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viernes 18 de marzo de 2016

Bunka, la escuela que revolucionó la moda en Japón

Emplazado en el corazón de un barrio de negocios tokiota el edificio es una cita obligada para los que aspiran a tener algo que decir en este sector en Japón.

Nacida hace casi un siglo en Japón, la escuela de enseñanza superior Bunka Fashion College de Tokio, alma máter de grandes diseñadores nipones, introdujo de pleno la moda occidental en el país y revolucionó la vestimenta y las costumbres sociales de las japonesas.

Emplazado en el corazón de un barrio de negocios tokiota, nada en el gigantesco inmueble modernista de cemento que alberga la escuela Bunka evoca el mundo de la alta costura y, sin embargo, es una cita obligada para los que aspiran a tener algo que decir en este sector en Japón.

Los alumnos, la mayoría jóvenes de aire enérgico cuya indumentaria inevitablemente hace girar el cuello, no hacen nada para camuflarse entre la masa de asalariados uniformados con traje negro y camisa blanca que invaden las aceras del barrio en hora punta.

"Estamos acostumbradas a desentonar", admite Erika Yoshino, de 21 años, que destaca con sus plataformas de 15 centímetros. "Si ves por aquí a alguien vestido a la moda, puedes estar seguro de que es de Bunka", explica a la AFP.

La moda nipona se asocia actualmente con grandes nombres (todos ellos diplomados de Bunka) como Yohji Yamamoto o Kenzo Takada, que apuestan por el estilo occidental. Pero cuando Isaburo Namiki creó en 1923 esta primera escuela de confección, el kimono tenía el monopolio casi exclusivo del guardarropa femenino en Japón.

"La vestimenta de estilo occidental no era fácil de encontrar y cuando lograbas encontrar un vestido, no siempre se ajustaba a la fisonomía de la mujer japonesa", explica Samuel Thomas, profesor de la universidad Bunka Gakuen, asociada al Bunka College.

"Una nueva forma de presentar el cuerpo, que ya no estaba oprimido por la pesada tela del kimono ganando movilidad, permitió a las mujeres redefinirse", y estas buscaron ante todo aprender a coser su propia ropa, dice Thomas. A partir de entonces, otras escuelas florecieron en Japón.

"Tras el fin de la guerra, el número de estudiantes aumentó. Mujeres que habían perdido a sus maridos durante el conflicto pensaron que aprender a fabricar sus propias prendas les ayudaría a cubrir sus necesidades", explica Izumi Miyachi, directora adjunta del diario Yomiuri Shimbun.

Entre las primeras estudiantes se encontraba Fumi Yamamoto, una joven viuda de guerra, que abrió una tienda de confección en Tokio tras salir de Bunka con su diploma bajo el brazo.

Tres hermanas conquistan el mundo

En 1955, Japón contaba con 2.700 escuelas de costura; solo ocho años antes solo había 400, explica Miyachi.

La vestimenta occidental pasó a estar de moda y apareció una nueva generación de estilistas. Muchos eran hijos de costureras como Yohji Yamamoto, vástago de Fumi Yamamoto, o las hermanas Koshino (Hiroko, Junko y Michiko) cuya madre, Ayako tenía una tienda de costura en las afueras de Osaka.

"Por cada centenar de estudiantes chicas, había cinco chicos. Ellas eran quienes jugaban un rol más activo", contó a la AFP Hiroko Koshino durante la semana de la moda de Tokio.

Tras los inicios de Kenzo Takada en Nueva York, Hiroko Koshino se hizo célebre al convertirse en la primera estilista japonesa presente en la Alta Moda de Roma en 1978.

Su hermana Junko comenzó el mismo año una colección en París, mientras que la marca de la Koshino más joven, Michico, logró hacer furor en las discotecas londinenses de los años ochenta.

Décadas más tarde, las tres hermanas y la hija de Hiroko tienen sus propias marcas y son responsables de empresas presentes en el mundo entero, un fenómeno raro en una sociedad como la nipona, eminentemente falocrática.
Fuente: Noticias Argentinas

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