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sábado 09 de septiembre de 2017

Cataluña, entre la euforia y la crispación

Así se viven los preparativos del referéndum sobre la independencia que los dirigentes catalanes convocaron para el 1 de octubre, el cual fue considerado anticonstitucional por Madrid.

"Es un sueño hecho realidad", exclama con júbilo Eudald Calvo. El alcalde, de 31 años, está metido de lleno en los preparativos del referéndum sobre la independencia que los dirigentes de Cataluña convocaron para el 1 de octubre, considerado anticonstitucional por Madrid.
El joven envió sin dudarlo la lista, solicitada por el Gobierno regional, de los colegios electorales del coqueto pueblo de Argentona, ubicado entre las colinas y el mar, a unos 30 km al noreste de Barcelona.

Cuatro escuelas y dos salas municipales se acondicionarán el 1 de octubre para que los 12.000 habitantes de la localidad puedan votar, algunos de los cuales ya han colocado una pancarta con la palabra "Sí" en el balcón.

Ese es precisamente el escenario que quiere evitar a cualquier precio el Gobierno español, que advirtió a los ediles que podrían abrirse diligencias contra ellos, incluyendo penales.

"Veo un poco difícil pensar que nos envíen todos a la cárcel", afirma el concejal de la CUP (izquierda radical separatista).

"Retomaré mi trabajo de economista", asegura sonriendo, en el supuesto de que le prohibieran presentarse de nuevo a cualquier cargo público.

Eudald Calvo espera una fuerte participación en su localidad.

Él votará junto a sus numerosos tíos, tías y primos, que se volvieron independentistas estos últimos años ante el rechazo de Madrid a conceder más autonomía a la región.

En cambio, a diez minutos en coche de allí, el 1 de octubre se presenta como una pesadilla para el alcalde socialista de Mataró, una ciudad de 120.000 habitantes, que se niega a entregarle la lista de colegios electorales a los independentistas.

"Cuando fui elegido, mi promesa era de cumplir la ley. Eso es lo que tengo que hacer", recalca David Bote Paz, de 35 años, en alusión a la Constitución española.

De barba negra y gafas rojas, el alcalde, muy crispado, encadena los encuentros con la prensa: es uno de los pocos alcaldes de la región en haber manifestado formalmente su rechazo al referéndum.

De los 948 municipios de Cataluña, 674, principalmente pequeños, se han comprometido a organizar la consulta. Pero solo tres de las diez ciudades más pobladas han aceptado de momento.

Las leyes no son inamovibles

Ante la inminencia de la fecha, la presión crece sobre el primer edil de Mataró. Su teléfono está lleno de mensajes, "de unos y de otros" (pro y anti-referéndum), afirma, mientras que la rebelión aumenta entre los concejales independentistas del Ayuntamiento.

La víspera, un grupo de ciudadanos se manifestó ante el cabildo para poder votar. El alcalde niega estar actuando en contra de la democracia, de lo que le acusan: las leyes españolas en vigor "han sido salidadas por votación", así que hay que respetarlas, recalca.

Pero "las leyes no son inamovibles, van caminando, más despacio (...) que la propia sociedad", replica Joaquim Tremoleda, sentado en su sillón de alcalde de Lladó, un pueblo de 800 habitantes, 120 km más al norte. Con los Pirineos en el horizonte, esta zona rural es una de las más independentistas de Cataluña.

El referéndum se celebrará en el único colegio electoral del pueblo, junto a la iglesia, de la que ondea la bandera independentista catalana de rayas rojas y amarillas, con una estrella blanca sobre fondo azul en un extremo.

"El simple hecho de poder poner las urnas" es ya un paso importante, afirma.

Pero, si la policía acude a confiscarlas, "no quiero un enfrentamiento", asegura, aunque no cree que vaya a haber violencia.

"Si esa acción [el referéndum] resulta abortada, habrá más reacciones" a favor de la independencia, advierte Tremoleda, arqueológo de unos 50 años y con poca experiencia en política.

Aun así, no todos los alcaldes se han decidido todavía sobre si organizar la consulta o no, ni siquera los que simpatizan con la causa catalana, ya sea por el dilema político o por no tener ninguna carrera alternativa a la política en caso de que ser inhabilitados.

"Cerca de aquí, hay un alcalde [de un partido independentista] que no sabe todavía. Él dice bueno, yo vivo del Ayuntamiento", suelta Tremoleda. La AFP intentó contactar con ese alcalde, que no respondió a las llamadas.

Y la más poderosa de todas, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, de izquierdas, vacila. Pese a ser favorable a la consulta, consideró que faltan "garantías" que permitan al conjunto de los catalanes votar en este debate crucial, y que existe el riesgo de dejar de lado "a media Cataluña". Además, indicó que quería proteger a los funcionarios municipales ante cualquier posible denuncia.

La participación en su ciudad, de 1,6 millones de habitantes, menos pro-independencia que las zonas rurales, será clave para la credibilidad del referéndum.
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