Vaticano el deseo de la pequeña Lizzy, una estadounidense de 6 años, quien está por quedar ciega debido a una enfermedad genética. Acompañada por sus padres, Steve y Christine, y su hermana pequeña Kayla, Lizzy, que estaba sentada en las primeras filas de la plaza de San Pedro, pudo hablar y abrazar al pontífice, un pedido que hizo antes de que pierda definitivamente la vista.

En un encuentro muy emotivo, Francisco bendijo durante unos minutos los ojos de la niña, le acarició la cara, le regaló un rosario y le dijo que rezará por su familia. Ella –con un hermoso vestido a rayas y una muñeca en sus manos– le obsequió a Jorge Bergoglio "un pequeño meteorito", dijeron los padres en una rueda de prensa.

Elizabeth Myers, Lizzy, vive en Belleville, Ohio, y sufre el síndrome de Usher, un trastorno genético poco común que combina la pérdida auditiva parcial al nacer y la pérdida gradual de la visión en la infancia.
Al enterarse de este dramático caso, una compañía aérea turca ofreció cuatro pasajes para la familia a cualquier lugar del mundo, y el matrimonio Myers decidió viajar a Roma para conocer al Pontífice argentino.

"Su deseo era poder ver, al menos una vez en la vida, al Santo Padre", afirmaron sus familiares en la base de la escalinata de la plaza vaticana. Antes de conocer a Francisco, la niña pudo recorrer durante una semana los principales puntos de la Ciudad Eterna, incluido el Coliseo.

La niña quedó sorprendida por la personalidad del Papa, tan sincera y cariñosa con los niños. Las imágenes que muestra la prensa extranjera pueden dar cuenta del momento de conexión que tuvieron al quedar unidos por sus rostros.

Los padres de la niña –ambos católicos– decidieron aprovechar la visita a Italia para mostrarle importantes obras de arte así como monumentos históricos de manera que queden grabados en su memoria.

Campaña solidaria
"Hemos querido ayudar a una niña que nunca más tendrá la posibilidad de ver el mundo", declaró el benefactor turco de Lizzy, el presidente de la compañía aérea Tuncay Eminoglu, que supo el verano pasado de la historia gracias a una serie de artículos publicados en la prensa norteamericana.

El pronóstico de los médicos es drástico: a Lizzy, después del diagnóstico de la enfermedad, ocurrido en 2014, le quedan entre cinco y siete años para poder gozar de las maravillas terrenales. Por eso la valiente carrera contra el tiempo del matrimonio Myers, que quiere por sobre todas las cosas imprimir en la memoria la mayor cantidad de imágenes y emociones posibles en previsión de la sordera y de la ceguera que la esperan.

La campaña solidaria para hacerla viajar a Roma, entre otras cosas, no se detuvo en el pasaje aéreo. La Unitalsi (Unión Italiana para el Transporte de Enfermos) de la capital se puso a disposición de la familia durante su estadía en Roma y la acompañó al Vaticano. La hospitalidad, en cambio, fue ofrecida por el Appia Antica Resort.

"Una historia conmovedora –explicó Emanuele Trancalini, presidente de la Unitalsi– que nos implicó también emotivamente. Pusimos a disposición de la familia Myers nuestros medios para la reunión con el Pontífice y para hacer comprender a los padres de Lizzy que no están solos en la batalla contra esta terrible enfermedad".
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