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sábado 26 de marzo de 2016

Cómo mantienen los viejos autos cubanos

Chevrolet, Ford, Cadillac, Oldsmobile y Buick son algunas de las marcas de los años ´50 que llenan las calles habaneras de humo y ronquidos.

Los autos antiguos, que llegaron a Cuba antes del triunfo de la Revolución y surcan constantemente las calles de La Habana, algunos bien acondicionados para trabajar con el turismo y otros realmente destartalados, son un prodigio de creatividad de sus dueños que los mantienen funcionando con repuestos que pueden provenir del mercado negro, de compras en el exterior o simplemente de la elaboración casera.

Chevrolet, Ford, Cadillac, Oldsmobile y Buick son algunas de las marcas de los años ´50 que llenan las calles habaneras de humo y ronquidos de sus motores gasoleros, en su mayoría adaptados de marcas modernas, que fueron instalados con un plan del Estado para preservar ese parque automotor que le da identidad a la isla.

El elogio a la creatividad de los cubanos "capaces de inventar el agua", que hizo el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en su discurso al pueblo que pronunció el martes de esta semana, en su último día de visita, se cumple a rajatablas en toda la sociedad de la isla y salta a la vista con estos autos que desafían el paso del tiempo.

"Acá el que tiene uno de estos carros aprende a hacerlo funcionar como sea, porque el mecánico es caro y cuando se rompe hay que hacerlo andar uno mismo para seguir trabajando", explicó Abel, que heredó de su familia un viejo y destartalado Rambler Ambassador, del que queda poco más de original que la carrocería.

Cuando se rompe una pieza hay recurrir a otra que pueda comprarse, pedirlo a un pariente que viva en los EEUU -es muy común que los tengan- o recurrir a un comisionista que traiga el repuesto del mercado estadounidense o el mexicano. Como estas opciones demoran un tiempo que los que usan el auto para ganar la jornada diaria no pueden esperar, otra opción es abocarse a fabricar el repuesto o adaptarlo de otro similar que se encuentre en el mercado negro.

Al taller se va cuando no queda más remedio que tornear o fresar una pieza, y el ajuste se hace con paciencia y trabajo con limas. La pintura y el lustrado son lujos reservados a los autos que se dedican a trabajar con el turismo, generalmente viejos descapotables que cobran en CUC (la moneda convertible que equivale al dólar) y que recorren el malecón tocando la bocina para que los pasajeros observen los edificios art decó y sientan que ingresaron en el túnel del tiempo.

Pero los más precarios, que generalmente circulan por la periferia de la ciudad, son los que toman los locales, porque reciben pesos cubanos. No tienen aire acondicionado, les faltan los manómetros de los paneles y las manivelas de las puertas y tienen volantes de otros autos, más modernos, lo mismo que los motores.

La gente les hace seña aunque vengan con pasajeros y buscan el que vaya cerca de su destino. Suelen llevar hasta siete personas, de acuerdo a la capacidad interior.

Cuando suben a un turista, sobre todo si éste está apurado y hay lugar, el chofer pregunta si quiere que ir más cómodo, para lo cual hay que pagar por el resto de los asientos, y naturalmente la moneda de pago es el CUC.

Otra característica es que estos autos tienen equipos de audio bastante modernos, en los que constantemente suena música caribeña o romántica del pop latino.

Aunque estén destartalados no están exentos de pagar la licencia al Estado, claro que no los mismos montos que otros taxis modernos, que pueden llegar a pagar hasta 150 CUC semanales. "Yo pago unos mil CUC al año", informó Demi, chofer de un Buick en estado bastante calamitoso, herencia de la familia de su mujer.

"Hay que buscarse la vida, amigo. Si este carro no funciona, yo no como. Hace unos años el Estado hizo el plan para cambiar los viejos motores, que ya no daban más y no los podíamos sostener porque eran motores grandes que gastaban mucha gasolina. Todos nos pasamos al petróleo (gas oil) y con esto vamos tirando, como hacemos siempre los cubanos", sintetizó Isamel, un habanero de tono muy cerrado y amable como la mayoría de los cubanos.

Fuente: Télam

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